Síntomas de la disforia de género: aparición, en niños y más
La disforia de género describe el malestar que puede aparecer cuando el sexo asignado al nacer no encaja con la identidad de género de una persona. Puede influir en la relación con el propio cuerpo, la familia, los estudios, el trabajo y la vida social. No todas las personas trans la experimentan, y comprender esta diferencia ayuda a reducir el estigma y favorecer el apoyo.
Qué significa la disforia de género
Según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, la disforia de género se refiere al malestar o sufrimiento que surge cuando el sexo asignado al nacer, generalmente masculino o femenino, no coincide con la identidad de género o con la forma en que una persona se siente internamente.
Durante un tiempo se utilizó el término «trastorno de identidad de género». La Organización Mundial de la Salud dejó de considerarlo un trastorno mental en 2019 y lo clasificó como una condición relacionada con la salud sexual. Este cambio reconoce que ser una persona trans no es una enfermedad mental y pretende reducir el estigma que afecta a las personas trans, no binarias, de género diverso o que no se ajustan a las normas de género.
La disforia de género y ser una persona trans o no conformista con el género no son exactamente lo mismo. Algunas personas trans experimentan una disforia intensa, mientras que otras no sienten ese malestar o lo viven de manera diferente.
Cuándo puede aparecer
En algunas personas, la disforia de género comienza durante la infancia. En una investigación, los participantes situaron, de media, sus primeros recuerdos relacionados con la disforia entre los 4 y los 6 años. A los 7 años, la mayoría podía recordar alguna experiencia de este tipo.
En otras personas, el malestar aparece alrededor de la pubertad, cuando los cambios corporales hacen más evidente la distancia entre el cuerpo y la identidad de género. También puede surgir durante la adolescencia o en la edad adulta.
La disforia puede ser constante o presentarse de forma intermitente. Algunas personas la sienten con mayor intensidad en determinados contextos, por ejemplo, al utilizar vestuarios, elegir una fila para entrar en un baño, comprar ropa o escuchar un nombre o pronombre que no refleja su identidad.
El debate sobre la aparición durante la adolescencia
Existe controversia en torno a la llamada «disforia de género de aparición rápida». Esta expresión procede de un estudio en el que algunos progenitores afirmaron que el malestar de sus hijos había aparecido de forma repentina y que podía estar relacionado con los grupos de iguales o las redes sociales.
La expresión no constituye un diagnóstico reconocido de forma general y sigue siendo objeto de debate en los ámbitos de la salud mental y de las comunidades LGBTQIA+. Se necesitan investigaciones más amplias y rigurosas para comprender mejor cómo se desarrolla la identidad de género y cómo influyen los distintos factores personales y sociales.
Señales y efectos posibles
Cada persona vive la disforia de género de una forma distinta. Para algunas, se manifiesta como la sensación persistente de que algo no encaja; para otras, puede alterar profundamente la manera de verse a sí mismas y de relacionarse con los demás.
- Baja autoestima.
- Aislamiento social.
- Tristeza o depresión.
- Ansiedad.
- Dificultades relacionadas con la alimentación.
- Descuidar la higiene o el cuidado personal.
- Conflictos en las relaciones interpersonales.
- Consumo problemático de sustancias.
- Mayor riesgo de autolesiones o pensamientos suicidas.
Estos efectos no significan que la identidad de género sea la causa de un problema de salud mental. Con frecuencia, el sufrimiento está relacionado con la falta de aceptación, la discriminación, la presión social, el rechazo familiar o las dificultades para expresar la propia identidad.
Manifestaciones en adolescentes y adultos
Para establecer un diagnóstico clínico de disforia de género, los síntomas deben mantenerse durante al menos seis meses y provocar un malestar significativo o dificultades importantes en ámbitos como la familia, los estudios, el trabajo, las relaciones o la vida social.
1. Diferencia entre el sexo asignado y la identidad de género
La persona puede sentir que su nombre, su aspecto, su voz, su anatomía, sus reacciones o determinados rasgos de su personalidad no encajan con el sexo que le fue asignado al nacer.
También puede experimentar la sensación de estar atrapada en un cuerpo que no siente como propio o percibir como extraña su imagen en el espejo. No todas las personas describen esta experiencia en términos binarios. Algunas sienten que su identidad se sitúa entre «hombre» y «mujer», fuera de esas categorías o que cambia con el tiempo.
