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Adicción y vergüenza narcisista

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Durante mucho tiempo pensé que yo era el problema; ahora entiendo que era mi comportamiento y la forma en que vivía lo que fallaba. Aun con decisiones difíciles del pasado, sé que valgo para amar y para una vida buena, simplemente por existir. Este entendimiento no facilita la recuperación diaria, pero ofrece esperanza y sentido de utilidad.

La culpa, la vergüenza y el remordimiento en la adicción sexual

Qué significan estas emociones en el ciclo de la adicción

En la fase activa de la adicción sexual, los adultos adictos suelen actuar de forma dañina hacia sí mismos y hacia sus seres queridos. Se alimentan de fantasías y conductas que contradicen sus valores, promesas y, a veces, la ley. Al inicio podrían mantener un comportamiento aparentemente aceptable, pero a medida que la adicción se intensifica, progresan hacia contenidos y conductas cada vez más problemáticos, como pornografía más explícita, infidelidades, voyeurismo u exhibicionismo, compras o ventas de sexo y consumo de sustancias asociadas al sexo.

Cada violación de valores suele ir acompañada de culpa, vergüenza y remordimiento, y, como suele ocurrir en la adicción, algunas personas responden con más de lo mismo para “calmar” esas emociones, profundizando así el ciclo adictivo. Este patrón se entrelaza con creencias negativas sobre sí mismos: “soy malo” o “no merezco amor”, que pueden convertirse en parte de la identidad y obstaculizar la recuperación.

Damien, expresando su experiencia, señala que reconocer la valía personal —independientemente de los errores— puede aportar esperanza, aunque no resuelva por completo las dificultades diarias. James, un hombre de 47 años, añade que estas creencias suelen tener raíces en la infancia y que el comportamiento adictivo puede agravar una autoestima ya frágil. Sus testimonios ilustran la interconexión entre emociones, historia personal y la crisis actual de la adicción.

Culpa, vergüenza y remordimiento: saludables y tóxicos

Definiciones y su impacto en la recuperación

En la adicción sexual, muchos adictos actúan de forma perjudicial hacia sí mismos y hacia quienes les rodean. Fantasean y se comportan de maneras que violan sus valores, sus promesas y, a veces, las normas de su comunidad. Suelen mentir para mantener un patrón intenso y repetitivo, a fin de evitar sentir más vergüenza. Muchos llevan una “doble vida” y construyen excusas para sostener sus conductas, a veces convenciendo incluso a sí mismos de que lo que dicen es verdad. Cuando la conducta sexual cesa, emergen emociones negativas que pueden hacerse sentir con más intensidad durante la sobriedad sexual.

La culpa y la vergüenza no son intrínsecamente malas. La culpa puede funcionar como una brújula interna que ayuda a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, y el remordimiento puede impulsar cambios conductuales y fomentar la empatía y la reparación a quienes se ha dañado. Sin embargo, para algunas personas estas emociones se internalizan y se vinculan a la identidad, de modo que la persona se siente inherentemente mala o indigna. Este ajuste puede generar un “círculo de vergüenza” o un retraimiento narcisista, dificultando la recuperación y convirtiéndose en una barrera tóxica cuando la culpa, la vergüenza y el remordimiento hacen imposible creer en la posibilidad de cambio.

Dando la vuelta al guion: estrategias para la recuperación

  • Asistir a reuniones de recuperación sexual de doce pasos, encontrar un patrocinador y trabajar las doce etapas. Esto favorece la interacción con otros en recuperación y facilita la honestidad y las reparaciones necesarias.
  • Mejorar cada día: la recuperación es un camino, no un destino. Un objetivo realista es no repetir los errores del pasado y, con el tiempo, convertirse en una persona más íntegra.
  • Construir una red de apoyo que vaya más allá del terapeuta y del patrocinador. La adicción sexual tiende a la soledad; un entorno de apoyo facilita pedir ayuda cuando se activa la conducta.
  • Probar nuevas actividades y aficiones con la familia, amigos y la red de apoyo. Esto demuestra que la vida puede ser satisfactoria sin recurrir a comportamientos dañinos.
  • Voluntariado o hacer servicio a otros. Observar el impacto positivo en el mundo refuerza la autovalía y reduce la inclinación a autolesionarse con la adicción.
  • Ganar comprensión sobre las raíces de la vergüenza y la indignidad. Reconocer que las conductas problemáticas son intentos de autocuidado fallidos ayuda a reorientar la autoestima.
  • Integrar un historial de trauma, abuso o negligencia. Trabajar estas experiencias puede reducir la vergüenza y facilitar el perdón propio.
  • Reconocer la diferencia entre vergüenza sana y tóxica; el terapeuta ayuda a “darle la vuelta al guion” para que sentirse como una mala persona no equivalga a serlo realmente.

Vídeo sobre Adicción y vergüenza narcisista

Bibliografía

Autor

Autor Isaac Andrade Isaac Andrade Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar. Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.