Salud mental durante la COVID-19: ¿dónde estamos ahora?
La pandemia de COVID-19 ha alterado rutinas, relaciones, empleo y sensación de seguridad, dejando efectos psicológicos desiguales. La ansiedad, la tristeza, el agotamiento y el aislamiento han aumentado en muchas personas, incluidos niños y adolescentes. Comprender estas reacciones, reconocer cuándo persisten y conocer estrategias de autocuidado y apoyo profesional puede facilitar la recuperación durante la reapertura y sus cambios.
Cómo ha afectado la pandemia a la salud mental
Aún se está estudiando el impacto psicológico de la pandemia. Cada persona la ha vivido de una manera distinta: aunque todos hemos atravesado la misma crisis, no lo hemos hecho en las mismas circunstancias ni con los mismos recursos.
La pandemia debilitó algunos apoyos esenciales, como la estabilidad económica, la seguridad alimentaria, el contacto social y el acceso habitual a servicios. En Estados Unidos, en junio de 2020, dos de cada cinco adultos comunicaron dificultades relacionadas con la salud mental o el consumo de sustancias, y casi uno de cada tres presentó síntomas de ansiedad o depresión.
Los profesionales de la salud mental también observaron un aumento de las consultas. Incluso un año después del inicio de la pandemia, aproximadamente uno de cada cinco adultos estadounidenses mantenía niveles elevados de malestar psicológico.
La presión económica y laboral
Quienes tuvieron que acudir diariamente a su lugar de trabajo afrontaron, además de la inseguridad económica, el temor a contagiarse. Una encuesta realizada en Estados Unidos en abril de 2020 clasificó como trabajadores esenciales a alrededor del 34 % de los adultos. Entre ellos:
- Casi uno de cada tres afirmó que tendría que utilizar una tarjeta de crédito o pedir dinero prestado para afrontar una factura médica imprevista de 500 dólares.
- Casi uno de cada cinco señaló que no podría pagarla.
Esta inseguridad puede intensificar el desgaste de un entorno laboral exigente, especialmente cuando no existe la posibilidad de trabajar desde casa.
La sobrecarga de madres, padres y cuidadores
Las familias con hijos que estudiaban a distancia o permanecían en casa por la falta de atención infantil asumieron preocupaciones adicionales. Muchas madres y padres tuvieron que desempeñar simultáneamente las funciones de cuidadores, docentes y trabajadores, con pocas oportunidades para descansar.
La necesidad de cumplir con plazos laborales mientras se atienden las necesidades de los hijos puede generar una presión considerable sobre toda la unidad familiar. Esta carga no se distribuye de la misma forma en todos los hogares y puede verse agravada por la falta de apoyo social, económico o familiar.
El impacto en niños y adolescentes
Los menores también han experimentado consecuencias psicológicas relacionadas con la interrupción de las clases, el aprendizaje y la vida social. Se estima que el cierre de centros educativos afectó a alrededor de 1.600 millones de estudiantes en todo el mundo.
La ausencia de rutinas escolares y las dificultades de la enseñanza a distancia hicieron que algunos niños y adolescentes se sintieran aislados, desorientados o menos motivados. Para muchos estudiantes, concentrarse y mantener la atención desde casa resultó especialmente complicado.
El impacto pudo ser mayor en quienes tenían TDAH u otras condiciones que dificultan el aprendizaje. algunos menores con necesidades específicas de desarrollo dejaron de ser detectados por el personal educativo al no acudir presencialmente a clase, lo que pudo retrasar la atención y los apoyos que necesitaban.
También aumentaron los pensamientos relacionados con el suicidio y las autolesiones entre algunos jóvenes, especialmente en determinados grupos vulnerables, como parte de la comunidad LGBTQIA+.
Qué hacer ante una crisis inmediata
Si una persona está pensando en suicidarse o teme no poder mantenerse a salvo, es importante buscar ayuda inmediata y no afrontar la situación en soledad. En España puede llamar al 024, disponible para la atención de la conducta suicida, o al 112 si existe un peligro inmediato. También conviene avisar a alguien de confianza y acudir a urgencias.
Cuando ya existía un problema de salud mental
En las personas con un diagnóstico previo, las medidas de confinamiento y distanciamiento pudieron intensificar algunos síntomas. Quienes viven con ansiedad suelen beneficiarse de cierta estructura, de las interacciones sociales positivas y de actividades con significado personal; durante la pandemia, mantener estos elementos fue más difícil.
El distanciamiento físico también complicó el acceso a profesionales, grupos de apoyo y recursos para afrontar el duelo o el consumo problemático de sustancias. Aunque la atención en línea permitió mantener algunos servicios, no siempre ofreció la misma accesibilidad o conexión que la atención presencial.
En Estados Unidos, las muertes relacionadas con sobredosis aumentaron un 18,2 % durante el periodo en que se implantaron las órdenes de permanencia en casa. La pandemia actuó, en muchos casos, como un acelerador de vulnerabilidades que ya existían en la sociedad.
Las personas con antecedentes de depresión o con síntomas leves antes de la crisis podían presentar un riesgo mayor de empeoramiento al acumular aislamiento, incertidumbre, pérdidas y dificultades económicas.
Recursos para afrontar las consecuencias psicológicas
Existen distintos tipos de apoyo según las dificultades experimentadas. Los centros de salud, los servicios de salud mental, las asociaciones especializadas y los grupos de apoyo pueden orientar sobre las opciones disponibles.
