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9 tipos de desesperanza y cómo recuperar la esperanza

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Vivir sin pasión, sin expectativas positivas o sin entusiasmo puede volverse doloroso. Sin embargo, la sensación de desesperanza no tiene por qué ser permanente. Cada persona tiene su propia definición de esperanza y desesperanza, pero las emociones que sentimos son reales y válidas. La desesperanza puede ser una respuesta natural y universal ante eventos personales y mundiales que afectan nuestra vida, e incluso un síntoma de depresión u otros trastornos.

La esperanza y sus vínculos con necesidades vitales

La esperanza está relacionada con tres necesidades humanas básicas que, cuando se satisfacen, facilitan un sentido de seguridad y propósito. Según Scioli y Biller, estas necesidades pueden sostenernos ante los retos de la vida y ayudar a enfrentar la ansiedad y la adversidad.

  • Apego: una esperanza de proximidad física, intimidad y vínculos emocionales, y de unidad espiritual.
  • Maestría: una esperanza de productividad y logros en las distintas áreas de la vida.
  • Supervivencia: una esperanza de superar desafíos físicos, ansiedad, pérdida y miedo, y de construir resiliencia.

Si estos vínculos se satisfacen, solemos decirnos que todo va bien en esas áreas y actuamos a partir de esas creencias. Si alguna de estas necesidades se ve comprometida durante el desarrollo, es posible que aparezca la desesperanza.

Nueve formas de desesperanza: ¿con cuál te identificas?

La desesperanza se manifiesta de forma diferente en cada persona. Scioli y Biller señalan nueve formas puras de la emoción, agrupadas en tres ejes: alienación, desamparo y falta de inspiración; impotencia, opresión y limitación; y condena, cautiverio e indefensión. A continuación se describen las formas y sus rasgos característicos.

Alienación, desamparo y falta de inspiración

  • 1. Alienación (esperanzas de apego): surge al sentir que los demás se han olvidado de ti o no te incluyen como igual; te sientes diferente y vincularte con otros es un reto, por lo que puedes evitar a los demás.
  • 2. Desamparo (esperanzas de apego y supervivencia): nace al sentir que otros te abandonan cuando más los necesitas, lo que genera desconfianza hacia los demás y hacia tu entorno.
  • 3. Falta de inspiración (esperanzas de apego y maestría): aparece cuando no te sientes estimulado mentalmente o creativo, y te sientes bloqueado o incapaz de ser creativo en parte o en toda tu vida.

Impotencia, opresión y limitación

  • 4. Impotencia (esperanzas de maestría): la sensación de que tus acciones no influyen en otros ni en el mundo, y de que careces de la fortaleza para decidir o cambiar; dependes de lo que otros decidan o hagan.
  • 5. Opresión (esperanzas de apego y maestría): implica la sensación de no recibir un trato justo o igual, especialmente a nivel sistémico; las dinámicas sociales pueden generar una desesperanza ligada a la discriminación.
  • 6. Limitación (esperanzas de maestría y supervivencia): percibes que no tienes suficientes recursos o habilidades para lograr tus metas, o te enfrentas a restricciones físicas o financieras.

Condena, cautiverio e indefensión

  • 7. Condena (esperanzas de supervivencia): la sensación de estar condenado a un resultado negativo en la vida, que puede derivar de experiencias tempranas o de enfermedades crónicas o terminales.
  • 8. Cautiverio (esperanzas de supervivencia y apego): se manifiesta si has vivido en prisión física o en una relación abusiva que te hizo sentir que no eras libre para actuar; también puede ocurrir si te quedas en situaciones dañinas porque sientes que mereces sufrir.
  • 9. Indefensión (esperanzas de supervivencia y maestría): la sensación de no poder defenderte ni actuar sin la ayuda de otros.

Cómo superar la desesperanza

Quizá te hayas reconocido en una o varias formas de desesperanza. Superar esta emoción es posible y hay estrategias para gestionarla. Si convives con condiciones de salud mental como trastorno bipolar, depresión, ansiedad o trastorno de estrés postraumático, es especialmente recomendable buscar el apoyo de un profesional de la salud mental para abordar todos los síntomas y posibles traumas no resueltos. También puede ser útil reevaluar tus pensamientos distorsionados, que pueden mantenerte en patrones de desesperanza.

El primer paso para superar cualquier forma de desesperanza es identificar qué pensamientos distorsionados son los más presentes. Después, es útil reframing o reevaluar esas distorsiones para considerar otras posibilidades de la situación. Un terapeuta, especialmente con formación en terapia cognitivo-conductual (TCC), puede acompañarte en este proceso. Mientras tanto, puedes probar estas medidas iniciales:

Alienación, desamparo y falta de inspiración: distorsiones comunes

  • Lectura de la mente: creer saber con certeza lo que otros están pensando, sin evidencias adecuadas.
  • Todo o nada: valorar las situaciones en blanco o negro, sin reconocer matices o zonas grises.
  • Generalización excesiva: tomar un solo hecho y convertirlo en una regla que se aplica a todo.

Trabajar estas distorsiones puede ayudar a sentir más esperanza. Busca evidencia que contradiga la creencia de que no tienes apoyo o que no puedes ser creativo cada vez que surja esa idea.

Si convives con alguno de estos tres tipos de desesperanza, también se recomienda buscar relaciones de apoyo a pesar de tus miedos o dudas. Puedes unirte a grupos de apoyo con personas que compartan tus valores, experiencias o inquietudes, participar en causas de voluntariado, cursos profesionales o unirte a organizaciones de carácter espiritual.

Impotencia, opresión y limitación: distorsiones

  • Saltos a conclusiones: llegar a una conclusión con evidencia limitada o nula.
  • Catastrofización: magnificar la relevancia de un evento o prever el peor desenlace posible.
  • Falacias de control: creer que no tienes control total o que lo único que ocurre está en tus manos.

Concentrarte en la situación presente en lugar de en los resultados futuros puede ayudarte a recuperar la esperanza. Si sientes que un diagnóstico médico define tu vida, informarte sobre la condición y las experiencias de otras personas puede ser útil. Unirse a grupos de apoyo para personas con desafíos similares también puede aportar recursos y perspectivas. Si hay traumas no resueltos, buscar un profesional con enfoque en trauma puede ser beneficioso. Algunas personas encuentran útil explorar enfoques somáticos para procesar las experiencias físicas relacionadas con el trauma.

Condena, cautiverio e indefensión: distorsiones

  • Descalificar lo positivo: restar valor a los aspectos positivos y centrarse en los negativos.
  • Personalización: tomar todo de forma personal o asumir que eres responsable de cómo se sienten los demás.
  • Etiquetado: definirte a ti mismo y a los demás a partir de una única característica o acción y juzgar cada gesto por esa etiqueta.

Si ves que estas distorsiones dominan tu pensamiento, puede ayudar hacer una lista de opuestos para contrarrestarlas y considerar otras posibles explicaciones de lo ocurrido. La reatribución, que consiste en identificar factores que no controlas y que pueden haber influido en la situación, también puede ser útil en lugar de culparte únicamente a ti mismo.

Qué podemos aprender para restaurar la esperanza

La desesperanza puede surgir como respuesta natural a experiencias ante la vida; también es el resultado de pensamientos basados en experiencias pasadas. Aunque parezca difícil, es posible recuperar la esperanza con apoyo adecuado y la reevaluación de nuestras ideas. Con el tiempo, es posible volver a sentir entusiasmo y optimismo, incluso en medio de las dificultades.

Vídeo sobre 9 tipos de desesperanza y cómo recuperar la esperanza

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.