Cómo (y cuándo) encontrar un terapeuta de parejas
Cuando tú y tu pareja discutís una y otra vez y no lográis avanzar, la terapia de pareja puede ser la solución. Si os sentís distantes, malentendidos, enfadados y resentidos, o si uno de vosotros parece desinteresado, la terapia de pareja suele ayudar más que el trabajo individual. También cuando la vida sexual se ha reducido y deseáis más intimidad, o ante la posibilidad de infidelidad para salvar la relación.
Cuándo puede ayudar la terapia de pareja
La terapia de pareja es especialmente útil cuando se repiten las discusiones sin resolver, hay distancia emocional, malentendidos frecuentes, enojo y resentimiento, o cuando uno de los dos siente que ya no hay interés en la relación. También es adecuada si se quiere recuperar la intimidad, o ante la posibilidad de infidelidad si se quiere salvar la relación.
Qué puede lograr la terapia de pareja
La intervención busca que ambos aprendan a trabajar juntos para resolver problemas y fortalecer la relación. Entre sus beneficios suele estar:
- Alinear a ambos para actuar como un equipo y resolver conflictos.
- Aprender a apoyar y sanar al otro, fortaleciendo la conexión emocional.
- Dirigir la relación hacia patrones más positivos, incluso si la composición de la relación cambia.
Formación y credenciales del terapeuta
Es relevante saber que pocos programas de posgrado en psicología, trabajo social o consejería ofrecen la formación y supervisión específicas para el trabajo con parejas. Muchos profesionales aprenden trabajando con talleres y formaciones internas; esto no significa necesariamente falta de cualificación, pero conviene buscar credenciales específicas para el trabajo con parejas.
- Terapeutas licenciados de matrimonio y familia (LMFT) poseen un máster o doctorado en terapia de matrimonio y familia y al menos dos años de experiencia clínica.
- Cada estado establece requisitos para obtener la licencia en terapia de matrimonio y familia; algunos han incorporado a ciertos profesionales a partir de criterios previos cuando se creó la licencia para trabajo con parejas.
- La información específica suele estar disponible en la web de la junta de licencias de tu estado.
Cómo encontrar a un terapeuta de parejas
A continuación algunas vías habituales para localizar un profesional cualificado:
- La American Association for Marriage and Family Therapy (AAMFT) es la organización profesional de los clínicos que trabajan con parejas. En su sitio web, utiliza la herramienta de localizador de terapeutas como punto de partida para buscar a alguien cualificado.
- Consulta la lista de proveedores preferidos de tu seguro.
- ¿Hay una universidad cercana? Llama al departamento de psicología para preguntar si ofrecen terapia de parejas gratuita o de bajo coste a través de su programa de posgrado; los estudiantes brindan tratamiento bajo supervisión y con énfasis en trabajo con parejas.
- ¿Existe una clínica de salud mental comunitaria? El departamento de admisiones suele conocer las credenciales de sus terapeutas y puede facilitar referencias a terapeutas privados y sus especialidades.
- A veces, los abogados de divorcio o profesionales médicos o religiosos pueden sugerir nombres de terapeutas con buena reputación para trabajo de parejas.
- No olvides pedir recomendaciones a amigos, familiares o colegas; suelen ser una buena fuente de información.
Qué preguntar cuando llames para pedir cita
Antes de empezar, es útil plantearte estas preguntas para evitar sorpresas:
- ¿El terapeuta está licenciado como terapeuta de matrimonio y familia? Si no, ¿qué formación y supervisión específica para trabajo con parejas ha recibido?
- ¿Cuánto tiempo lleva trabajando con parejas y qué porcentaje de su práctica es con parejas? ¿Qué porcentaje de parejas mejora o permanece junta?
- ¿Qué porcentaje de parejas que trabajan con este profesional deciden permanecer juntas, o se separan de forma sana? ¿Qué criterios utiliza para valorar el éxito?
- ¿Cuál es su filosofía y actitud respecto al matrimonio? ¿Considera el matrimonio como un objetivo legítimo y sostenible para las parejas que desean fortalecer o recuperar su vínculo?
Qué hacer si mi pareja no quiere acudir
Hay varias razones por las que alguien puede mostrarse reticente a iniciar el trabajo en pareja. A veces la conversación sobre terapia forma parte del conflicto; también puede haber miedo a ser culpado, estigma o pérdida de esperanza. En general, presionar demasiado reduce la probabilidad de participación. En vez de ello, agenda una cita con el terapeuta y asiste; el profesional puede ayudar a encontrar formas más eficaces de hablar y a comprender tu propia contribución a los problemas. Si tu pareja ve tus esfuerzos, podría sentirse más inclinada a comenzar el trabajo en pareja.
¿Qué pasa si uno de vosotros ya está en terapia?
A veces es adecuado que una persona continúe con la terapia individual si el trabajo en pareja se incorpora. En otras ocasiones conviene abrir una nueva relación terapéutica para evitar sesgos derivados de la historia de la terapia individual. La decisión debe ser compartida y cuidadosa.
Muchas parejas se benefician de suspender la terapia individual cuando trabajan específicamente en problemas de pareja, de modo que los temas de la relación se trabajen en las sesiones de pareja para evitar que el material se disperse en sesiones individuales.
¿La terapia de pareja funciona?
El éxito depende de la experiencia del terapeuta y de la voluntad de la pareja para trabajar y realizar cambios. Según la American Association for Marriage and Family Therapy, la mayoría de parejas que se comprometen seriamente a la intervención reportan una mayor satisfacción y una recomposición del compromiso. Incluso cuando se separan o divorcian, muchas parejas afirman que la consejería les ayudó a hacerlo con menos hostilidad y con lecciones aprendidas.
Vídeo sobre Cómo (y cuándo) encontrar un terapeuta de parejas
Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.