Sentirse atrapado: un componente fundamental de la depresión
La depresión puede ir acompañada de una sensación persistente de estar atrapado, sin alternativas frente a las exigencias de la familia, el trabajo o el propio cuerpo. Cuando no es posible cambiar ciertas circunstancias, la aceptación, la validación del malestar y la búsqueda de vínculos o actividades significativas pueden ayudar a recuperar algo de bienestar y a atravesar los momentos difíciles.
Cuando la vida parece no ofrecer salida
En muchas personas con depresión aparece la impresión de no tener elección y de verse obligadas a someterse a lo que otros esperan o a lo que las circunstancias imponen. Estas presiones pueden proceder de los padres, de otros familiares, del entorno laboral o incluso del propio cuerpo.
A veces no es posible resistirse a aquello que se nos impone. Cuando la salud se deteriora y se han probado distintas opciones, puede ser necesario aprender a convivir con ciertas limitaciones físicas. Si una relación de pareja resulta infeliz y separarse no es una posibilidad viable, habrá que encontrar formas de hacerla más llevadera. Del mismo modo, cuando la carga de trabajo es excesiva, pero abandonar el empleo no es una alternativa, puede ser importante buscar otras fuentes de satisfacción.
Ampliar las fuentes de sentido
Cuando un ámbito de la vida genera frustración y no puede modificarse de inmediato, puede resultar útil cultivar actividades o relaciones valiosas fuera de ese espacio.
Por ejemplo, si la pareja mantiene una actitud muy crítica y no parece dispuesta a cambiar, quizá sea posible recuperar el contacto con una hija o un hijo con quien se había perdido la relación. También puede ser beneficioso participar en un grupo, una asociación o una comunidad espiritual donde establecer nuevos vínculos y encontrar una conexión gratificante con otras personas.
Aceptar sin negar el sufrimiento
La aceptación suele ser un primer paso cuando no podemos controlar determinadas circunstancias. No significa aprobar lo que ocurre ni renunciar a cualquier cambio posible, sino reconocer la realidad presente y dejar de luchar constantemente contra aquello que, por ahora, escapa a nuestro control.
Este proceso suele surgir de una combinación de frustración acumulada y de aprender a soltar aquello que no puede modificarse. Antes de aceptar una situación, es importante atender a las emociones que despierta y reconocer que tienen sentido.
Dar espacio a las emociones
Cuando aparecen la desesperación o la rabia, puede ayudar poner palabras a su origen con comprensión. Por ejemplo: «Es lógico que me frustre que mi pareja siga ignorándome, porque me siento desatendido y solo». O también: «Es comprensible que me abrume que mi cuerpo ya no funcione como antes» y «Es normal que no esté satisfecho con este trabajo, porque me esforcé mucho para progresar».
Cuando esas necesidades emocionales han sido reconocidas, resulta más fácil aceptar las circunstancias que han tocado. Al permitir que el dolor y la desesperanza se expresen, a menudo aparece una mayor sensación de calma.
Prestar atención a los momentos de alivio
La frustración rara vez permanece exactamente igual para siempre. Aunque hoy exista una intensa sensación de encierro, mañana puede aparecer una pequeña mejoría. El malestar puede regresar después, pero también es posible disfrutar, aunque sea durante un rato, de cierta tranquilidad.
Con frecuencia subestimamos esas pausas de descanso y serenidad porque centramos la atención en el sufrimiento que imaginamos que vendrá. Reconocer y disfrutar los momentos de alivio no elimina las dificultades, pero permite dar también espacio a las experiencias de calma que siguen estando presentes.
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Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.