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Cómo mi perro me ayudó a entender mi TOC

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Mi perro de rescate es la prueba viviente de que entender la ansiedad y los miedos que acompañan al trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) no es sencillo. Su constante rascarse, sus molestias y el esfuerzo por evitar ciertas conductas me llevaron a ver mi propia condición desde una nueva mirada. Esta historia explora por qué el TOC se malinterpreta y cómo la terapia puede ayudar.

Qué es el TOC y por qué se malinterpreta

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es una condición mental amplia y frecuentemente malentendida. Muchas personas que aceptan los trastornos de ansiedad y la depresión clínica no logran entender el TOC. Parte de la confusión proviene de desinformación y de la representación sesgada en los medios. el TOC se manifiesta de muchas formas y su “lógica” resulta difícil de explicar.

Obsesiones y compulsiones

El TOC consta de dos componentes: obsesiones, pensamientos intrusivos no deseados y persistentes; y compulsiones, acciones que se realizan para “aliviar” esos pensamientos. A veces la compulsión tiene una lógica: por ejemplo, creer que olvidaste cerrar la casa y revisar las cerraduras varias veces.

Para algunas personas, la compulsión busca eliminar el pensamiento; para otras, reducir la probabilidad de que se cumpla su miedo; para quienes temen que sus pensamientos profeticen sus miedos, puede ser ambas cosas. En otros casos, la compulsión parece no estar relacionada. Por ejemplo, pensamientos intrusivos de que todos sus seres queridos podrían morir y la mano que se retuerce. Aunque parezcan inconexos, tienen sentido para la persona en ese momento.

Así, una compulsión tiene similitud con rascarse un picor: aunque sepas que rascarse no solucionará el problema subyacente, buscas un alivio temporal. Existe una parte de ti que cree que la compulsión neutralizará o mitigará la amenaza.

A veces, rascarse empeora el sarpullido: abre la piel y provoca más inflamación. Del mismo modo, realizar esas conductas compulsivas no mejora la salud mental, pero en ese instante parece necesario.

Cuando mi perro pica, no siento la picazón; solo veo y oigo el rascarse. Y, de igual forma, a las personas nunca les ven las ideas obsesivas que me afectan a diario. Solo ven las compulsiones.

La terapia de exposición y la prevención de respuestas

La experiencia de las obsesiones sin involucrarse en las compulsiones es como sentir un picor sin poder rascarse. Las conductas compulsivas, como los rasguños, resultan irresistibles, aunque sepamos que no resolverán el problema subyacente.

Una de las terapias más utilizadas para el TOC es la exposición con prevención de respuestas (ERP). Con la guía de un terapeuta, se intenta permitir que las ideas obsesivas ocurran sin realizar la compulsión. Esto demuestra que el mundo no se desmorona si dejamos de actuar ante la compulsión.

Resistir la compulsión, como resistirse a rascarse, exige esfuerzo mental. En algunos días me siento agotada; hay momentos en que me veo forzada a ceder, pensando en un movimiento mínimo de las muñecas para “aliviar” la picazón. Cuando cedo, me siento frustrada porque mi TOC parece irracional. En esas ocasiones, recuerdo a mi perro: rascarse no lo ayuda, pero no lo convierte en un mal perro. Del mismo modo, no soy una mala persona si cedo a mis compulsiones: es una respuesta lógica ante un picor.

En el plano práctico, ERP enseña que las compulsiones no son necesarias para mantener la seguridad; pero para mí, requiere de autocompasión. Ser compasiva con mi perro ante su respuesta a algo fuera de su control me ayuda a serlo conmigo misma.

Sanación y avanzar

Cuidar de un animal puede enseñar mucho sobre cuidarse a uno mismo. Resolver la erupción de mi perro implicó mucha prueba y error: probar dietas caras, limpiar las zonas irritadas con limpiadores suaves y aplicar cremas recomendadas por el veterinario. Todo ello requiere paciencia, una cualidad que no creía poseer.

De forma análoga, manejar mi TOC ha exigido paciencia. En un mundo tan acostumbrado a la gratificación instantánea, es frustrante cuando las cosas no funcionan de inmediato. Este sentimiento aparece a menudo al abordar el TOC.

Una parte importante de la sanación ha sido reconocer que el “control” no es negro o blanco. En cierta medida, puedo controlar ciertas compulsiones, así como tú tienes control sobre si te rascas. Pero eso no significa que mi condición sea culpa mía, ni que sea fracaso cada vez que cedo a las compulsiones.

Entender mi TOC y enfrentarlo con amabilidad en lugar de enfrentarlo con dureza ha marcado la diferencia en mi proceso de sanación. Cada día voy mejorando, como mi mejor amigo de cuatro patas.

Sobre la autora

Sian Ferguson es una redactora independiente especializada en salud y cannabis basada en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Apasionada por empoderar a los lectores para cuidar su salud mental y física a través de información basada en la ciencia y presentada con empatía.

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Vídeo sobre Cómo mi perro me ayudó a entender mi TOC

Bibliografía

Autor

Autor Isaac Andrade Isaac Andrade Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar. Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.