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¿Es el veganismo un trastorno mental?

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En 1909, el neurocientífico Charles Loomis Dana acuñó el término zoophilpsychosis para describir una supuesta psicosis distinta, marcada por una preocupación desmesurada por los animales. A lo largo del siglo, la etiqueta sirvió para deslegitimar la oposición a la experimentación animal y, en años recientes, para vincular vegetarismo o veganismo con riesgos de salud mental. Este artículo propone analizar críticamente esas asociaciones y defender elecciones morales responsables.

Orígenes históricos y contexto de la discusión

El término zoophilpsychosis surgió en un periodo de intenso debate sobre la vivisección. Dana y sus colegas, activos en laboratorios, utilizaron la etiqueta para describir a quienes se oponían, con el argumento de que su preocupación por los animales indicaba una frialdad hacia los humanos. Este marco favoreció la estigmatización de la oposición y la polarización de la discusión científica y ética.

Patologización y críticas a las investigaciones

A lo largo de las décadas, las prácticas de vivisección se volvieron culturalmente objetables y se implementaron regulaciones sobre la experimentación animal. En ese contexto, el diagnóstico propuesto por Dana dejó de sostenerse en la comunidad científica. Aun así, hoy siguen apareciendo esfuerzos para vincular posturas contrarias al uso de animales —por ejemplo, el vegetarianismo o el veganismo— con supuestos trastornos mentales.

  • En 2001, Perry y colegas argumentaron que el vegetarianismo entre adolescentes podría ser un indicio para intervenciones preventivas ante conductas suicidas.
  • Baines y colegas encontraron que mujeres vegetarianas y veganas pueden gozar de mejor salud física, pero presentar mayor vulnerabilidad a la depresión y a los trastornos del estado de ánimo.
  • Michalak, Zhang y Jacobi (2012) reportaron mayores tasas de depresión y ansiedad entre vegetarianos y veganos frente a carnívoros.

Una visión basada en la evidencia: nutrición y salud

Una dieta vegetariana o vegana equilibrada no provoca deficiencias cuando se planifica adecuadamente. La Academia de Nutrición y Dietética señala que estas dietas son aptas para todas las edades y etapas de la vida y pueden contribuir a reducir factores de riesgo para numerosas enfermedades crónicas de la sociedad occidental.

¿Qué podría explicar la aparente asociación entre vegetarianismo/veganismo y mayor vulnerabilidad a la depresión o la ansiedad? Una posibilidad es que estas asociaciones reflejen rasgos de personalidad y valores morales, más que una relación causal entre la dieta y la salud mental. En lugar de patologizar estas elecciones, conviene entenderlas en el marco de la diversidad de experiencias humanas.

Desde mi experiencia clínica trabajando con veganos, percibo que las cualidades que llevan a este estilo de vida —sentido de la justicia, pensamiento crítico, empatía y valentía para defender a otros— pueden, en un mundo con sufrimiento y abuso animal frecuente, generar una respuesta emocional intensa. La exposición continua al dolor de los animales y la crítica social puede volverse crónica y aislante, en lo que describo como trauma vegano, una experiencia dolorosa de carácter emocional y social, no un trastorno mental.

Este marco permite entender por qué muchas personas veganas describen una carga moral y social, y por qué pueden sentirse incomprendidas o juzgadas, sin que ello implique una patología. Las personas veganas pueden seguir siendo saludables y líderes en la defensa de derechos, con apoyo y reconocimiento social adecuados.

Veganismo como experiencia emocional: el concepto de trauma vegano

La teoría de la persona altamente sensible (PAS) de la Dra. Elaine Aron sugiere que la sensibilidad a estímulos sensoriales y emocionales está distribuida de forma normal en la población, con aproximadamente un 15–20% de las personas en este grupo. Estas personas muestran una profundidad de pensamiento, alta inteligencia emocional y creatividad, pero también una mayor vulnerabilidad a la depresión y a los trastornos del estado de ánimo ante la realidad compleja de un mundo de injusticia y dolor. Se plantea que un sistema nervioso más sensible puede intensificar respuestas ante el sufrimiento animal o la exposición mediática; combinadas con el coraje para cambiar y defender a otros, estas personas pueden optar por el veganismo. En un contexto donde el uso y abuso de animales es ubicuo, dicha exposición emocional puede volverse crónica y a veces incomprendida, generando sentimientos de soledad y, en ocasiones, acusaciones de ser “demasiado” o extremista. A este conjunto de experiencias lo llamo trauma vegano.

En síntesis, el vegetarianismo y el veganismo no son patologías ni predisponen de forma necesaria a trastornos mentales. Son elecciones morales y responsables de personas con un corazón sensible, un pensamiento claro y la valentía de buscar un mundo menos capaz de causar daño. Son, a menudo, señales de liderazgo y compromiso con el cambio hacia una sociedad más ética y saludable.

Perspectivas y consideraciones éticas y científicas

La relación entre vegetarianismo/veganismo y salud mental es compleja y no debe entenderse como una patología. Es fundamental evitar la pathologización de elecciones de vida y atender a las dimensiones éticas, emocionales y sociales que intervienen. La nutrición adecuada, el apoyo social y una comprensión empática de estas elecciones pueden contribuir a un marco más humano y riguroso para la investigación psicológica.

Sobre la autora

  • Shiri Raz — candidata a doctorado en Psicoanálisis y Filosofía (Universidad Bar-Ilan).
  • Experta en trabajo con veganos y parejas mixtas (vegano y no vegano).
  • Arteterapeuta para niños y adultos.
  • Terapeuta EFT para individuos y parejas.

Vídeo sobre ¿Es el veganismo un trastorno mental?

Bibliografía

Autor

Autor Isaac Andrade Isaac Andrade Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar. Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.