- Depresión: atención psicológica o psiquiátrica, grupos de apoyo y líneas de ayuda emocional.
- Ansiedad: terapia, programas de manejo de la ansiedad y recursos para recuperar gradualmente las actividades cotidianas.
- Violencia interpersonal o doméstica: servicios especializados, recursos de protección y planes de seguridad.
- Trastornos de la conducta alimentaria: profesionales especializados y asociaciones de apoyo a las personas afectadas y a sus familias.
- Trastorno obsesivo-compulsivo: intervención psicológica especializada y organizaciones centradas en este problema.
- Duelo, agotamiento o consumo de sustancias: atención profesional, grupos comunitarios y servicios específicos de adicciones.
La terapia en línea se hizo más habitual durante la pandemia y puede facilitar el acceso a la atención para algunas personas. Los grupos virtuales también pueden reducir la soledad y permitir el contacto con quienes han vivido experiencias parecidas, aunque no sustituyen necesariamente una evaluación individualizada.
Formas de cuidar la salud mental
Recuperar una rutina diaria
Los desplazamientos, los horarios de trabajo, las comidas y las actividades escolares estructuraban anteriormente buena parte del día. Crear una rutina realista puede aportar previsibilidad y ayudar a organizar las obligaciones.
Mantener horarios relativamente estables para levantarse, comer, trabajar, descansar y dormir puede ser útil. La rutina debe ser flexible y adaptarse a las circunstancias de cada persona, sin convertirse en una nueva fuente de presión.
Reducir el estrés desde lo básico
Atender las necesidades físicas puede favorecer la capacidad para afrontar el estrés. Comer de forma suficiente y variada, dormir lo necesario y realizar actividad física adaptada a las propias posibilidades son medidas generales que pueden contribuir al bienestar.
Incluso un paseo de entre 15 y 30 minutos puede ayudar a algunas personas a reducir la tensión y la ansiedad. La meditación, el yoga, la respiración pausada o la música relajante también pueden incorporarse si resultan agradables y sostenibles.
Separar el trabajo de la vida personal
Cuando se trabaja desde casa, la frontera entre la jornada laboral y el tiempo personal puede desdibujarse. Puede ser útil reservar un espacio concreto para trabajar y abandonarlo al terminar, así como establecer un horario razonable y silenciar las notificaciones fuera de ese periodo.
En las familias, apagar el ordenador y dejar el teléfono a un lado para compartir momentos de juego o conversación puede ayudar a que los niños perciban una mayor disponibilidad y conexión.
Buscar apoyo profesional
Hablar con un profesional puede ser apropiado cuando el malestar es intenso, persiste o interfiere en el sueño, el trabajo, los estudios, las relaciones o el autocuidado. La atención puede ser presencial o en línea, según las necesidades y los servicios disponibles.
También pueden ser útiles los grupos de apoyo gratuitos o comunitarios. Aunque no siempre ofrecen la personalización de una terapia individual, permiten compartir experiencias, recibir orientación y reducir la sensación de aislamiento.
Practicar la autocompasión
La autocompasión consiste en tratarse con la misma comprensión que se ofrecería a una persona querida que atraviesa una situación difícil. La autocrítica constante puede aumentar el malestar, mientras que reconocer los propios límites ayuda a afrontar una crisis prolongada con mayor amabilidad.
No existe una forma única de reaccionar ante la pandemia. Sentirse cansado, preocupado o desorientado no significa haber gestionado mal la situación: muchas de estas respuestas son comprensibles ante circunstancias excepcionales.
La vacunación y la sensación de seguridad
Para muchas personas, la vacunación redujo la preocupación por contagiarse, ser hospitalizadas o morir a causa de la enfermedad. También permitió recuperar gradualmente el contacto con familiares, amistades y comunidades.
Otras personas han mantenido dudas relacionadas con la rapidez del desarrollo de las vacunas o con sus posibles efectos secundarios. Ante estas preocupaciones, es recomendable consultar fuentes sanitarias fiables y plantear las preguntas a un equipo médico de confianza, que podrá explicar la información teniendo en cuenta la situación individual.
El reencuentro con otras personas puede producir alivio y esperanza, pero también emociones intensas. Tras un periodo prolongado de distanciamiento, volver a relacionarse puede requerir tiempo y adaptación.
La ansiedad ante la reapertura
La disminución de las restricciones no elimina automáticamente la ansiedad acumulada. Algunos niños pueden preocuparse por volver al colegio o a espacios públicos; algunos adultos pueden sentir temor ante el transporte, las oficinas o las reuniones sociales.
También es posible experimentar ansiedad de reentrada después de haber reducido al mínimo las salidas durante meses. En estos casos, avanzar de forma gradual puede facilitar la adaptación, siempre respetando las medidas de salud pública y los propios límites.
Para algunas personas, la pandemia también trajo cambios positivos: más tiempo en familia, menos desplazamientos, nuevas aficiones o una agenda social menos exigente. Las personas con ansiedad, trastorno de estrés postraumático o una personalidad más introvertida pudieron valorar especialmente ciertas modificaciones de ritmo.
Establecer límites que aumenten la sensación de seguridad puede ayudar durante la reapertura. No es necesario recuperar todas las actividades al mismo tiempo ni sentirse completamente bien de inmediato. La recuperación psicológica puede ser gradual, y el autocuidado y el apoyo profesional pueden acompañar ese proceso.
Vídeo sobre Salud mental durante la COVID-19: ¿dónde estamos ahora?
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.