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4 formas ocultas en las que opera la vergüenza

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La vergüenza es ese doloroso sentimiento de sentirse defectuoso. Su intensidad puede ser tan brutal que nos empuja a evitarla. A menudo opera de forma oculta, lo que la hace más perjudicial. Este texto revisa varias formas en que la vergüenza se manifiesta en la vida diaria y ofrece claves para identificarla y abordarla con mayor claridad.

Defensividad

La defensividad es una forma de protegernos de emociones desagradables. La vergüenza es a menudo una emoción que no nos permitimos experimentar porque puede ser tan debilitante. Si nuestra pareja está molesta por llegar tarde, podríamos reaccionar diciendo: “Bueno, llegamos tarde a la película la semana pasada porque tardaste mucho en prepararte”. Ser defensivo es una forma de evitar asumir responsabilidad por nuestro comportamiento. Si igualamos responsabilidad con culpa, evitaremos enfrentarla. Encontramos una manera de transferir nuestra vergüenza a los demás culpándolos y mostrándonos indignos cuando alguien se atreve a sugerir que no somos perfectos. Si no estamos paralizados por la vergüenza, quizá reconozcamos que la otra persona tiene sus propios sentimientos sobre nuestra tardanza. No significa que haya algo malo en nosotros. Si hay algo en nosotros que siente vergüenza por contribuir al dolor o la tristeza de alguien, es probable que nos pongamos a la defensiva en lugar de escuchar sus emociones y, tal vez, pedir disculpas.

Perfeccionismo

El deseo irreal de ser perfecto suele ser una defensa frente a la vergüenza. Si somos perfectos, nadie puede criticarnos; nadie puede avergonzarnos. Se dice que un perfeccionista es alguien que no tolera cometer el mismo error más de una vez. Podemos estar tan cargados de vergüenza que no permitimos que existan imperfecciones humanas. Mantenemos una fachada que parece buena ante el mundo, dedicamos mucho tiempo a la apariencia y ensayamos lo que decimos para evitar decir algo que consideremos tonto o que no funcione bien. Alcanzar la hazaña imposible de la perfección exige mucha energía. La vergüenza que impulsa la búsqueda de la perfección puede agotarnos. Las personas perfectas no existen. Intentar ser alguien que no somos para evitar ser avergonzados crea una desconexión con nuestro yo auténtico.

Disculparse

La vergüenza puede llevarnos a disculparnos en exceso y a ser excesivamente conformistas. Suponemos que los demás tienen razón y nosotros estamos equivocados. Con la esperanza de difuminar un ataque de vergüenza, crítica o conflicto, solemos decir rápidamente “lo siento”. Podemos retirarnos de los encuentros interpersonales cuando la vergüenza ha debilitado nuestro sentido de seguridad. Por el contrario, una vergüenza profunda e inconsciente puede impedir que digamos: “Lo siento, me equivoqué, cometí un error”. Podemos estar tan fuertemente gobernados por esta vergüenza oculta que no queremos exponernos a ridículos imaginados. Asociamos la vulnerabilidad humana con debilidad y vergüenza. Piensa en algunos políticos que rara vez, si es que alguna vez, admiten haber estado equivocados. Son carentes de vergüenza, o intentan serlo. Pueden proyectar una imagen de perfección para ocultar una inseguridad profunda. Rara vez cambian de opinión, lo que plantea la pregunta de si realmente tienen una opinión. Como decía sabiamente Lewis Perelman: “El dogma es el sacrificio de la sabiduría a la consistencia.” Las personas seguras y confiadas pueden admitir con libertad cuándo se han equivocado. Tienen una fortaleza interior y resiliencia que provienen de saber que no son personas perfectas. Cuando detectan vergüenza, no se avergüenzan de tenerla. Reconocen que se necesita valor para admitir defectos. Los sociópatas no sienten vergüenza. Las personas sanas pueden incorporar una vergüenza sana: no implica que haya algo malo en ellas. A medida que crecemos, entendemos que no hay nada vergonzoso en cometer un error o estar equivocados. No puede haber crecimiento sin reconocer nuestras deficiencias y percepciones erróneas.

Procrastinación

Nuestras razones para procrastinar pueden resultarnos confusas. Hay cosas que queremos lograr y es difícil entender por qué seguimos posponiéndolas. Una vergüenza oculta a menudo impulsa nuestra procrastinación. Si consideramos hacer un proyecto artístico, escribir un artículo o buscar un nuevo trabajo y no sale bien, podríamos quedarnos paralizados por la vergüenza. Si nunca lo intentamos, no tendremos que enfrentar el posible fracaso y la vergüenza que lo acompaña. Por supuesto, podríamos continuar deprimidos o vivir la vida de forma más limitada, pero la parte de nosotros que teme la vergüenza está protegida y a salvo, al menos por ahora. Sacar la vergüenza a la luz nos da más opciones. Si permitimos que esté, podemos aprender a tratar este sentimiento con amabilidad hacia nosotros mismos al reconocer la vergüenza. Podemos darnos cuenta de que es natural sentir vergüenza a veces. Como decía el autor Kimon Nicolaides: “Cuanto antes cometas tus primeros 5000 errores, antes podrás corregirlos.” Sacar la vergüenza a la luz da a la vergüenza la oportunidad de sanar. Mantenerla oculta la mantiene operando de forma destructiva y secreta. Tomar conciencia de la vergüenza silenciosa que opera dentro de nosotros, tal vez con la ayuda de un terapeuta, puede ser una forma útil de traer esta emoción reservada a la luz, difuminar su poder y avanzar en nuestra vida de una manera más empoderada.

Vídeo sobre 4 formas ocultas en las que opera la vergüenza

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.