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Cómo dejar de castigarte por equivocarte

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Tendemos a castigarnos por una infinidad de errores: decisiones equivocadas, comentarios desafortunados, no regresar a estudiar cuando éramos más jóvenes, endeudarnos, permanecer en relaciones tóxicas demasiado tiempo, fracasar en una entrevista laboral, no ser productivos, ser demasiado sensibles, equivocarnos al deletrear o presentar de forma monótona. la lista parece interminable. Y, desde luego, nos castigamos durante días, meses o años, como un registro insultante que se repite una y otra vez. Este artículo explora por qué surge ese patrón y propone cinco estrategias útiles para tratarlo con mayor amabilidad y realismo.

Qué hay detrás de la autocrítica y su impacto

Los clientes de Rachel Dack suelen convertir un pequeño error, una mala decisión o un mal comportamiento en un fracaso permanente. Le dan “demasiado poder” a ese fallo sobre su autoestima y les cuesta verlo como una experiencia aislada. Un error pasa a ser “siempre fallo” o “nunca hago las cosas bien” o “mi vida está arruinada”, afirma Dack. Algunas personas creen que deben ser implacables con sus errores para motivarse; sin embargo, lo que ocurre suele ser justo lo contrario: se genera un ciclo de estancamiento y desánimo, al desvalorarse en lugar de canalizar la motivación que buscan, señala la psicoterapeuta y coach de relaciones.

Otra preocupación común es que mostrar su humanidad pueda perjudicarles personal o profesionalmente. “No importa cuál fue el error, lo que lo hace insoportable es que permitieron que se viera una fisura en su armadura”, explica Laura Reagan, terapeuta integradora de traumas. A veces el miedo a equivocarse proviene de experiencias de infancia o juventud: haber sido castigado, insultado o juzgado. En lugar de aprender que los errores son inevitables, se instala la vergüenza, y hoy la gente intenta evitar la crítica a toda costa. El deseo de ser amado, aceptado y valorado puede generar expectativas poco realistas, perfeccionismo y un crítico interno severo.

Estrategias útiles para tratar la autocrítica con amabilidad

Directa compasión hacia tu crítico interior

Reagan propone que la autocompasión es la mejor forma de enfrentarse a un crítico interior sarcástico. Aborda la voz interna dando unas respiraciones profundas y preguntando: “¿Qué quieres que sepa? ¿Qué necesitas?” Por ejemplo, puede que una parte de ti tema no ser agradable o perder el empleo por un fallo más. También puedes revisar cómo se siente tu cuerpo ante el miedo, la tristeza, la preocupación o la duda. Habla contigo mismo con la misma compasión que usaría alguien que amas: di cosas para reconfortar a esa parte de ti, como si cuidaras a un niño pequeño que está pasando por emociones incómodas. En el trabajo, podrías decirte: “Sé que da miedo, tienes miedo de perder el trabajo. Está bien sentir miedo.” A menudo, honrar tus emociones y darte consuelo hace que su intensidad se disminuya.

Ver los errores como impulsos de crecimiento

Considera tus errores o decisiones erradas como oportunidades de crecimiento, autodescubrimiento, reflexión y aprendizaje. Un ejemplo fue el de una clienta que se castigaba por permanecer en una relación con una pareja tóxica y enviarle mensajes esperando que cambie. Al empezar a ver sus acciones como una ruta hacia el autoconocimiento, descubrió que intentaba protegerse de empezar de nuevo, de estar sola y de enfrentar posibles rechazos en el futuro. Al reconocer sus propias necesidades y asumir responsabilidad, comenzó a abrirse y a valorar lo que quiere en una pareja, fortaleciendo su fortaleza personal y su capacidad para elegir con más claridad.

Ser realistas: planificar pasos concretos

Intentar hacer “todo bien” o de forma perfecta es agotador y poco realista, lo que aumenta la desilusión. En su lugar, revisa tu tiempo, tu motivación y tu esfuerzo, recordándote que las metas requieren tiempo, constancia y energía. Para ser más realista, sé específico y planifica tus próximos pasos. Elimina del vocabulario palabras absolutas como “siempre” o “nunca” y sustituye los deberías por un lenguaje centrado en tus valores. Por ejemplo, transforma “Debería aceptar todas las invitaciones para que mis amigos me quieran” en “Equilibraré mi vida social con mis necesidades y descanso” o “Le diré a mis amigos que cuando esté agotado necesito tomar distancia para cuidar de mí”.

Observar más, juzgar menos

Practica la atención plena para observar tus pensamientos y emociones sin juicios ni apegos. Pon un temporizador durante 5 minutos y concéntrate en tu respiración. Usa la respiración como ancla y permite que los pensamientos y emociones pasen como agua en un arroyo o como un tren en una vía. Si notas que te juzgas o te aferras a un pensamiento, regresa a la respiración. Ancla tus pies en el suelo para volver al momento presente.

Practicar el autocuidado

Cuando estás agotado, intentas hacer más y más y te exiges trabajar más, no solo cometes más errores, sino que tu crítico interno se intensifica. El autocuidado es crucial. Puede expresarse en escuchar tu música favorita, caminar en la naturaleza, descansar cuando lo necesitas, conectar con personas que te apoyan, dedicar tiempo a bailar y jugar, y dormir lo suficiente. Cuidarte evita que el tono de la autocrítica se haga más fuerte y recurrente.

Con paciencia, es posible cultivar la autocompasión y convertir las fallas en lecciones útiles. Puedes empezar poco a poco, tratar tus actos con amabilidad y recordar que eres humano e imperfecto. Y, sobre todo, seguir cuidándote con ternura.

Vídeo sobre Cómo dejar de castigarte por equivocarte

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.