6 tipos de personas difíciles y cómo tratarlas
Todos nos enfrentamos a personas difíciles en nuestra vida diaria. Aunque esas características pueden ser exageradas, es probable que las veas en el trabajo, entre amigos o incluso en seres queridos. La investigación psicológica ha propuesto varias formas de afrontar a estas personas: colegas o jefes hostiles, quejones, excesivamente agradables, sabiondos, pesimistas y retrasadores.
El compañero de trabajo hostil o el jefe
- Requiere tacto y fortaleza: conviene asegurar que la persona ha recibido un trato justo.
- Intenta satisfacer sus necesidades en la medida de lo posible sin reforzar su agresividad ni favorecerla injustamente.
- Evita interacciones que aviven emociones intensas o amenazas de violencia.
- No interactúes con la persona cuando esté bebiendo o portando armas; evita provocar más enojo ni parecer temeroso o sumiso.
- En la mayoría de los casos, la retaliación severa es contraproducente; la hostilidad tiende a escalar.
- Si es posible, desvía la atención de la persona hacia una tarea significativa o una conversación serena para que la ira se reduzca.
- Ofrece información que explique la situación que le molesta e identifica similitudes o intereses comunes entre él/ella y tú.
- Muestra o promueve métodos calmos y racionales para resolver diferencias; cualquier enfoque que lo haga pensar en otra posibilidad suele ayudar.
Ejemplos de pautas para calmar a una persona enfadada: reducir el ruido, mantener la calma, reconocer que la persona ha sido perjudicada (si es cierto) o, al menos, reconocer sus sentimientos sin juicio; pedirle que explique la situación para corregir errores; escuchar sus quejas sin contraatacar; expresar tus sentimientos con enunciados en primera persona sin culpar; mostrar que te importa pero fijar límites ante la violencia, “Me gustaría resolverlo contigo, pero tendré que llamar a la policía si no puedes controlarte”.
El quejoso crónico
¿Qué pasa con los quejones crónicos? Son propensos a señalar fallos, a culpar y a estar convencidos de lo que debe hacerse, pero a menudo no logran corregir la situación por sí mismos. A veces tienen razón en que existen problemas reales, pero sus quejas no resultan eficaces (salvo para demostrar que alguien más es responsable).
- Primero, escucha y haz preguntas aclaratorias, incluso si te sientes culpable o acusado injustamente.
- Qué evitar: no estar de acuerdo con las quejas, no pedir disculpas de inmediato y no volverse excesivamente defensivo o contraatacar, porque eso solo hará que las quejas se intensifiquen.
- En segundo lugar, a medida que reúnes hechos, adopta una actitud orientada a la resolución de problemas: sé serio y solidario; reconoce los hechos; pon las quejas por escrito con detalle; involucra a otros en la recopilación de más datos que puedan conducir a una solución.
- Además de lo que está mal, pregunta: “¿Qué debería ocurrir?”
- Si la queja es hacia otra persona, no tú, podrías preguntar: “¿Ya se lo has dicho a la persona afectada?” o “¿Podemos organizar una reunión con ella?”
- En tercer lugar, planifica un momento específico para tomar decisiones de forma cooperativa que ayuden a la situación y cúmplelo.
La persona super-agradable
¿Qué pasa con las personas que son extremadamente amables y asienten con la cabeza a tus ideas hasta que llega el momento de actuar, y entonces retroceden o desaparecen? Buscan aprobación y, probablemente, aprendieron que la forma de obtener amor es demostrar que realmente te importan o admirarlos. También suelen prometer más de lo que cumplen.
- No intentes “engrasarlos” ni ganarte su favor con halagos; sé directo y claro.
- Reafírmales que seguirás viéndolos favorablemente incluso si dicen la verdad, y pídeles que sean francos para facilitar la conversación: “¿Qué parte de mi plan está bien, pero podría ser mejor?”
- Ayúdalos a evitar prometer cosas que no pueden cumplir: “¿Seguro que puedes entregarlo para esa fecha? ¿Qué te parece dos semanas más tarde?”
- Hazles saber que valoras su amistad y que estás dispuesto a ceder porque confías en que serán justos.
El sabiondo
El sabiondo verdadero
Los verdaderos expertos pueden parecer superiores y hacer que otros se sientan tontos; suelen ser obstinados e impacientes ante opiniones distintas, son autosuficientes, no buscan ayuda y no desean cambiar. Si vas a tratar con un verdadero experto como igual, debes hacer bien tu trabajo; de lo contrario, te desestimará.
- Primero, escúchalo y parafrasea con precisión sus puntos. No ataques sus ideas; plantea preguntas que sugieran alternativas: “¿Podrías contarme más?”, “¿Qué crees que ocurrirá en cinco años?”, “¿Tal vez no sea viable, pero podríamos considerar…?”
- En segundo lugar, muestra respeto por su competencia, pero no te menosprecies.
- Por último, si el experto no aprende a considerar las ideas de otros, puede ser prudente aceptar un rol subordinado como su “ayudante”.
- Los verdaderos expertos merecen respeto.
El sabiondo pretencioso
El sabiondo pretencioso suele ser más fácil de tratar porque a menudo no se da cuenta de lo poco que sabe. Puede ser confrontado suavemente con los hechos, preferiblemente a solas para que no pierda la cara; en general, solo busca ser admirado.
- Aborda los hechos con tacto y dale la oportunidad de explicarse; evita humillarlo y ayuda a que conserve la dignidad.
El pesimista
Otro “peso” para cualquier grupo es el pesimista, la persona que siempre dice “no funcionará” o “ya lo intentamos”. Estas personas pueden arrastrar a la gente y avivar la duda. Por ello, evita quedar atrapado en su desánimo; no discutas de inmediato y no ofrezcas soluciones precipitadas. En cambio, haz afirmaciones optimistas y fomenta una lluvia de ideas que explore múltiples alternativas.
- Pregunta por las peores consecuencias de cada alternativa para permitir que el pesimista participe, pero úsalo de forma constructiva.
- También pregunta: “¿Qué ocurriría si no hacemos nada?”
- Invita a la ayuda de todos, pero prepárate para trabajar solo si es necesario, ya que el pesimista podría no voluntariarse.
El que retrasa
Cada grupo tiene un “retrasador”, la persona que pospone decisiones por miedo a que alguien esté descontento. A diferencia del super-agradable, el retrazador quiere ser realmente útil. Por ello, facilita que tenga una opinión para discutir y tomar decisiones.
- Descubre sus preocupaciones reales y evita exigir acciones rápidas; ayuda a examinar los hechos y a considerar compromisos o planes alternativos.
- Ayúdale a priorizar y decidir qué opción tiene más peso, con claridad sobre la decisión.
- Apoya la ejecución efectiva de la decisión y ofrece tranquilidad durante la implementación.
Estas pautas son puntos de partida para afrontar a las personas difíciles en la vida. Si deseas profundizar técnicas y ideas para mejorar tu vida, existen recursos de autoayuda que ofrecen enfoques adicionales.
Vídeo sobre 6 tipos de personas difíciles y cómo tratarlas
Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.