¿Qué es la resiliencia?
La resiliencia describe nuestra capacidad para hacer frente a situaciones difíciles; sin embargo, no es necesario ser resiliente ante la adversidad y el trauma. Este término, muy utilizado en psicología, no representa un estado al que se debe aspirar ni una meta única a alcanzar. Puede verse de forma positiva o negativa y depende en gran medida de las circunstancias y de los retos que cada persona enfrenta.
¿Qué significa ser resiliente?
La resiliencia puede significar cosas distintas para diferentes personas, por lo que tu definición puede no coincidir con la de otros. En la literatura psicológica es un tema central con numerosas investigaciones y teorías en competencia, y su definición ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. La APA la define como “el proceso de adaptarse bien ante la adversidad, el trauma, la tragedia, amenazas o fuentes significativas de estrés”, como problemas familiares, de salud, o tensiones laborales y financieras.
Investigaciones anteriores señalan que la resiliencia ante la pérdida o ante la posibilidad de trauma es más común de lo que se cree, y que existen múltiples y, a veces, inesperados caminos hacia ella. En 2009 se describió como el “desarrollo de competencia frente a la adversidad severa o generalizada”. Más recientemente, en 2018, se reconoció que la resiliencia, en relación con el trauma y el afrontamiento, no está bien definida y sus aplicaciones deben variar según la persona. Es importante recordar que algunas definiciones pueden estar desactualizadas y que no hay que sentir presión por ser resiliente ante el trauma.
Ejemplos de comportamientos resilientes
La resiliencia surge a veces por necesidad y no únicamente por esfuerzo consciente; es una característica dinámica que puede cambiar a lo largo de la vida. Una idea clave, según la psicóloga Kendra Kubala, es reconocer que lo vivido es significativo, comprender su impacto y aceptar que ya no se es la misma persona que antes del evento. La resiliencia debe evaluarse a lo largo del tiempo; si se atraviesa un trauma en la infancia y luego otro en la adultez, la recuperación puede considerarse resiliencia, ya sea de forma autónoma o con apoyo profesional.
Entre las conductas asociadas a la resiliencia se cuentan:
- Reconocer la impermanencia de las dificultades.
- Ver los contratiempos como oportunidades de crecimiento.
- Contar con herramientas para gestionar el estrés y las emociones.
- Reconocer que muchas cosas están fuera de nuestro control.
- Mantener una mentalidad de crecimiento frente a una mentalidad fija.
Factores externos como el apoyo social y comunitario también pueden desempeñar un papel importante en el desarrollo y mantenimiento de la resiliencia.
¿Por qué es importante la resiliencia?
Un factor clave de la resiliencia es la vulnerabilidad, es decir, permitirnos sentir nuestras emociones. “Lo que a veces parece entumecimiento puede ser erróneamente tildado de resiliencia”, señala Kubala. La resiliencia puede evaluarse observando un único evento, ya que cada persona tiene una capacidad distinta para atravesar situaciones difíciles y la gravedad del evento y su impacto influyen en el resultado.
No es fácil agrupar a los supervivientes de trauma; no todas las personas que experimentan trauma desarrollan el trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Lo que la resiliencia no es
La resiliencia no es una elección universal, ya que cada persona se adapta de forma diferente. No debe emplearse para culpar a nadie por no cumplir un supuesto estándar de resiliencia. En psicología no hay una definición única de aquello que la resiliencia no es, y no debe verse como algo a la que se deba aspirar incondicionalmente.
Tampoco es entumecimiento, negación o negarse a reconocer la realidad. No se trata de evitar o de recurrir a conductas poco útiles o mal adaptativas, como la evasión o el consumo excesivo de alcohol o sustancias. La resiliencia implica procesar y entender la propia respuesta al estrés y a las dificultades y trabajar activamente para afrontarlas, en lugar de apagarlas.
Por qué la presión por ser resiliente puede ser dañina
Nadie debería sentir que debe ser resiliente frente a traumas, racismo sistémico u otras adversidades. En estos casos, la expectativa de “tener que ser resiliente” puede restar valor a las luchas de las personas racializadas y de las comunidades marginadas, que han tenido que convivir con una cultura basada en la supremacía blanca y con estándares de lo que se considera “aceptable” o “normal”.
Nicole Washington, DO, MPH, psiquiatra y directora médica de Elocin Psychiatric Services, señala que, como sociedad, quizá debamos replantear la definición de trauma, especialmente el trauma racial y el trauma de presenciar eventos trágicos y condenables como el asesinato de George Floyd. ¿Por qué dos personas pueden experimentar el mismo trauma de forma distinta? En muchas comunidades de color y otros grupos marginados, la resiliencia es una necesidad impuesta, no una opción, y no siempre hay lujo para decidir no enfrentar esas cargas. En la comunidad negra, a veces se usa el concepto de resiliencia para justificar no abordar problemas sistémicos; es vital atender los determinantes sociales de la salud que requieren atención.
Determinantes sociales de la resiliencia
La resiliencia no puede entenderse aislada de otros factores. No siempre es posible “construir resiliencia” para compensar determinantes sociales, y, sin embargo, no se puede considerar la resiliencia sin tener en cuenta estos determinantes. Un relato común entre quienes han vivido mucho trauma es que “hay que seguir luchando”, pero la resiliencia debe verse como un apoyo que ayuda a enfrentar las circunstancias y no como una solución para ocultar problemas. El trauma racial y otros traumas sociales requieren una revisión de cómo entendemos la resiliencia y el trauma, para avanzar hacia políticas y prácticas más justas.
Consejos para fomentar la resiliencia
La resiliencia se puede desarrollar mediante un fuerte sentido de autoeficacia, autoconfianza y autoestima. Aunque algunas personas parezcan más resilientes por predisposición, también es un comportamiento que se aprende y se fortalece apoyándose en la resiliencia ya presente. El apoyo social y la conexión con otros, así como la participación de la familia, amigos, docentes, mentores, comunidades religiosas, grupos de apoyo y profesionales de la salud mental, pueden facilitar este proceso. Ante el estrés, es útil distinguir entre el evento y el resultado, y reconocer el crecimiento que puede surgir de la adversidad. La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) puede enseñar a responder de forma adecuada a las situaciones difíciles.
- Reconocer lo que ya tienes y desarrollarlo.
- Fijarte en lo que funciona y en las estrategias que ayudan a adaptarte.
- Fortalecer el apoyo social y la conexión con otros.
- Consultar a familiares, amigos, docentes, mentores, comunidades religiosas, grupos de apoyo o profesionales de salud mental cuando sea necesario.
- Recordarte que ante la adversidad existe una diferencia entre el evento y el resultado; valorar el crecimiento y las lecciones aprendidas.
- Pedir ayuda no es signo de debilidad; es una muestra de fortaleza y autocuidado.
La resiliencia también puede traer crecimiento postraumático, donde algunas personas descubren que pueden soportar dificultades o clarificar qué es lo que realmente importa, como ayudar a otros.
Resumen práctico
- La resiliencia es un fenómeno complejo y no obligatoria para todos ante la adversidad.
- Se entiende mejor de forma longitudinal y depende de múltiples factores, incluidos los determinantes sociales y el entorno.
- Fomentar la resiliencia implica fortalecer la autoeficacia, apoyos sociales y estrategias saludables de manejo del estrés.
- Buscar ayuda profesional cuando haga falta es una decisión válida y no indica debilidad.
Vídeo sobre ¿Qué es la resiliencia?
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.