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Así se crían niños resilientes

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Los niños resilientes son solucionadores de problemas adaptables. Enfrentan situaciones desconocidas o difíciles y buscan soluciones prácticas para afrontarlas con confianza. Aunque la adultez trae responsabilidades, la infancia también presenta retos reales: cambios, acoso escolar, exámenes y emociones intensas. La resiliencia, aprendida y enseñada, ayuda a los niños a manejar la incertidumbre, pedir ayuda cuando es necesario y recuperarse de los tropiezos.

Qué es la resiliencia en la infancia y cómo cultivarla

La resiliencia en la infancia es la capacidad de afrontar la adversidad, adaptarse y aprender de las experiencias. No es un rasgo innato reservado para unos pocos; se enseña y se practica en casa y en la escuela. Conceptos clave incluyen confianza para resolver problemas, la habilidad de gestionar emociones y la disposición a buscar apoyo cuando es necesario. Este enfoque se apoya en estrategias específicas y en el ejemplo de los cuidadores.

1. No acomodar todas las necesidades

Lyons advierte que cuando intentamos proporcionar certeza y comodidad constante, obstaculizamos la capacidad del niño para desarrollar su propia resolución y dominio. Sobreproteger genera ansiedad adicional. Ejemplos habituales: un padre que llega una hora antes para vigilar la salida de la escuela y un niño de 7 años que duerme en un colchón en el suelo para evitar dormir solo en su habitación.

  • Esta intervención frecuente puede impedir que el niño descubra maneras propias de afrontar las situaciones.

2. Evitar eliminar todo el riesgo

Proteger demasiado a los niños puede privarlos de aprender resiliencia. Permitir riesgos adecuados y enseñar habilidades esenciales facilita su aprendizaje. Empieza pronto: el niño que obtendrá su permiso de conducir ya habrá aprendido a montar en bici y mirar a ambos lados desde los 5 años. Dar libertad según la edad ayuda a fijar límites y aumentar la autonomía.

3. Enseñar a resolver problemas

Si tu hijo quiere ir a un campamento de verano pero se siente inseguro, una respuesta ansiosa no debe ser la prohibición. Se trata de normalizar la nerviosidad y ayudarle a planificar. Pregúntale cómo podría practicar estar lejos de casa. Cuando el hijo de Lyons tenía miedo a su primer examen, corrieron estrategias para gestionar el tiempo y el estudio, involucrándolo en decidir qué hacer.

4. Enseñar habilidades concretas

Lyons se centra en habilidades específicas necesarias para manejar determinadas situaciones. Por ejemplo, enseñar a un niño tímido a saludar a alguien y a iniciar una conversación, o a pedir ayuda de forma adecuada, como preparación para posibles retos sociales y académicos.

5. Evitar preguntas de por qué

Las preguntas de por qué no suelen favorecer la resolución de problemas. Si dejamos la bici a la intemperie y preguntamos “¿por qué?”, la respuesta típica será “fui descuidado”. En su lugar, formula preguntas de tipo cómo, por ejemplo: “Tu bici se quedó fuera y la cadena se oxidó. ¿Cómo la arreglamos?” Buscando respuestas en internet o pensando en soluciones prácticas se aprende a afrontar la situación.

6. No dar todas las respuestas

En lugar de proporcionar todas las soluciones, empieza con “no lo sé” y, a continuación, fomenta la resolución de problemas. Esta estrategia empodera a los niños para tolerar la incertidumbre y pensar en posibles soluciones. Comienza con situaciones pequeñas para prepararles ante retos mayores. Por ejemplo, ante la pregunta “¿Voy a recibir una vacuna?”, di “no lo sé. Puede que sí; vamos a pensar cómo superarlo”.

7. Evitar lenguaje catastrófico

Cuida lo que dices alrededor de tus hijos. Los padres ansiosos tienden a hablar en términos catastróficos. En lugar de decir “es crucial aprender a nadar porque sería devastador si te ahogaras”, céntrate en “es importante aprender a nadar” y aborda la seguridad con prácticas adecuadas.

8. Permitir que tus hijos cometan errores

“El fallo no es el fin del mundo; es el punto de aprendizaje para decidir qué hacer a continuación”. Dejar que los niños cometan errores es doloroso para los padres, pero ayuda a aprender a corregirlos y a tomar decisiones más informadas en el futuro. Por ejemplo, si a tu hijo no le apetece ir a un entrenamiento, podría quedarse en casa; en el siguiente partido podría verse obligado a enfrentar la consecuencia de su decisión.

9. Ayudarles a gestionar las emociones

La inteligencia emocional y la autorregulación son claves para la resiliencia. Puedes enseñar a tus hijos que todas las emociones están bien; tras sentirlas, deben pensar en qué hacer a continuación. Si surge una rabieta, sé claro sobre el comportamiento aceptable: “Entiendo que estés enfadado, pero no vamos a tolerar este comportamiento.”

10. Modelar la adaptabilidad

Los niños aprenden observando a sus padres. Mantente sereno y coherente. “No puedes pedir a un niño que controle sus emociones si tú te alteras.” La crianza requiere práctica y todos cometemos errores. Cuando te equivocas, reconócelo y propone una forma diferente de manejar la situación en el futuro.

Guía práctica para fomentar la resiliencia en casa

Para ampliar información sobre resiliencia, puedes consultar recursos educativos sobre el tema.

Vídeo sobre Así se crían niños resilientes

Bibliografía

Autor

Autor Isaac Andrade Isaac Andrade Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar. Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.