El agotamiento es otro efecto de la pandemia de COVID-19.
Los humanos somos criaturas de hábito. Funcionamos mejor y nos sentimos más seguros dentro de los sistemas que hemos construido a lo largo de los años. La pandemia de COVID-19 ha alterado nuestro entorno, obligándonos a crear hábitos nuevos y a redefinir la forma de vivir y trabajar. Aunque útiles, estos cambios pueden afectar nuestra salud mental y generar agotamiento.
Impacto de la pandemia en la salud mental
Las encuestas laborales describen un aumento drástico de las tasas de agotamiento durante la pandemia. Este año ha afectado especialmente a los profesionales de la salud; algunas especialidades han informado incrementos de más de un 10% respecto al año anterior. Los factores clave incluyen turnos prolongados, recursos limitados y la lucha contra un virus que parece no terminar. Este estrés crónico ha exacerbado problemas de salud mental.
Las medidas de salud pública han intensificado el impacto emocional de la pandemia, y el agotamiento se ha vuelto más común en distintos ámbitos laborales y personales. En junio de 2020, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) informaron un aumento en los diagnósticos de trastornos de ansiedad y depresivos, entre tres y cuatro veces más altos que en 2019, lo que apunta a la pandemia como un factor central en el deterioro de la salud mental.
El núcleo: límites y recompensas
Nuestro sistema para funcionar bien se apoya en dos pilares fundamentales: límites y recompensas. Estos dos elementos se complementan para contener, gestionar y desconectarnos del estrés. Para afrontar el agotamiento ligado a la pandemia, es crucial entender qué son estos límites y estas recompensas, y de qué manera la crisis sanitaria los ha modificado.
Límites
Los límites ayudan a sentirse protegido y socialmente conectado, y nos señalan qué podemos o debemos hacer. En cuanto a límites físicos, no todos toleramos el mismo grado de contacto y comunicación; aun así, solemos buscar consuelo en compartir momentos con otros, ya sea con un abrazo, un saludo o una conversación informal. Con la pandemia, hemos tenido que reforzar los límites físicos para reducir el riesgo de contagio, lo que ha limitado la interacción presencial y ha aumentado el estrés en muchas personas.
Líneas borrosas entre trabajo y hogar
La tecnología puede ayudar a superar estos obstáculos sociales, pero también presenta desafíos. Cuando la frontera entre oficina y hogar se difumina, es más difícil distinguir entre momentos de trabajo y descanso. Trabajar desde la habitación, revisar correos en la mesa del comedor y responder a mensajes durante una película familiar ha convertido nuestra vida en un flujo continuo de laboral, con consecuencias para nuestra vida emocional y nuestra salud mental. Sin límites que protejan del estrés crónico, hemos podido experimentar mayor aislamiento, ansiedad, depresión y agotamiento.
Recompensas
Las recompensas emocionales son los incentivos que nos permiten afrontar el estrés diario: relaciones significativas, reconocimiento y sentido de pertenencia. Sin embargo, la reducción de interacciones presenciales y la búsqueda de estímulos inmediatos han alterado estas recompensas. El uso excesivo de tecnología, el juego en línea o las plataformas de streaming pueden reemplazar de forma poco adecuada las recompensas reales, afectando la productividad y el bienestar físico. ha aumentado la prevalencia de conductas de consumo de sustancias y trastornos alimentarios, que a su vez elevan el riesgo de ansiedad y depresión. En conjunto, las recompensas empleadas para aliviar el estrés pueden contribuir al agotamiento si se utilizan de forma inadecuada.
Viviendo a distancia
Debido a las medidas de salud pública que limitan las interacciones sociales, nuestros límites modificados también limitan las recompensas emocionales disponibles. Durante meses no hemos podido planificar vacaciones en la playa, conciertos, celebraciones religiosas o encuentros nocturnos con amigos. En busca de mecanismos de afrontamiento, hemos recurrido a sustitutos menos adecuados en casa. La tecnología, que podría ser una aliada, a veces funciona como solución artificial: el scrolling infinito, la amplia oferta de opciones y la conveniencia dificultan regular nuestras actividades. Juegos en línea o maratones de series han afectado la productividad y el bienestar físico. Otras recompensas emocionales también han adoptado una dimensión adictiva, con un incremento del consumo de sustancias y de trastornos alimentarios. las recompensas que usamos para aliviar el estrés pueden haber aumentado el riesgo de agotamiento.
Mirando hacia el futuro
Con la llegada de las vacunas, parece que se vislumbra un regreso a la normalidad. Sin embargo, la pandemia ha dejado una carga significativa en nuestra salud mental y física. A medida que nos recuperamos, es crucial conservar lecciones clave para nuestro bienestar. Los cambios de este año han puesto de relieve la importancia de la estructura en nuestras vidas. Como seres humanos, necesitamos límites cuando interactuamos con nuestro entorno: límites físicos, emocionales, espaciales o temporales. Estos límites ayudan a separar de forma clara el trabajo del descanso y el yo del mundo, permitiendo que el estrés permanezca en un ámbito manejable, aun cuando las recompensas que nos acercan a la felicidad sean distintas. Cuando enfrentamos una carga de trabajo elevada, es importante cuidarnos con actividades e interacciones que nos reconforten, ya sea durante la comida o al final del día. El agotamiento, la ansiedad o los síntomas depresivos no son exclusivos de la pandemia, pero las lecciones aprendidas pueden reintroducirse en nuestra nueva normalidad.
Autores
- Dr. Marc Lener, psiquiatra en práctica privada en la ciudad de Nueva York y fundador y director ejecutivo del Singula Institute. Singula Institute, una organización sin ánimo de lucro 501(c)(3), es una clínica de investigación de salud mental asistida por tecnología y una comunidad de impacto social orientada a transformar el diagnóstico y tratamiento de la salud mental para cada individuo.
- Shirley W Li, estudiante de la Universidad de Pensilvania que estudia Neurociencia e Inglés. Su objetivo es unir la belleza del lenguaje con la ciencia y, con un enfoque en impacto social, difundir conciencia a través de la escritura educativa y creativa. Fuera del laboratorio y las clases, Shirley es pasante en Singula Institute, una startup sin fines de lucro dedicada al cuidado de la salud mental.
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Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.