Cómo no descuidar emocionalmente a tu hijo
Navegamos juntos por el turbio mar de la crianza y os ofrezco respuestas claras: tres objetivos que conviene conservar en la mente en todo momento y, además, exactamente cómo alcanzarlos. Si has cometido errores en la crianza, no estás solo/a. Criar es duro; para hacerlo bien hay que hacer frente a nuestros propios demonios y a las heridas no resueltas que trasladan a los hijos si no se actúa.
Los tres objetivos del padre o la madre emocionalmente sintonizados
1. Tu hijo se siente parte de algo: sabe que no está solo y que siempre estás de su equipo
El primer objetivo es que tu hijo perciba que forma parte de un sistema de apoyo. Sabe que no está solo y que tú siempre estás de su lado, incluso frente a dificultades. Este sentimiento fortalece la confianza y la seguridad emocional, y facilita que coopere y crezca con autonomía.
2. Tu hijo sabe que sus emociones importan y que está permitido sentirlas
El segundo objetivo es que lo que siente tenga significado para ti. Debe saber que es válido sentir, que tú te importas por lo que siente, y que sólo le exigirás conducta, no emociones. Esto evita que las emociones se perciban como un problema a ocultar y favorece un clima de apertura emocional.
3. Tu hijo aprende a tolerar, gestionar y expresar sus sentimientos
El tercer objetivo es enseñar herramientas para tolerar y expresar las emociones de forma adaptativa. Al aprender a identificar, regular y comunicar lo que siente, logra mayor resiliencia y relaciones más saludables a lo largo de la vida.
Qué dicen todos y qué debería decir un padre ideal
Lo que todos dicen
- Deja de llorar.
- ¿Por qué estás llorando?
- Dime cuando termines con ese berrinche.
- Está bien. Suéltalo todo. Luego hablamos.
- Bien, basta. Ya termino con esto.
- Tomemos un descanso para que ambos podamos calmarnos.
- Arregla esa actitud.
- Suenas enojado o molesto. ¿Lo estás?
- Debes pensar antes de actuar.
- ¿Cómo salió esto mal? Pensemoslo.
- Ve a tu habitación hasta que puedas comportarte mejor.
- Veo que estás enojado. ¿Es por eso?
- Vale, deja de llorar ahora para que podamos ir a la tienda.
- Mírame. Respira hondo. Contemos hasta cinco.
- No hay nada de qué estar nervioso.
- Todos se ponen nerviosos. Está bien.
- No me hables con ese tono.
- Intenta decir eso de nuevo, pero más amable para que pueda escucharte.
Lo que diría un padre ideal
- Estoy aquí para escucharte. Dime qué te pasa.
- Gracias por decirme cómo te sientes; voy a escuchar y ayudarte a calmarnos.
- Estoy contigo. Cuando termines, cuéntame qué ocurrió y qué te gustaría hacer al respecto.
- Vamos a tomarnos un momento para calmarnos y después hablamos.
- Estoy contigo; no voy a ignorarte ni menospreciar tus emociones.
- Si necesitas pensar antes de actuar, tómate un momento y luego lo discutimos.
- Qué pasó. Vamos a verlo juntos sin prisas.
- Ve a tu habitación si necesitas tranquilidad, y volveremos cuando puedas comportarte mejor.
- Veo que estás molesto; ¿es por algo concreto?
- Vamos a respirar y a enfocarnos para poder avanzar.
- No hay nada de qué estar nervioso. Estoy contigo.
- Todos nos ponemos nerviosos a veces. Está bien.
- Háblame con un tono respetuoso, por favor.
- Inténtalo otra vez, pero con palabras más amables para que pueda escucharte mejor.
La emoción como motor del comportamiento y la importancia de la educación emocional
Todos los niños tienen emociones muy intensas, pero no siempre cuentan con las habilidades para gestionarlas. Cuando nos sentimos frustrados u abrumados por su forma de expresarse, resulta difícil responder de forma adecuada. Nadie pretende avergonzar a su hijo por sentir, pero nuestra reacción puede enviar mensajes sutiles de que no debe sentir lo que siente.
La gran mayoría de los niños escucha estas ideas una y otra vez, y está bien que expresen emociones; el riesgo de negligencia emocional emerge cuando el mensaje es que las emociones deben ocultarse o reprimirse. Si bien responder a las emociones es un reto, nunca es tarde para empezar a hacerlo de forma más sensible y efectiva. Intenta usar las respuestas del “Padre perfecto” de forma regular, recordando que nadie es perfecto. Con el tiempo, observa si tu hijo responde de forma distinta y si su comportamiento mejora al aprender a gestionar sus propias emociones.
Para profundizar en la crianza emocionalmente sintonizada y en el desarrollo de una alta inteligencia emocional, y para evitar que la negligencia emocional se transmita entre generaciones, busca recursos sobre este tema y obras como Running on Empty.
Vídeo sobre Cómo no descuidar emocionalmente a tu hijo
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.