Estrés saludable: ¿un oxímoron?
Existe un tipo de estrés beneficioso para la salud: el estrés a corto plazo. Este impulso de energía puede mejorar el rendimiento, fortalecer la inmunidad y agudizar la memoria. Aunque el estrés suele asociarse con efectos negativos, la clave está en distinguir entre estrés agudo y estrés crónico, y en cómo se gestiona.
Qué tipos de estrés existen
Estrés agudo
Es la forma más cotidiana de estrés. Es una respuesta biológica de corta duración ante desafíos nuevos. Dura desde minutos hasta horas y puede aumentar la energía, la velocidad de respuesta y la claridad mental, funcionando como un sistema de alerta ante situaciones peligrosas. También aparece en circunstancias no vitales, como una entrevista de trabajo próxima.
Forma parte del mecanismo de lucha, huida o congelación: se acelera el pulso, se respira más rápido, los músculos se tensan y el cerebro se activa. Su efecto máximo suele ocurrir cuando la situación es manejable y termina poco después de que pasa el evento.
En ocasiones se distinge entre eustrés (estímulo positivo) y una forma de estrés negativa. Aunque no suele ser perjudicial a corto plazo, exposiciones muy intensas pueden dejar efectos duraderos, y en contextos extremos pueden asociarse con trastornos como el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) en ciertos profesionales expuestos a amenaza continua.
Estrés agudo episódico
Es el resultado de pasar de un episodio de estrés agudo al siguiente. Por ejemplo, una persona que debe cumplir nuevos plazos de forma constante o administra un hogar con una crisis tras otra. Cada episodio tiene un inicio y un fin, pero el patrón de estrés se mantiene en el tiempo. También puede surgir si tiendes a preocuparte y anticipar siempre lo peor, incluso si el resultado final es favorable. Con el tiempo, este tipo de estrés puede afectar la salud física y mental. Un estudio mostró que las mujeres con estrés crónico o episódico tras un diagnóstico de cáncer de mama experimentaron más síntomas tras el tratamiento que aquellas con menos estrés.
Estrés crónico
Es el tipo que se acumula con el paso de meses o años y no parece tener fin. Situaciones como cuidar a un ser querido enfermo o sufrir un desempleo prolongado pueden generar este tipo de estrés. Si no se trata, puede dañar varios sistemas del cuerpo y aumentar la vulnerabilidad a la enfermedad. Según la Asociación Americana de Psicología (APA), el estrés prolongado puede afectar diversas áreas:
- Sistema inmunológico: debilita la inmunidad, aumenta la vulnerabilidad a infecciones y prolonga la recuperación.
- Sistema musculoesquelético: tensión muscular crónica puede provocar dolor, cefaleas y problemas en la espalda.
- Sistema respiratorio: puede empeorar condiciones preexistentes como asma y EPOC.
- Sistema cardiovascular: eleva la frecuencia cardíaca y la presión arterial, aumentando el riesgo de hipertensión, infarto o ictus.
- Sistema endocrino: el hipotálamo envía señales a las glándulas suprarrenales, liberando adrenalina y cortisol; a largo plazo pueden contribuir a diabetes, fatiga crónica y mayor riesgo cardiovascular.
- Sistema gastrointestinal: el estrés afecta la comunicación cerebro–intestino, provocando dolor estomacal, hinchazón y trastornos como úlceras o síndrome del intestino irritable.
- Sistema reproductivo: puede disminuir la líbido y aumentar la vulnerabilidad a infecciones y problemas hormonales; puede afectar la menstruación y la producción de testosterona.
- Salud mental: incrementa el riesgo de ansiedad y depresión; puede agravar síntomas de enfermedades mentales existentes y, en algunos casos, desencadenar episodios psicóticos o maníacos en trastornos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.
- En general: algunas investigaciones señalan una relación débil entre estrés y ciertos tipos de cáncer, especialmente cuando el diagnóstico y el tratamiento son experiencias altamente estresantes.
Cómo evitar que el estrés bueno se convierta en estrés malo
El estrés forma parte de la vida, pero no siempre debe volverse crónico. La clave es evitar que se prolongue. Aunque no siempre es posible resolver la causa de inmediato, estas estrategias pueden ayudar a reducir su impacto mientras se gestiona la situación:
- Construir y mantener una red de apoyo de personas de confianza.
- Practicar técnicas de relajación y respiración.
- Gestionar las tareas para evitar acumular demasiadas a la vez.
- Realizar ejercicio de forma regular.
- Reservar tiempo para uno mismo y para actividades placenteras.
- Avoid sustancias que empeoren el estrés, como drogas y consumo excesivo de alcohol.
- Consultar a un profesional de la salud mental para apoyo y orientación.
Claves para gestionar el estrés en la vida diaria
- Establecer límites y organizar el tiempo para reducir la presión de plazos.
- Practicar atención plena y técnicas de relajación de forma regular.
- Mantener hábitos de sueño adecuados y una alimentación equilibrada.
- Fomentar actividades sociales y de apoyo emocional.
- Buscar ayuda profesional si el estrés se mantiene alto o interfiere con la vida diaria.
existen dos tipos de estrés: el estrés “bueno” o agudo y el estrés “malo” o crónico. El primero puede mejorar el rendimiento y la claridad mental a corto plazo, mientras que el segundo puede generar problemas de salud si persiste. Con estrategias de manejo del tiempo, apoyo social y prácticas de atención plena, es posible reducir el impacto del estrés crónico. Si las medidas propias no bastan, acudir a un profesional puede ser un paso útil para diseñar un plan de gestión.
Vídeo sobre Estrés saludable: ¿un oxímoron?
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.