Psicología Vera PSICOLOGIAVERA
Abrir menú

Coparentalidad: una guía práctica para una buena salud mental

Fuente

El divorcio pone fin a la relación de pareja, pero no a la responsabilidad compartida de criar a los hijos. La forma en que ambos progenitores se comuniquen, tomen decisiones y gestionen los conflictos puede influir en el bienestar emocional y social de los menores. La cooperación, el respeto, los límites claros y una planificación estable ayudan a afrontar mejor la vida entre dos hogares.

Qué significa coparentalidad

La coparentalidad consiste en compartir las decisiones y las responsabilidades relacionadas con el cuidado de los hijos. Aunque los progenitores vivan separados, o hayan iniciado nuevas relaciones, siguen siendo compañeros en la tarea de criar.

Este concepto puede incluir acuerdos sobre el tiempo que los menores pasan con cada progenitor, su escolarización, las vacaciones, la salud, el uso del teléfono móvil y otros dispositivos, las actividades extraescolares o la preparación de solicitudes para la universidad.

En definitiva, implica tomar decisiones de forma coordinada teniendo en cuenta las necesidades y el interés superior del niño o adolescente.

Retos habituales después del divorcio

Tras una separación, los hijos suelen adaptarse a cambios importantes, como alternar su tiempo entre dos domicilios, modificar sus rutinas o relacionarse con nuevas parejas y familias extensas. Estos cambios pueden resultar más llevaderos cuando los adultos colaboran, incluso si mantienen desacuerdos personales.

Una investigación de 2022 sobre las experiencias de terapeutas con familias que afrontaban situaciones de coparentalidad de alta conflictividad identificó varios aspectos importantes:

  • Reconocer la importancia del papel de ambos progenitores en la vida de los hijos.
  • Invertir conjuntamente en aquello que favorece el bienestar de los menores.
  • Abordar los conflictos de manera compartida, sin colocar a los hijos en el centro.
  • Buscar cierto grado de recuperación emocional y tranquilidad después de la separación.

También puede ser necesario establecer límites claros para que la comunicación y la colaboración no se conviertan en una fuente constante de tensión.

¿Es posible organizar la coparentalidad sin una resolución judicial?

Las normas sobre custodia, convivencia y responsabilidad parental dependen del país y de las circunstancias de cada familia. En algunos casos, los progenitores pueden elaborar de mutuo acuerdo un plan de parentalidad sin necesidad de iniciar un procedimiento contencioso, aunque conviene informarse sobre los requisitos legales aplicables.

Ese plan puede concretar:

  • Cuánto tiempo pasará el menor con cada progenitor.
  • Cómo se organizarán los fines de semana, las vacaciones y los días festivos.
  • Qué ocurrirá durante las visitas a familiares o los viajes.
  • Cómo se compartirán la información escolar, médica y administrativa.
  • Cómo se gestionarán los cambios de horario o las situaciones excepcionales.

Cuando los acuerdos no se cumplen o aparecen dificultades relacionadas con nuevas parejas y cambios familiares, algunas familias recurren a la mediación o al arbitraje familiar, según las opciones disponibles en su lugar de residencia. Estos recursos pueden ayudar a reducir la confrontación, aunque no sustituyen el asesoramiento jurídico cuando existen cuestiones legales relevantes.

Estilos de coparentalidad

Coparentalidad cooperativa

Un estilo cooperativo, respetuoso y comunicativo suele ayudar a reducir el impacto del divorcio en los hijos. Se caracteriza por la capacidad de negociar, compartir información y tomar decisiones sin descalificar al otro progenitor.

Coparentalidad paralela

Cuando la relación es muy hostil, tóxica o conflictiva, puede ser más realista recurrir a una coparentalidad paralela. En este modelo, cada progenitor mantiene una interacción limitada con el otro y se ocupa del hijo durante su propio tiempo, siguiendo acuerdos previamente definidos.

La coparentalidad paralela no significa que los progenitores dejen de compartir responsabilidades. Supone reducir el contacto directo y estructurarlo para evitar discusiones innecesarias y proteger a los menores de la tensión.

Cuatro patrones observados en adolescentes

Un estudio de 2021 preguntó a 251 adolescentes neerlandeses de familias divorciadas por su percepción de la relación entre sus progenitores. Se evaluaron aspectos como el respeto mutuo, el nivel de conflicto, la calidad de la comunicación y la sensación de quedar atrapados en medio de los problemas adultos, conocida como triangulación.

