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Cuando eres una mamá muy sensible

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Cuando una persona es altamente sensible, la maternidad puede agudizar sus sensibilidades. Los niños son ruidosos, impredecibles y a menudo desordenados, lo que resulta agotador y provoca el deseo de refugiarse en un lugar tranquilo. Sin embargo, el aislamiento no siempre es viable para las madres; las PAS suelen necesitar momentos a solas para descansar, regularse y cuidar su salud emocional y física.

Vivir la sensibilidad en la maternidad

La convivencia diaria con el ruido, las emociones intensas y las exigencias de crianza puede dejar a las madres PAS sintiéndose desbordadas. La falta de tiempo a solas, la fatiga por la falta de sueño y la necesidad constante de percibir el dolor o el malestar de los hijos pueden generar un agotamiento emocional y físico significativo.

Historias y enfoques reales

La experiencia de Karin Monster-Peters

Karin Monster-Peters, Psy.D., psicóloga y madre de tres, se identifica con estas batallas. Relata haber llegado a un agotamiento extremo cuando dos hijos, separados apenas por 14 meses, no dormían; su cuerpo prácticamente se desplomó y llegó a no poder levantar los brazos para consolar a su bebé. Desarrolló un trastorno del sueño que más tarde derivó en fibromialgia y vivió una crisis existencial que la llevó a cuestionarse quién era y por qué le ocurría. Comprendió que necesitaba espacios para reconectar con otras partes de su identidad. Contrató a una niñera y reabrió su consulta, enfocándose en trabajar con personas altamente sensibles y padres PAS.

Estrategias prácticas para cuidar de ti

Honra tus tendencias

Descubre qué funciona mejor para ti y qué no funciona y tiende a agotar. Identifica lo más importante para ti, establece límites claros y protégelos. Intenta no compararte con otras madres ni con la forma en que hacen las cosas. Como señala Rebecca Eanes, autora y madre PAS de dos, “No puedo ser la mamá que planifica grandes fiestas y que involucra a mi hijo en todos los deportes y extracurriculares.” Deben existir días en blanco para descansar el sistema nervioso y recargar energías.

Prioriza actividades calmantes

Monster-Peters se levanta temprano para practicar yoga y meditación, y se acuesta temprano para darle a su cuerpo el tiempo suficiente de procesamiento. “El sueño y el movimiento son las dos vías principales para que el cuerpo de la PAS tenga espacio para procesar todos los estímulos que llega constantemente.” ¿Qué tipos de movimiento disfrutas? Puede ser bailar, caminar, correr, usar pesas o hacer clases de algo que te guste.

Pequeños actos de autocuidado

Incorpora pequeñas acciones de relajación, confort y calma a tu día. Cada pocos minutos, realiza varias respiraciones profundas y lentas; enciende una vela de lavanda; utiliza un difusor con tu aceite esencial favorito; escucha música clásica de fondo; sal a la calle, contigo y con tus hijos, siempre que sea posible. Piensa en ideas simples para calmar tus nervios y tu alma a lo largo del día.

  • Respira profundamente de forma consciente varias veces al día.
  • Enciende una vela de lavanda para crear un ambiente tranquilo.
  • Utiliza un difusor con tu aceite esencial preferido.
  • Escucha música clásica o sonidos suaves de fondo.
  • Sácate a pasear o a tomar aire a solas, y añade a veces a tus hijos para compartir momentos tranquilos.

Crear rutinas

La autora ha diseñado rutinas que sostienen sus necesidades. Por ejemplo, realiza su trabajo profundo por las mañanas, cuando su cuerpo está “vacío de estímulos”; por las tardes, se ocupa de otras tareas como la compra y la cocina. ¿Qué rutinas puedes crear para nutrirte a ti y fortalecer el vínculo con tus hijos?

Construir una red de apoyo

Ha trabajado con muchas mujeres agotadas por la falta de ayuda y subraya la importancia de aceptar ayuda, incluso si no se ajusta exactamente a lo que imaginas. “Una clienta cuyo padre quería ayudar con las niñas terminó colapsando por no aceptar esa ayuda.” Si tienes pareja, comunica tus necesidades con claridad y acuerda cómo pueden afrontar juntos la crianza. Si no puedes pagar ayuda, prueba un sistema de intercambio de cuidado o quedadas para darte un respiro.

Cuando reconocemos nuestra sensibilidad y nos cuidamos con compasión, encontramos mayor plenitud y menos estrés. Contamos con la energía emocional y física y el espacio mental para escuchar, acompañar y conectar profundamente con nuestros hijos. En definitiva, podemos obtener lo que necesitamos y, a su vez, nuestros hijos pueden obtener lo que necesitan de nosotras.

Vídeo sobre Cuando eres una mamá muy sensible

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.