Confidencialidad del terapeuta: lo que los terapeutas deben comunicar
La confidencialidad es una parte esencial de la terapia: permite hablar de pensamientos, emociones y experiencias personales en un entorno seguro. Aunque la información compartida suele estar protegida, existen excepciones limitadas cuando hay un riesgo grave e inmediato para la persona atendida o para terceros, así como en determinados casos de abuso o delitos. Las obligaciones concretas dependen de la legislación aplicable.
Cuándo puede romperse la confidencialidad
Por regla general, el profesional debe proteger la información que recibe durante la terapia. Romper la confidencialidad significa comunicar a un tercero únicamente los datos protegidos imprescindibles, que podrían llegar a un familiar, a los servicios de protección de menores o a las fuerzas de seguridad.
Las excepciones más habituales se relacionan con:
- Un peligro grave para la propia persona.
- Una amenaza seria contra otra persona o grupo identificable.
- El abuso o la negligencia de menores.
- El abuso o la negligencia de personas mayores, dependientes o especialmente vulnerables.
- Un delito actual o previsto que pueda poner en peligro la seguridad de otras personas.
Las normas varían según el país, la región y las circunstancias concretas. Por ello, el terapeuta suele explicar al inicio del tratamiento cuáles son los límites legales y éticos de la confidencialidad.
¿Deben los terapeutas informar sobre pensamientos suicidas?
Hablar de autolesiones o de suicidio no implica automáticamente que el profesional vaya a avisar a la policía o a ingresar a la persona en un hospital. Los terapeutas están formados para valorar cuidadosamente el nivel de riesgo. Si consideran que el peligro es bajo, la conversación normalmente permanece protegida.
Por ejemplo, una frase como «a veces pienso que estaría mejor muerto» requiere explorar la frecuencia, la intensidad, la intención, la existencia de un plan y el acceso a medios peligrosos. A partir de esa evaluación, terapeuta y paciente pueden elaborar un plan de seguridad.
Qué puede incluir un plan de seguridad
- Reconocer las señales o pensamientos asociados al riesgo suicida.
- Utilizar estrategias de afrontamiento que no requieran contactar con otra persona, como pasear o escuchar música.
- Acercarse a alguien con quien resulte agradable estar.
- Pedir ayuda concreta a un familiar o amigo, por ejemplo mediante comprobaciones periódicas.
- Contactar con un profesional, un servicio de urgencias o un recurso de atención inmediata.
Si el riesgo parece elevado o inminente, el profesional puede tener la obligación de actuar para facilitar un nivel de atención más intensivo y proteger la seguridad de la persona. La respuesta dependerá de la valoración clínica, de la legislación y de los recursos disponibles.
¿Qué ocurre si existe una amenaza contra otras personas?
Si alguien comunica que pretende hacer daño a una persona o a un grupo concreto y la amenaza parece seria e inminente, el terapeuta puede estar obligado a informar a las fuerzas de seguridad, avisar a la persona amenazada o realizar ambas acciones.
La obligación no suele basarse únicamente en la presencia de enfado o fantasías violentas. Se valoran aspectos como la concreción de la amenaza, la intención, la planificación, el acceso a medios y la probabilidad de que se produzca.
Confidencialidad y violencia doméstica
Cuando una persona menor de edad sufre abuso físico, sexual o emocional, o negligencia, el profesional suele tener la obligación legal de informar a los servicios de protección correspondientes. En muchos lugares, esta obligación también se aplica cuando la víctima es una persona mayor, dependiente o especialmente vulnerable.
La violencia entre dos personas adultas, incluidas las parejas o cónyuges, se regula de forma más compleja. En numerosas jurisdicciones no existe una obligación automática de denunciar cada agresión. En esos casos, el terapeuta puede centrarse en ayudar a la persona afectada a valorar sus opciones y elaborar un plan para aumentar su seguridad.
¿Puede un terapeuta informar sobre delitos?
La respuesta depende de si el delito ocurrió en el pasado, está sucediendo en ese momento o se planea cometer en el futuro.
- Delitos pasados: en muchos casos, una confesión sobre un hecho ya ocurrido permanece protegida por la confidencialidad. Por ejemplo, explicar que se robó un objeto el año anterior normalmente no obliga a informar.
- Delitos actuales o futuros: si la persona expresa su intención de cometer un acto que puede poner en peligro de forma inmediata a otras personas, el profesional puede estar obligado a comunicarlo.
No existe una respuesta única para todas las situaciones. La gravedad del delito, el riesgo para terceros y las leyes aplicables influyen en la decisión.
Qué protege la confidencialidad terapéutica
La confidencialidad permite compartir información íntima con la expectativa de que no saldrá del espacio terapéutico. Aun así, puede haber límites cuando es necesario prevenir un daño grave o cuando la ley exige comunicar determinados hechos.
En términos generales, las excepciones pueden incluir:
- Una intención suicida planificada o un riesgo inminente de autolesión.
- Violencia planificada contra otras personas.
- Abuso infantil pasado, actual o previsto, según la legislación.
- Abuso de personas mayores o dependientes.
En Estados Unidos, la protección de la información sanitaria se relaciona, entre otras normas, con la Health Insurance Portability and Accountability Act, conocida como HIPAA. Esta ley establece un nivel mínimo de protección, aunque algunos estados cuentan con normas más estrictas. La normativa profesional también suele exigir que se informe a los pacientes sobre los límites de la confidencialidad.
Principios profesionales habituales
- Proteger la información confidencial y adoptar precauciones razonables para evitar su divulgación.
- Explicar al paciente los límites de la confidencialidad al comenzar la terapia.
- Solicitar permiso antes de grabar una sesión o cualquier parte de ella.
- Incluir en los informes solo la información necesaria, para reducir la intrusión en la privacidad.
- Comunicar información confidencial con autorización del paciente o cuando la ley lo exija.
- Evitar que las conversaciones profesionales permitan identificar al paciente sin su consentimiento previo.
- No divulgar en publicaciones, conferencias u otros medios información confidencial o identificable.
Un equilibrio entre privacidad y seguridad
La terapia funciona mejor cuando la persona siente que puede hablar con libertad y sin temor a consecuencias automáticas. Por eso, los profesionales suelen preservar la confidencialidad en casi todas las circunstancias. Cuando existe un peligro grave para el paciente o para otras personas, pueden tener que compartir la información mínima necesaria para proteger la seguridad, de acuerdo con la ley y con los principios éticos.
Vídeo sobre Confidencialidad del terapeuta: lo que los terapeutas deben comunicar
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.