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Comprender el ciclo de la culpa

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El ciclo de la culpa es una trampa emocional que parece no tener salida: hagas lo que hagas, acabas sintiéndote mal. Conozco este patrón porque me ha llevado semanas escribir este artículo, y durante ese tiempo he estado dando vueltas en la rueda de la culpa. Muchos buscan romperlo y aligerar esa carga de obligación y peso.

Comprender el ciclo de la culpa

El deber

El punto de partida es volverse consciente de un «deber», como «debería llamar a mi madre». Este «deber» surge del deseo de obtener aprobación, tanto interna como externa.

Acción o inacción

Del deber nace la posibilidad de actuar o de no actuar. La acción consiste en seguir el guion y hacer lo que crees que la otra persona, grupo u organización quiere que hagas, o incluso lo que parte de ti quiere. Llamar a tu madre puede mantener la paz y evitar sentir culpa. La inacción implica desconectarte, contenerte o quedarte atascado para evitar la culpa. Por ejemplo, cuando estaba escribiendo este artículo, a menudo caía en la inacción porque me sentía paralizado por la presión que me imponía a mí mismo.

La culpa, inevitable

Y hagas lo que hagas, la culpa es ineludible. El ciclo apunta a que ya no vives en tu propio interés; estás en la rueda y dejas que otros la hagan girar. Mientras permanezcas en este ciclo cerrado, no hay escape: todas las decisiones conducen a la misma conclusión: sentirás culpa.

La culpa, la autoaceptación y las relaciones

Fundamentalmente, la culpa está ligada a la autoaceptación. En ciertas relaciones somos amados de forma condicional: para ser amados hay que hacer algo por alguien. Si no se cumplen sus deseos, la aprobación y el afecto se retienen. Esta norma es fácil de entender y, si se repite, puede que la internalices y te digas a ti mismo: «si hago esto, entonces soy digno de respeto y amor».

seguimos buscando aprobación externa para complacer a los demás por delante de nuestras propias necesidades. Con el tiempo es posible que pensemos que no tenemos necesidades o que no se nos permite tenerlas, lo que nos sumerge directamente en el ciclo de la culpa y nos hace dar vueltas.

Un caso práctico: Rachel y su hermana

Una antigua cliente, Rachel, mantenía este tipo de relación con su hermana mayor. Quería llevarse bien con ella y temía decepcionarla. Había aprendido a seguir las reglas de su hermana y a hacer lo que le pedía para recibir su amor y apoyo emocional, así como para escapar de su enfado.

Si no cumplía una petición o la hacía a la manera de su hermana, experimentaba de inmediato una profunda sensación de culpa. Lo describía como un peso en el pecho y en el abdomen y reconocía que le provocaba dolores de cabeza y de estómago. Su confianza estaba por los suelos.

El camino hacia la autoaceptación es un proceso. Uno de los primeros pasos para Rachel fue entender su ciclo de culpa. En concreto, identificó que llevaba consigo la decepción y la frustración de su hermana cuando se sentía culpable. Su hermana proyectaba esas emociones y Rachel era la portadora de ese equipaje emocional. Así es como funciona el ciclo de la culpa.

Con el tiempo, Rachel empezó a darse cuenta de que se encontraba en una situación sin salida con su hermana. La aprobación que buscaba tenía que nacer desde dentro. Hablamos de su crítico interno y Rachel reconoció la voz de su hermana en ese juicio severo que oyó dentro de sí misma.

Todos estos descubrimientos marcaron el inicio de un cambio significativo para Rachel. Al tomar conciencia de la naturaleza de su pauta, empezó a ver una vía de escape del ciclo.

Vídeo sobre Comprender el ciclo de la culpa

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.