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Por qué los adultos tienen rabietas de niños pequeños

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Los estallidos de ira pueden resultar desconcertantes, especialmente cuando parecen desproporcionados ante situaciones cotidianas. Aunque no existe una única explicación para estas reacciones, pueden relacionarse con dificultades de personalidad, adicciones, miedo, vergüenza, culpa, necesidad de atención o intentos de manipulación. Comprender sus posibles raíces ayuda a interpretar la conducta sin justificar el abuso ni olvidar la importancia de proteger a quienes se ven afectados.

Cuando la ira se convierte en una dinámica destructiva

James observaba cómo su futura exmujer perdía el control cuando las cosas no salían como quería. Su comportamiento podía recordar al de un niño pequeño que no obtiene lo que desea: agitaba los brazos, lanzaba objetos, elevaba la voz y adoptaba una actitud desafiante. En esta ocasión, el conflicto había comenzado por un cambio en el lugar acordado para intercambiarse a su hija.

No era la primera vez que ocurría. Sus reacciones eran imprevisibles, intensas, amenazantes y, en ocasiones, agresivas. James había intentado convencerla de que buscara ayuda, pero ella respondía que solo se enfadaría si él no hacía lo que le pedía.

Con la intención de mantener la paz, él empezó a ceder a sus exigencias. Sin embargo, cada concesión parecía generar nuevas demandas. Poco a poco, dejó de reconocerse a sí mismo y llegó a sentirse avergonzado por haber tolerado aquella situación durante tanto tiempo. Cuando ella destruyó su teléfono nuevo, decidió poner fin al matrimonio.

Aun así, quería entender qué podía explicar esos estallidos, sobre todo por el bienestar de su hija. En terapia descubrió que una conducta de este tipo puede tener distintos orígenes. Estas posibilidades no permiten diagnosticar a distancia ni justifican la violencia, pero ayudan a comprender la complejidad del problema.

Posibles motivos de los estallidos de ira

Dificultades de personalidad

Algunos trastornos de la personalidad incluyen una percepción distorsionada de uno mismo, de los demás o de la realidad. Cuando esa interpretación se ve cuestionada, la persona puede responder con una intensa sensación de amenaza y enfado.

En determinados casos, estos patrones pueden aparecer junto con rasgos narcisistas, paranoides, dependientes, límite, obsesivo-compulsivos o antisociales. Sin embargo, solo un profesional cualificado puede realizar una evaluación adecuada. Un episodio de ira, por sí solo, no demuestra la existencia de ningún trastorno.

Adicción

Las personas con una adicción pueden buscar justificaciones para mantener el consumo de una sustancia o la repetición de una conducta. En algunos casos, alternan los estallidos emocionales con el consumo para calmarse, lo que puede favorecer un ciclo difícil de romper.

A veces, una irritabilidad extrema o una ira aparentemente irracional constituye una de las primeras señales visibles de un problema de adicción que permanecía oculto. No obstante, también puede deberse a muchas otras causas.

Desviar la atención

Una persona puede generar, de forma consciente o inconsciente, un conflicto muy intenso para evitar que los demás reparen en otro asunto. La reacción debe ser lo bastante exagerada como para desplazar la atención y convertir el estallido en el centro de la situación.

En estos casos, la ira funciona como una cortina de humo. El problema original queda relegado y los demás terminan concentrándose en calmar la crisis o en responder a la agresividad.

Regresión emocional

La regresión es un mecanismo de defensa mediante el cual una persona vuelve a formas de comportamiento más infantiles cuando se siente sobrepasada o vulnerable. En lugar de afrontar una situación adulta y asumir sus responsabilidades, puede reaccionar con rabietas, exigencias o conductas impulsivas.

Este mecanismo puede proporcionar una sensación momentánea de protección, pero dificulta la resolución madura del conflicto y suele afectar a quienes rodean a la persona.

Necesidad de atención

Al igual que un niño pequeño, un adulto que se siente ignorado o privado de atención puede comportarse de manera inapropiada para recuperar el protagonismo. Para algunas personas, no importa demasiado que la atención recibida sea positiva o negativa: lo importante es convertirse en el centro de la escena.

La rabieta, los gritos o las amenazas pueden funcionar entonces como una forma de asegurarse una audiencia y obligar a los demás a reaccionar.

Vergüenza y experiencias traumáticas

La vergüenza o la humillación ocultas también pueden estar detrás de ciertos estallidos. Algunas experiencias traumáticas, incluido el abuso sexual, pueden dejar una huella profunda y hacer que determinadas situaciones activen respuestas defensivas muy intensas.

En ocasiones, la persona reacciona como si tuviera que luchar para protegerse. Cuando existe un trastorno por estrés postraumático grave, esa respuesta puede ser tan automática que después resulte difícil recordar o comprender plenamente lo ocurrido. Esto no elimina la responsabilidad de buscar ayuda ni el impacto de la conducta sobre otras personas.

Culpa

La ira puede ocultar sentimientos de culpa relacionados con una conducta o una decisión. Para algunas personas, resulta más sencillo proyectar el enfado sobre los demás que reconocer el daño causado y asumir la responsabilidad.

Así, una emoción dirigida inicialmente hacia uno mismo se transforma en acusaciones, reproches o ataques contra otra persona. Esta reacción puede aliviar momentáneamente el malestar, pero impide reparar las consecuencias.

Miedo

El miedo puede expresarse como ira cuando la persona considera que mostrar vulnerabilidad es una señal de debilidad. En lugar de admitir que se siente insegura o amenazada, responde con agresividad para intentar recuperar el control.

La estrategia puede ocultar el temor durante un tiempo, pero no lo resuelve. desvía la atención de la emoción original y puede hacer que los demás perciban únicamente hostilidad.

Manipulación

Otra cuestión útil consiste en observar qué obtiene la persona después de estallar. Si mediante los gritos, las amenazas o las escenas consigue que los demás cedan, puede aprender que esa conducta resulta eficaz para alcanzar sus objetivos.

Se crea así una relación de causa y efecto: el estallido va seguido de una recompensa. Esto no significa que toda reacción intensa sea deliberadamente manipuladora, pero identificar los patrones de refuerzo ayuda a comprender por qué algunos comportamientos se repiten.

Comprender sin normalizar el abuso

James comprendió que no había una única explicación para las explosiones de ira. Podían intervenir varios factores a la vez, y conocerlos le permitió desarrollar compasión sin volver a exponerse a la dinámica dañina.

Comprender el origen posible de una conducta no obliga a tolerarla. Cuando existen amenazas, destrucción de objetos, intimidación o agresiones, es importante priorizar la seguridad y establecer límites claros, especialmente cuando hay menores implicados. La evaluación profesional puede ayudar a identificar las causas y a promover cambios sostenidos.

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Bibliografía

Autor

Autor Isaac Andrade Isaac Andrade Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar. Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.