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Empatía en el trabajo: Mantener la calma cuando la conversación se calienta

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Muchos destacan la notable calma de la jueza Ketanji Brown Jackson durante una audiencia de confirmación intensa; esa serenidad, cultivada a lo largo de décadas, no es fácil de sostener. En entornos laborales y personales, el estrés puede desbordar la adrenalina y afectar nuestro pensamiento complejo y la toma de decisiones. Aprender a gestionar las emociones en conversaciones difíciles ayuda a mantener la profesionalidad y a obtener información valiosa.

Qué dificulta mantener la calma durante una conversación tensa

Cuando el estrés aparece, ocurren respuestas automáticas. Un repentino aumento de adrenalina eleva el pulso y puede generar ansiedad. Las áreas del cerebro responsables del pensamiento complejo y de la toma de decisiones se atenúan ligeramente, ya que la respuesta está diseñada para la protección física. A veces, esta reacción es útil ante una amenaza, pero puede dificultar una conversación con un jefe o un compañero.

la gente tiende a ser empática por naturaleza. A menudo sentimos parte de las emociones de las personas con las que interactuamos o incluso de las que vemos. Por ejemplo, si observo a alguien enfadado, puedo experimentar cierto malestar, y esa tensión puede activar mi respuesta de estrés, afectando mi claridad mental y mi capacidad de pensar con precisión.

La importancia de mantener la calma

Para muchas personas, perder el control provoca vergüenza. En el trabajo, no es deseable ni profesional expresar ira o comentarios poco pensados. La dificultad para mantener el equilibrio emocional puede afectar el rendimiento y dificultar que otros reciban ayuda. Por ejemplo, si alguien se siente ofendido por referirse a un vecino como “loco” y la persona que escucha vive con depresión o tiene familiares con esquizofrenia y trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), la conversación puede volverse más tensa y menos productiva.

La persona que escucha puede experimentar emociones como vergüenza, defensa, enfado, malentendido o frustración, o quizá todas a la vez. Sus manos pueden temblar o puede apretar el lápiz; “Eso no era para nada lo que quería decir” o “No me estabas escuchando” pueden aparecer de forma impulsiva. Reacciones impulsivas y defensivas suelen dificultar que el otro se sienta escuchado y que surja una solución.

Cómo gestionar tu propia respuesta

Respirar de forma consciente

Cuando la conversación se calienta, una medida sencilla es recordar respirar. Tomar una inhalación lenta por la nariz y una exhalación por la boca ayuda a mejorar la función cerebral y a calmar el sistema nervioso. Una técnica útil es la respiración en cuadro (box breathing): imagina un cuadrado y sigue estos pasos: inhala 4, mantén 4, exhala 4, mantén 4; repite aproximadamente 5 minutos o hasta sentirte cómodo. Puedes escribir la palabra “Respira” en la parte superior de tu cuaderno para recordarlo.

Nombrar la emoción

Detectar y reconocer la emoción que sientes puede ayudarte a sentir más control. A veces se expresa así: “Mi respiración se acelera; probablemente estoy tenso porque es una conversación difícil.” “Me siento triste por lo que está pasando.”

Activar los sentidos y enraizarse en el presente

Concentrarte de forma consciente en lo que ves, hueles, tocas, saboreas o escuchas ayuda a situarte en el momento. En una conversación difícil, prueba observar aspectos del entorno, como los colores de lo que te rodea, el aroma de la habitación o la textura de la mesa frente a ti. Algunas personas emplean la técnica de anclaje 5-4-3-2-1: 5 cosas que ves, 4 que tocas, 3 que oyes, 2 que hueles y 1 que saboreas.

Escucha activa (ser como un “reportero”)

Lo que dice la otra persona puede resultar perturbador o atacarte. En lugar de defenderte de inmediato, escucha para entender su punto de vista. Una idea útil es imaginar que eres un reportero cuyo trabajo es reconstruir con precisión lo que se dice, lo que te obliga a concentrarte y a evitar malinterpretaciones.

Tomarte un descanso

Recuerda que a veces es necesario apartarte. Si te sientes abrumado, di algo como: “Gracias por compartir esto. Quiero escucharlo con atención, pero necesito un minuto para asimilarlo. Hablamos más tarde.” Así demuestras respeto y te das tiempo para responder con más calma.

Concluir la conversación de forma respetuosa

Es natural experimentar respuestas emocionales ante conversaciones difíciles, pero aprender a gestionar las emociones de forma saludable ayuda a mantener la presencia, apoyar a quien busca ayuda y asegurar que se obtenga la información necesaria para avanzar de modo adecuado.

Vídeo sobre Empatía en el trabajo: Mantener la calma cuando la conversación se calienta

Bibliografía

Autor

Autor Isaac Andrade Isaac Andrade Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar. Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.