Tipos de clientes difíciles en la terapia: ¿Qué puede hacer un terapeuta?
Cuando los clientes presentan dificultades notorias, el terapeuta debe decidir si continuar trabajando o cortar la relación profesional. Para que la terapia funcione, es esencial establecer una buena sintonía basada en confianza, respeto y comunicación. A veces el desencuentro es un simple desajuste de personalidades o enfoques; otras veces, el comportamiento del cliente genera incomodidad o prueba límites.
Relación terapéutica, límites y encaje
Para que la terapia funcione, es fundamental contar con una base de confianza, respeto y buena comunicación. A veces, cuando las cosas no van bien, puede haber un desajuste entre el terapeuta y el cliente, debido a diferencias de personalidad o filosofía. En otras ocasiones, el cliente puede complicar la situación, de forma accidental o intencional, y el terapeuta podría necesitar establecer límites más firmes o incluso pedir al cliente que no vuelva.
¿Los terapeutas se frustran con los clientes?
Tradicionalmente se les ve como figuras serenas, pero los terapeutas también son humanos y pueden experimentar frustración. Aunque están entrenados para resolver problemas y ayudar, la frustración ante ciertas conductas de los clientes puede aparecer. Este desgaste varía según la formación y los rasgos de personalidad; algunos terapeutas manejan mejor a clientes difíciles que otros. En general, los enfoques más activos y centrados en la intervención suelen obtener mejores resultados con este tipo de casos.
Tipos de clientes difíciles en la terapia
Existen varios perfiles que pueden hacer que una sesión sea más compleja. En muchos casos, la coerción por parte de familiares, supervisores laborales u otras circunstancias puede generar resistencia, aunque no se aplica a todos los casos.
Clientes obligados a la terapia
Los clientes obligados por terceros pueden sentir resentimiento por estar allí. Aunque la motivación para cambiar es importante, el terapeuta puede ayudar a encaminar al cliente hacia ese punto de motivación.
Clientes que son argumentativos
Algunos cuestionan de forma automática todo lo que dice el terapeuta, ya sea para sentirse en control o por placer en el enfrentamiento.
Clientes que requieren ayuda de emergencia
Si un cliente presenta intoxicación crónica, enfermedad física grave o síntomas psicóticos, la estabilización de otros profesionales es prioritaria antes de iniciar la terapia.
Clientes que esperan que el terapeuta haga todo el trabajo
Algunos quieren que el terapeuta lleve todo el peso del proceso sin asumir su propio trabajo para la curación.
Clientes que cruzan límites
Puede resultar difícil para un terapeuta empático fijar límites con clientes necesitados o agresivos, como llamadas para conversar fuera de horario personal. En estos casos, es importante establecer límites claros y firmes.
Qué pueden hacer los terapeutas con un cliente difícil
Los terapeutas pueden tratar de resolver conflictos, pero si el cliente es especialmente difícil, resistente o tóxico, pueden pedir que no vuelva. En casos menos extremos, la decisión depende del terapeuta, de su estilo y de sus políticas. A continuación se presentan las “tres reglas de oro” propuestas por Tyrrell sobre cómo responder a clientes difíciles:
- Nunca tomes el comportamiento difícil de forma personal; la resistencia puede convertirse en impulso para el cambio. Por ejemplo, decir: «Entiendo que no quieras estar aquí, y está bien».
- El comportamiento difícil puede reflejar una necesidad no atendida. Si el cliente solo habla y no escucha, quizá necesite ser escuchado; si resiste la ayuda, podría manifestar un deseo de control. Es humano y, a veces, útil mostrar una pizca de frustración para favorecer la autoconciencia.
- Es natural sentirse molesto a veces; no obstante, mantener un límite claro y una respuesta honesta puede favorecer el progreso. La expresión adecuada de la frustración puede ser un aviso útil para el cliente y para la dinámica terapéutica.
Qué hacer si sientes que tu terapeuta está frustrado contigo
La evidencia indica que una parte de los pacientes requiere un número mínimo de sesiones para lograr recuperación, por lo que conviene mantener la terapia si el progreso es positivo. Si las cosas no avanzan, puede ser razonable explorar otras opciones. Un profesional puede proponer aclarar la situación con el terapeuta o empezar a buscar a otro; si no se observa mejora significativa en las primeras sesiones, considerar un cambio puede ser adecuado. Reconocer que el terapeuta puede sentirse frustrado puede ayudar a ver el propio comportamiento desde otra perspectiva. Si tras revisar tu conducta no se encuentra nada problemático y la conducta del terapeuta parece desproporcionada, podría ser el momento de buscar otra ayuda. En cualquier caso, el profesional no debe tomarse el comportamiento del cliente como algo personal y debe mantener su propio equilibrio emocional para poder ayudar.
Implicaciones para la práctica clínica
Se estima que alrededor de una de cada diez personas en Estados Unidos recibe asesoramiento o terapia cada año. La terapia debe ser una experiencia positiva para todas las personas implicadas; si se vuelve tóxica u hostil, es probable que no funcione. Aunque los terapeutas pueden frustrarse, esto no suele ser suficiente para abandonar la terapia y, a menudo, la situación es resoluble. En última instancia, la comunicación abierta, honesta y respetuosa entre terapeuta y cliente es clave para que la terapia sea un espacio saludable y productivo.
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Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.