Cerebro rojo, cerebro verde
Ya he escrito sobre el cerebro ansioso y lo difícil que es vivir con la constante vigilancia ante el peligro y la sobreinterpretación de riesgos. El cerebro rojo es un modo reactivo que roba recursos para sanar y expresarse, dificulta la autorregulación y genera un desamparo interior crónico. En cambio, el cerebro verde favorece la calma, la conexión y la amabilidad.
El cerebro rojo y el cerebro verde
El concepto describe dos modos de funcionamiento: el cerebro rojo es el modo rápido y reactivo que alerta ante peligros y consume recursos que podrían usarse para sanar y expresarse. El cerebro verde es un estado más regulado y conectado, que facilita la calma, la seguridad y la amabilidad. Mantener este estado verde también facilita que las personas a nuestro alrededor se sintonicen con ese estado.
El cerebro rojo dificulta la autorregulación y puede generar una sensación de desamparo interior crónico. En contraste, el cerebro verde favorece la seguridad y la satisfacción, y la conexión con los demás. Mantener este estado facilita que quienes nos rodean también se sientan más cerca de ese estado.
Cómo cultivar el cerebro verde
La idea central es pasar más tiempo en el cerebro verde para favorecer que se mantenga ese estado. Empieza de forma simple y pequeña. Propongo empezar por tus 5 sentidos.
Hoy hace 41 grados Celsius (105 grados Fahrenheit) fuera. Tengo un pequeño aire acondicionado ruidoso en mi despacho, pero hoy agradezco la brisa fresca que llega a mis brazos y a mi rostro, para poder saborear una taza de té caliente mientras escribo. Me detengo 10 segundos para sentir esa sensación y agradecerla. Eso es todo. Sonríe; al principio fue duro, pero los segundos finales me hubieran permitido quedarme allí todo el día.
Propón un reto para hoy, solo por un día para empezar. Presta atención a las vistas, olores, sonidos, sensaciones y sabores que aportan un pequeño momento de placer a tu día. Hazlo despacio, absorbe la experiencia y sitúa tu atención un poco más hacia el cerebro verde y un poco más lejos del cerebro rojo.
Consejos prácticos para cultivar el cerebro verde
- Dirige la atención hacia algo agradable.
- Inhala la experiencia y permite que se intensifique.
- Dedica tiempo a ello y acompáñalo de presencia.
- Saborealo, como lo harías con tu comida favorita.
- Repite un recuerdo agradable. Mantén a mano fotos, recuerdos, correos y otros recordatorios.
- Haz algo pequeño que te haga sentir bien. Reproduce una canción, estírate, sal al exterior y siente el sol. Cualquier elección, sé plenamente presente con ello.
- Reflexiona sobre una fortaleza de tu carácter que haya brillado hoy.
- Haz lo mismo por alguien que conoces.
- Mira una foto de un amigo y observa qué sucede en tu corazón.
Vídeo sobre Cerebro rojo, cerebro verde
Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.