A partir de sus respuestas se identificaron cuatro estilos principales:

  • Cooperativo: pocas discusiones, frecuentes acuerdos, respeto mutuo, comunicación elevada y escasa sensación de estar en medio. Los progenitores asumen que seguirán siendo padres durante toda la vida.
  • Negativamente implicado: existe mucho conflicto, aunque no siempre falta el respeto, y la comunicación puede mantenerse relativamente activa.
  • Negativamente desvinculado: hay numerosos conflictos, poco respeto mutuo y una comunicación escasa o inexistente.
  • Promedio: combina periodos de cooperación con momentos de conflicto.

Por qué es importante una coparentalidad positiva

La investigación de 2022 señaló que los estilos poco cooperativos pueden contribuir al malestar interno y externo de los adolescentes.

El malestar interno puede incluir:

  • Ansiedad.
  • Depresión.

El malestar externo puede manifestarse mediante:

  • Agresividad.
  • Conductas delictivas o problemas de conducta.

Una revisión sistemática de 2015, que analizó 11 artículos seleccionados entre 933 trabajos examinados, llegó a una conclusión similar: el conflicto intenso y la falta de respeto entre los progenitores se relacionaban con dificultades emocionales y conductuales en los hijos.

Por el contrario, una coparentalidad cooperativa se asoció con efectos positivos en la salud mental de los adolescentes, como:

  • Mayor autoestima.
  • Menores niveles de agresividad.
  • Menor implicación en conductas delictivas.

Claves para organizar la vida familiar tras el divorcio

Qué puede ayudar

  • Mantener una comunicación abierta y centrada en las necesidades de los hijos.
  • Elaborar un plan de parentalidad claro y realista.
  • Organizar con antelación los cambios de domicilio, los desplazamientos y las actividades extraescolares.
  • Compartir la información necesaria sobre horarios, salud, estudios y otras cuestiones importantes.
  • Utilizar un tono respetuoso siempre que sea posible.
  • Hablar con los hijos y escuchar activamente sus preocupaciones.
  • Informarles con antelación de dónde estarán durante los fines de semana, las vacaciones y los días festivos.
  • Ofrecer una explicación conjunta, sencilla y adecuada a su edad sobre el divorcio, sin entrar en detalles que puedan perjudicarles.
  • Transmitir que se valoran las cualidades positivas del otro progenitor.
  • Acordar cómo y cuándo se les comunicarán las nuevas relaciones sentimentales.

Qué conviene evitar

  • Esperar que la relación con el ex cónyuge quede completamente libre de conflictos.
  • Descalificar al otro progenitor o culparse continuamente por errores humanos.
  • Compartir con los hijos información íntima, detalles legales o problemas que corresponden a los adultos.
  • Permitir límites confusos o una disponibilidad constante entre ambos progenitores.
  • Utilizar a los hijos como mensajeros o pedirles que tomen partido.
  • Retrasar la búsqueda de apoyo psicológico cuando las emociones o los problemas con el ex cónyuge dificulten gravemente la colaboración.

Una encuesta en línea realizada en 2019 con 430 progenitores en proceso de divorcio observó que, cuando faltaban habilidades de crianza positiva, como una buena comunicación, la alianza parental seguía siendo débil tanto si había conflictos frecuentes como si no los había. Por eso, puede ser más útil centrarse en las propias conductas y en las habilidades que pueden desarrollarse que intentar eliminar por completo cualquier desacuerdo.

La importancia de los límites y del apoyo

Establecer límites concretos puede reducir los malentendidos. Algunas familias, por ejemplo, utilizan un canal específico para hablar únicamente de cuestiones relacionadas con los hijos, como una dirección de correo electrónico o una aplicación de organización familiar.

Los límites también pueden incluir horarios para comunicarse, normas sobre los cambios de última hora y acuerdos acerca de qué información se comparte. Cuando la tensión resulta difícil de manejar, la mediación, la orientación familiar o la psicoterapia pueden ofrecer un espacio estructurado de apoyo.

El divorcio puede significar el final de una relación de pareja y el inicio de una etapa con mayor autonomía, pero la relación de coparentalidad continúa. Aunque no siempre sea sencilla, construir una colaboración suficientemente respetuosa y estable puede ayudar a que los hijos se adapten a sus dos hogares con mayor seguridad.

Bibliografía

Autor

Autor Isaac Andrade Isaac Andrade Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar. Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.