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¿Alguien te guarda rencor?

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Los rencores pueden agotar nuestras fuerzas internas. Sostener uno de ellosmina nuestra tranquilidad y autoestima, incluso cuando creemos que la otra persona lo merece. Quizá hayas oído que guardar rencor es como beber veneno esperando que el otro muera. A su vez, ser objeto de un rencor ajeno puede dañar nuestra estabilidad emocional y nuestra capacidad para brillar.

Qué podemos aprender de quienes guardan rencor

Desarrollar la compasión

Una persona que guarda rencor suele portar una herida emocional. Cada quien tiene una historia que explica su forma de ser. Quizá nunca conozcamos los detalles, pero podemos comprender que quienes demonizan a otros actúan desde emociones no resueltas de cuando fueron heridos, culpados o avergonzados por alguien cercano. Quienes guardan rencor temen hacerse emocionalmente vulnerables y pueden carecer de conciencia sobre la forma hiriente en que expresan su hostilidad. No han procesado por completo sus emociones para manejarlas de manera más sana. Por ello, es útil cultivar la compasión y, de nuevo, no tomar su resentimiento como algo personal.

Ejemplos para entender la dinámica

  • Ejemplo 1: Una esposa guarda rencor contra su marido por no haber reconocido su cumpleaños. Se siente herida, pero no lo expresa; se retrae física y emocionalmente. ¿Debe centrarse en cuánto se siente rechazado él? ¿O preguntar qué necesita para reparar la relación?
  • Ejemplo 2: Una antigua conocida que solía ser amable pasa a mostrarse con hostilidad. Después de que la disculpa pareció no importar, la relación se deteriora. A veces, la persona que guarda rencor no cambia aunque otros hagan esfuerzos.

Intentar mejorar la situación

Puede ser difícil preguntar qué está mal, pero preguntar puede aclarar posibles malentendidos. Si crees que has fallado, pregunta qué ha pasado. Si corresponde, ofrece una disculpa sincera y pide perdón, sin esperar necesariamente recibirlo. Considera cómo podrías hacer enmiendas. Recuerda que solo puedes controlar tu propio comportamiento, no el de los demás. Pedir perdón puede ayudar o no; algunas personas siguen aferradas al rencor. En ese caso, puede servir recordar la Oración de serenidad para enfocar la atención en lo que sí puedes cambiar: “Dénme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar (solo en mí), y sabiduría para distinguir la diferencia.”

Mantener la distancia puede ser la mejor estrategia

Estar cerca de alguien que guarda rencor puede provocar un dolor emocional o físico significativo, incluso si se han hecho esfuerzos por mejorar la relación. Nadie debe sentirse obligado a permanecer en una situación malsana. Si no es posible cortar el contacto, la mejor solución puede ser mantener una distancia. Algunas personas evitan lugares donde esperan encontrar al rencoroso; otras asisten a eventos y gestionan la situación manteniendo la distancia física necesaria para disminuir el malestar.

Un rencoroso puede ayudarnos a crecer

Preguntarnos, “¿Qué puedo aprender de esto?” —como hizo Carla en la historia anterior— implica reconocer que la vida o lo trascendente pueden ofrecernos oportunidades de crecimiento personal. Al aprender a manejar el resentimiento de alguien hacia nosotros, crecemos. Ya sea que la persona cambie o no, hemos mostrado humildad al preguntar qué sucedió, pedir disculpas o buscar perdón. Esto es más humano que ceder a la retaliación, y ayuda a aceptar el malestar sin que nos defina.

La revelación de Carla: “Con mi presencia, también agravaba la situación”

Tras varios intentos fallidos por recomponer su relación con Joelle, Carla descubrió que su propia presencia activaba a la otra persona y que, a veces, sus respuestas estaban cargadas de defensividad. Comprendió que no solo la agitaba Joelle, sino que ella también contribuía a la tensión. Este insight la llevó a responder con reflexión y amabilidad, tomándose un momento para centrarse antes de actuar, y a intentar comportarse con respeto hacia Joelle y hacia sí misma.

Mantén tu autoestima

Las heridas emocionales no tratadas tienden a quedarse. Algunas personas, por no procesar su dolor, descargan su malestar en personas puntuales, acumulando rencores. No podemos cambiar a los demás, pero sí podemos elegir ver al rencoroso con compasión, sin permitir que nos humille o nos desplace. Esto implica mantener un autocontrol similar al que desearíamos ver en la otra persona: responder con asertividad, a veces ignorar, y tomar acciones que indiquen crecimiento personal. Al final, avanzar en la vida y centrarnos en nuestros objetivos reduce el tiempo que dedicamos a rumiar sobre un rencor y nos mantiene orientados hacia aquello que queremos lograr.

En definitiva, gestionar el resentimiento ajeno puede fortalecer nuestra resiliencia y nuestra capacidad para vivir con propósito. Si surge la molestia, podemos afrontarla con empatía, límites saludables y acciones que nos permitan seguir adelante sin que el rencor defina nuestra historia.

Vídeo sobre ¿Alguien te guarda rencor?

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.