Dejar de juzgar
El costo de juzgar es alto, especialmente para personas emocionalmente sensibles. Imagina vivir sin temer el juicio, ya sea de los demás o de ti mismo. Juzgar y temer ser juzgado a menudo te mantiene en una prisión emocional: actúas para encajar en normas que no te convienen ni son realistas, limitando tu libertad y tu autoestima.
El costo del juicio y el miedo al juicio
El miedo a ser juzgado puede convertir las decisiones y las acciones en una prisión emocional. Juzgar a los demás y a uno mismo se apoya a menudo en reglas simplistas que no capturan la complejidad humana, y ha provocado daños y sufrimiento a lo largo de la historia. Este artículo explora por qué juzgamos, qué efectos tiene y cómo empezar a soltar esos juicios.
La raíz de los juicios
Los juicios suelen basarse en “reglas” que no tienen mucho sentido. La historia está llena de juicios contra grupos que provocaron horrores y daños graves. Se ha considerado inferior a personas por su género, color de piel, lugar de residencia, idioma, aspecto u ocupación. Muchos miramos hacia atrás con pesar ante esas atrocidades, pero seguimos juzgando a diario a nosotros mismos y a los demás. Las personas evalúan constantemente en términos de bueno o malo, olvidando que lo que describen son las consecuencias de acciones y eventos, no la persona. Cuando dices que alguien es buena persona por su voluntariado en albergues para personas sin hogar, quieres decir que sus acciones benefician a otros. Cuando dices que alguien es estúpido por permanecer con una pareja cruel, te refieres a que esa decisión puede causarle daño, y eso es difícil de aceptar. Decirlo con mayor claridad puede cambiar las emociones que experimentas.
Impacto en la identidad y las relaciones
Las juicios reiterados pueden evitar que desarrolles un sentido sólido de identidad, de pertenencia y de relaciones íntimas. Los juicios también incrementan la tristeza, la ansiedad y la depresión. Cuanto más duro te juzgas, más probable es que te sientas aislado y ajeno a la vida. Es difícil sentir que formas parte de la experiencia vital cuando te distancias a través de los juicios.
Cómo soltar los juicios
Soltar los juicios es un proceso que requiere práctica repetida. A continuación se presentan enfoques prácticos que pueden ayudar a reducir su poder emocional y a favorecer relaciones más saludables y una vida más auténtica.
Conciencia plena (mindfulness)
La conciencia plena de tus pensamientos es un primer paso. Debes ser consciente de tus juicios para poder soltarlos. La conciencia plena también puede ser la forma de soltarlos. Observa tus pensamientos sabiendo que son solo pensamientos y no necesariamente verdades. Reconoce tus juicios, etiquétalos como juicios y déjalos pasar. Con la práctica, podrás sonreír, decir “eso es un juicio” y seguir con tu día.
- Reconoce cuando surgen juicios y nómbralos como tales.
- Déjalos pasar sin actuar sobre ellos ni creerlos.
- Practica soltarlos para reducir su influencia sobre tu ánimo y tu conducta.
- A medida que pasa el tiempo, podrás sonreír y decir: “eso es un juicio” y continuar con tu día.
Reformulación de juicios en términos de consecuencias
Cuando te des cuenta de que estás juzgando, mira cuál es el verdadero significado. ¿Qué consecuencias tiene lo que está haciendo la otra persona para ti o para los demás? Los juicios suelen referirse a consecuencias para ti o para otros. Expresa las consecuencias en lugar de usar “bueno” y “malo” y añade la emoción que acompaña a esas consecuencias. Por ejemplo: “Ella dijo algo tan cruel que me sorprendió y me hirió.”
Reformular el juicio en metas o en la valoración de los demás
También puedes convertir el juicio en metas para ti o en una apreciación de los demás. En lugar de decir: “Ella siempre está tan arreglada y yo soy un desastre”, di: “Ella es hábil para combinar su ropa. Quiero aprender a hacerlo.”
Buscar lo que se está dejando fuera
Todos tienen fortalezas y debilidades. Las comparaciones suelen hacerse de forma superficial, mirando tus debilidades en términos de las fortalezas de otra persona y sin la información completa. Cuando te juzgas, considera lo que estás dejando fuera y la imagen más amplia. Tal vez no aprobaste un examen y, al mismo tiempo, estabas cuidando a tu madre enferma. Tal vez las habilidades académicas no son tu punto fuerte y, sin embargo, eres un gran bailarín. Tal vez la empleada de la tienda estaba de mal humor por una lista de responsabilidades; o tal vez estaba bajo presión para sostener a su familia.
Usar la validación
Los juicios suelen invalidar a otros y/o a ti mismo. Una forma de soltarlos es convertirlos en declaraciones de validación. Puedes decirlas en voz alta para regular tus emociones. En lugar de decir “eres estúpido”, di: “el cambio toma tiempo y necesito ser paciente conmigo para mantenerme comprometido y alcanzar mi objetivo.” Haz lo mismo con los demás. En lugar de “es un capullo”, di: “está diciendo cosas hirientes y no sabe gestionar su ira de forma saludable. Mi tarea es mantenerme a salvo, no aumentar su enojo ni convertirme en su blanco.”
Recordar que juzgar también puede referirse a decir algo es “bueno”
Recuerda que juzgar también puede consistir en valorar algo como “bueno”. El problema de usar juicios positivos es que también implica que algo pueda ser “malo”. Ser más descriptivo, como se ha explicado, evita la simplificación de “bueno” o “malo.”
Vídeo sobre Dejar de juzgar
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.