2. Deseo de vivir con otro rol de género
Puede existir el deseo de vivir de manera parcial o permanente con otro rol de género. Esto puede incluir utilizar un nombre diferente y pronombres que reflejen mejor la identidad de la persona.
Por ejemplo, alguien cuyo nombre asignado al nacer es Samantha puede preferir llamarse Sam o Samuel y utilizar los pronombres «él» o «elle» en casa, en el centro educativo, en el trabajo o en todos esos contextos.
La expresión de género también puede modificarse mediante la ropa, el calzado, las joyas, el maquillaje o el peinado. Para algunas personas es importante que su identidad y su expresión de género estén alineadas, aunque no es una necesidad universal.
Algunas personas desean además obtener un reconocimiento legal de su identidad, por ejemplo, mediante el cambio del nombre o del marcador de sexo en documentos oficiales, de acuerdo con la legislación aplicable.
3. Deseo de modificar las características sexuales
Algunas personas sienten la necesidad de cambiar, ocultar o resaltar determinadas partes del cuerpo para que su apariencia se acerque más a su identidad de género o resulte más neutra.
- Pecho: utilizar prendas de compresión, prótesis o rellenos.
- Genitales: emplear técnicas para ocultarlos o crear una apariencia diferente.
- Voz: intentar elevar o profundizar el tono.
- Vello: favorecer su crecimiento o eliminarlo.
No todas las personas desean intervenciones médicas. Algunas pueden plantearse opciones de afirmación de género más permanentes, como tratamientos hormonales, cirugías faciales, intervenciones sobre la línea del cabello, aumento mamario, mastectomía u otras cirugías. Estas decisiones requieren información profesional, consentimiento informado y una valoración individual.
Disforia de género en la infancia
Durante los primeros años, los niños pueden vestir, jugar o comportarse de maneras que no coinciden con las expectativas sociales asociadas a su sexo. Esto forma parte de la diversidad del desarrollo y, por sí solo, no indica disforia de género.
Puede ser necesario prestar atención cuando existe un patrón persistente de preferencias o comportamientos y, además, el niño experimenta un malestar significativo por ello. En el marco del DSM-5, para considerar un diagnóstico deben estar presentes al menos seis señales durante seis meses o más, junto con una interferencia relevante en la vida cotidiana.
- Deseo intenso de pertenecer a otro género.
- Deseo de vestir con ropa asociada habitualmente a otro género.
- Preferencia por interpretar otro género en los juegos simbólicos.
- Preferencia por juguetes, juegos o actividades que suelen asociarse a otro género.
- Rechazo de juguetes, juegos o actividades que suelen asociarse al género asignado.
- Preferencia por compañeros de juego de otro género.
- Malestar con la propia anatomía sexual.
- Deseo de poseer las características sexuales de otro género.
La presencia de estas señales debe comprenderse dentro del contexto de cada niño. La exploración de los roles de género no equivale necesariamente a una identidad trans ni a un problema clínico. Lo relevante es valorar el malestar, la persistencia y el impacto en las relaciones, la escuela y otras áreas importantes.
Cómo buscar apoyo
Recibir información fiable y contar con un entorno respetuoso puede ayudar a comprender mejor lo que está ocurriendo. El acompañamiento psicológico especializado en diversidad de género puede ofrecer un espacio seguro para explorar la identidad, gestionar el malestar y afrontar posibles experiencias de rechazo o discriminación.
Las familias, parejas, amistades y profesionales educativos también pueden beneficiarse de grupos de apoyo y recursos de organizaciones LGBTQIA+. Escuchar sin juzgar, respetar el nombre y los pronombres elegidos y evitar presionar a la persona para que adopte una identidad concreta son formas importantes de acompañamiento.
La disforia de género puede ser manejable cuando existe apoyo social, acceso a atención respetuosa y posibilidades para expresar la identidad de forma segura. No es necesario atravesar este proceso en soledad.
Si existe riesgo inmediato
Si una persona está pensando en suicidarse, se ha autolesionado o corre un peligro inmediato, es importante contactar con los servicios de emergencia. En España puede llamarse al 112. También está disponible la línea 024 de atención a la conducta suicida. Si el riesgo afecta a un menor o joven LGBTQIA+, conviene buscar además una entidad especializada y avisar a una persona adulta de confianza.
Cuando sea posible, no conviene dejar sola a la persona en situación de riesgo. Retirar medios potencialmente peligrosos y facilitar el contacto con profesionales o servicios de crisis puede contribuir a mantener su seguridad hasta recibir ayuda.
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Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.