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Delusiones del codependiente

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Uno de los momentos más dolorosos para una persona codependiente es aceptar que una relación no va a funcionar como se imaginaba. Terminar suele ser estresante y es natural hacer todo lo posible para conservarla. Sin embargo, la codependencia —y, sobre todo, la adicción al amor— implica invertir más esfuerzo, tiempo y recursos de los que aporta la pareja, con frecuencia generando enojo, agotamiento y resentimiento.

Qué es la codependencia y cómo se vincula con la adicción al amor

La codependencia se caracteriza por la creencia de que uno puede y debe influir en las emociones y decisiones de los demás para mantener la conexión. Este patrón se intensifica cuando hay una adicción al amor, que convierte la relación en una fuente de validación. En estas dinámicas, la persona invierte más esfuerzo y recursos que su pareja, con frecuencia a costa de su propio bienestar.

Orígenes en la infancia

Estas ideas suelen originarse en experiencias infantiles, cuando la persona llega a creer que tiene el poder de hacer felices, enfadar o avergonzar a los padres con su comportamiento. Muchos codependientes asumen que si actúan de cierta manera, los demás serán felices y la familia se mantendrá unida para siempre. Esto crea una sensación de poder sobre los sentimientos ajenos.

Fronteras internas y desarrollo de límites

Las codependencias suelen carecer de límites internos sanos. El límite interior nos contiene y nos permite compartir nuestra realidad de forma adecuada. Si el límite es demasiado rígido, se mantiene todo dentro y no se expresa. Si es demasiado laxo o inexistente, se da más de lo que la otra persona necesita o quiere, a menudo dañando.

Impacto emocional y conductas para mantener la relación

Cuando la relación parece que se va, las personas codependientes pueden recurrir a conductas desesperadas para que el vínculo sobreviva. A continuación se describen algunas de estas dinámicas y por qué resultan dañinas.

  • Suplicar o implorar para que la otra persona permanezca.
  • Volverse inconsolable ante la posibilidad de pérdida.
  • Amenazar el futuro de la relación con frases como “lo lamentarás”, “estás cometiendo un grave error” o “nunca encontrarás a alguien como yo”.
  • Hacer sentir a la pareja que es responsable del propio futuro, diciendo cosas como “nunca podré amar de nuevo” o “no seré feliz sin ti”.
  • Entrar en depresión profunda, llegando a contemplar ideas extremas.
  • Proponer cambios una y otra vez para que la relación sea intermitente en lugar de terminar con dignidad.
  • No expresar lo que se quiere y permitir que la otra persona decida si la relación funcionará.
  • Adoptar conductas seductivas con la esperanza de que el sexo mantenga el vínculo.
  • Afirmar estar embarazada cuando no lo estaban, con la intención de que un embarazo sostuviera la relación (planeaban decir después que había sufrido un aborto).
  • Mantenerse financieramente dependientes para no poder dejar la relación.
  • Reconocer que fue humillante admitir estas conductas, y en la recuperación aprender a tratarlas como patrones cambiables.

Las razones para comportarse así suelen ser comprensibles: la codependencia nace de una convicción distorsionada de poder influir en los demás y de experiencias infantiles que enseñaron que la felicidad de los demás depende de uno mismo. Esto genera una dinámica de control que parece una solución ante el miedo a la pérdida y al abandono.

Autoestima y amor propio como base de la recuperación

La recuperación empieza por desarrollar una autoestima real y límites internos sanos. Sin un sentido de valía propio, las dinámicas codependientes tienden a repetirse. Trabajar la autoaceptación y el cuidado de uno mismo facilita tomar decisiones más saludables y recuperar la dignidad personal, independientemente de la situación de la relación.

El concepto de amor propio en la práctica

Convertir el amor propio en una práctica requiere tiempo y esfuerzo. Es posible entrenar la mente para responder con amabilidad ante las propias emociones y priorizar el bienestar sin depender de la aprobación de otros.

Ejercicio práctico para cultivar el amor propio

Aquí se propone un ejercicio que ha sido útil para muchas personas en proceso de recuperación:

  • Tomarse un momento y verse como eras cuando eras niño, quizá de 3 o 4 años. Observa a ese pequeño frente a ti: lo pequeño, lo dulce e inocente que era. Este niño o niña tiene curiosidad, energía, ideas, pero también miedos, dolor, ira y vergüenza. Siente amor, alegría, emoción y pasión en él o ella.
  • Si pudiera hablar contigo, ¿qué diría? ¿Qué le gustaría hacer? ¿Qué necesita?
  • Encuentra al niño interior y préstale atención. Dale lo que quería cuando era pequeño. Quítate la máscara y la capa que has llevado para intentar salvar la relación y atiende a tu niño interior. ¿No es hora de que alguien, al fin, lo ame?

La recuperación implica reconocer el patrón, cultivar una relación sana contigo mismo y con los demás, y fortalecer la autoestima para que las dinámicas codependientes pierdan influencia.

Vídeo sobre Delusiones del codependiente

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.