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Cultivar la autocompasión

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Cuando algo sale mal, o surge un error, muchas personas se señalan a sí mismas con dureza. Se flagelan por cualquier fallo y permiten que la autoestima se debilite ante decepciones y triunfos. La autoestima suele ser inestable, pero existe algo más sólido: la autocompasión. Practicarla, ya sea ante triunfos o fracasos, puede fortalecer el bienestar y el rendimiento sin depender de la suerte.

La autocompasión como base para el bienestar y el rendimiento

La autocompasión, propuesta por la psicóloga Kristin Neff, Ph.D., se apoya en tres componentes fundamentales: amabilidad hacia uno mismo, humanidad compartida y atención plena. A diferencia de la autoestima, no depende de los resultados y, ya sea que ganes o pierdas, puedes mantener la misma amabilidad y comprensión contigo mismo. A continuación se describen estos tres pilares y se proponen ejercicios prácticos para desarrollarlos.

Amabilidad hacia uno mismo

En su libro, Neff explica que la amabilidad hacia uno mismo significa abandonar el juicio constante y el lenguaje interno despectivo que muchos consideramos normal. En lugar de condenar nuestros errores, es útil entenderlos y consolarnos. La autocompasión evita la autocrítica, que daña nuestro bienestar y genera tensión y ansiedad; la amabilidad genera calma, seguridad y satisfacción.

Ejercicio

  • Cuando te sientas alterado, date un abrazo o muévete suavemente; el calor y el cuidado físico suelen ser reconfortantes.
  • Si te resulta difícil, imagina recibir un abrazo; la experiencia real o imaginada puede aportar un efecto calmante.
  • La evidencia sugiere que el contacto físico libera oxitocina, aporta seguridad y ayuda a calmar emociones y reducir el estrés cardiovascular.

Humanidad compartida

La humanidad compartida es reconocer la experiencia humana común. Como señala Neff, es distinta de la autoaceptación o del amor propio, y ninguna de las dos por sí sola basta. La compasión implica reconocer a los demás y, aún más, reconocer que todos somos falibles, que estamos interconectados y que todos sufrimos. De hecho, la compasión significa “sufrir con” a los demás.

Neff aplica esta idea a su vida cuando descubrió que su hijo tiene autismo. En lugar de sentirse “pobre de mí”, intentó abrir su corazón a todos los padres que hacen lo mejor posible en circunstancias difíciles, y comprendió que no era la única que pasaba por momentos duros. Esta perspectiva dio lugar a dos cambios: aceptar la imprevisibilidad de ser humano y reconocer que otros padres lo viven peor. La autocompasión también facilita la acción y le dio la serenidad para tomar medidas que, en última instancia, ayudaron a su hijo.

Ejercicio de la humanidad compartida

  • Piense en un rasgo que a menudo te criticas y que forma parte de tu definición personal, como ser tímido o perezoso.
  • Responde: ¿Con qué frecuencia muestras ese rasgo? ¿Quién eres cuando no lo muestras? ¿Aún eres tú?
  • ¿Qué circunstancias hacen aparecer este rasgo? ¿Realmente te define si solo se manifiesta bajo ciertas condiciones?
  • ¿Qué circunstancias te han llevado a desarrollar este rasgo, por experiencias de la infancia o la genética?
  • Si estas fuerzas externas influyeron en su desarrollo, ¿es correcto pensar que el rasgo refleja tu yo interior?
  • ¿Tienes elección sobre mostrar este rasgo? ¿Lo elegiste al inicio?
  • ¿Qué pasaría si reformularas tu autodescripción? Por ejemplo, pasar de “soy una persona irascible” a “a veces, en ciertas circunstancias, me enojo.” ¿Cambiaría algo?
  • ¿Qué podrías hacer para cultivar una visión más compasiva hacia ese rasgo?

¿Qué pasaría si “reformulas” tu autodescripción? El cambio de enfoque puede abrir más espacio, libertad y paz mental, según Neff.

Atención plena

La atención plena es claramente ver y aceptar lo que está sucediendo ahora, sin juicio. La idea es ver las cosas tal como son, sin más ni menos, para responder a la situación con la mayor compasión y eficacia posible.

La atención plena nos da perspectiva. Muchos de nosotros estamos acostumbrados a centrarnos en nuestros defectos, lo que distorsiona la visión y socava la autocompasión. Podemos quedar completamente absortos por nuestras supuestas imperfecciones, perdiendo de vista el sufrimiento que provocan y la posibilidad de responder con compasión. En cuanto algo va mal, conviene detenerse varias respiraciones, reconocer que estamos pasando por un momento difícil y reconocer que merecemos responder a nuestro dolor con cuidado.

Ejercicio

  • Una forma útil de promover la atención plena es la práctica llamada “notación” u observación consciente: ver y nombrar todo lo que piensas, sientes, oyes, hueles y percibes.
  • Elige un lugar cómodo y siéntate entre 10 y 20 minutos. Reconoce cada pensamiento, sentimiento o sensación y pasa al siguiente.
  • Ejemplos: “picor en el pie izquierdo”, “emoción”, “un avión pasando por encima”.
  • Si te pierdes en pensamientos, di para ti mismo “pensando”.
  • Según Neff, esta habilidad facilita estar más presente y ofrece la perspectiva necesaria para afrontar situaciones desafiantes de forma más eficaz.

La práctica de la autocompasión puede requerir esfuerzo, pero es una vía valiosa, empoderadora y liberadora para vivir. ¿Qué significa la autocompasión para ti? ¿Qué te ayuda a ser más compasivo contigo? ¿Qué parte de practicarla te resulta más difícil?

Vídeo sobre Cultivar la autocompasión

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.