Diferencias culturales en el consumo de sustancias
La cultura influye en cada aspecto de nuestra vida, incluido el consumo de sustancias. Practicar la humildad cultural es esencial para un tratamiento eficaz para todas las personas. La cultura abarca creencias, valores y experiencias compartidas y moldea cómo pensamos, nos comportamos y nos comunicamos. En el ámbito de las sustancias, la cultura condiciona nuestras conductas y las creencias que rodean su uso, especialmente sobre el alcohol y otras sustancias.
El papel de la cultura en el consumo de sustancias
La cultura va más allá de las diferencias étnicas o lingüísticas: define estilos de interacción, normas sociales y contextos de consumo. En muchos entornos, como ciertos contextos universitarios, beber en exceso es socialmente aceptado o incluso alentado. También existen microcomunidades, por ejemplo, personas afines a determinados estilos musicales, en las que la cultura influye significativamente en el uso de sustancias.
- Patrones de consumo determinados por normas sociales
- Expectativas sobre la bebida y otras sustancias en eventos sociales o culturales
- La cultura puede actuar como factor protector o de riesgo según el contexto
Orígenes históricos del uso de sustancias
Las culturas de todo el mundo han utilizado sustancias psicoactivas con fines medicinales, espirituales y sociales desde la antigüedad. Por ejemplo, un hongo alucinógeno conocido como Amanita muscaria se ha utilizado ceremonialmente en Asia durante 4.000 años o más; la hidromiel, la primera bebida alcohólica, se ha utilizado desde 6000 a. C. Los pueblos indígenas de América Central y del Norte también emplearon hongos y cactus para fines espirituales y medicinales mucho antes de la colonización. En algunas culturas musulmanas se ha fumado hachís tradicionalmente. En Europa, el alcohol fue la sustancia dominante, y los colonizadores estadounidenses consumían grandes cantidades de ron. En conjunto, el consumo de sustancias y alcohol ha sido una constante social y espiritual a lo largo de miles de años.
Aunque el alcohol y sustancias psicoactivas como la opioides eran ampliamente utilizadas en las Américas, la oleada del protestantismo que comenzó a finales del siglo XX empezó a cambiar esa imagen. Los moralistas cristianos comenzaron a ver el alcohol y algunas sustancias de forma negativa, difundiendo la idea de que podrían corromper la espiritualidad y la naturaleza de la persona. La visión negativa y las leyes derivadas de ella estuvieron también influenciadas por la xenofobia y el racismo. Aunque algunos estadounidenses consumían opio en grandes cantidades, el racismo anti chino llevó a etiquetar esta sustancia como «extranjera» y «peligrosa». La prohibición de la cannabis en las décadas de 1910 y 1920 se creó para criminalizar a diferentes grupos. Analizar estos orígenes ayuda a entender cómo la cultura ha influido en la forma en que la sociedad define y regula el uso de sustancias.
El impacto de la cultura en la vida cotidiana
La cultura se manifiesta en la forma en que distintos grupos usan sustancias y en sus actitudes hacia su consumo. No se limita a identidades étnicas o lingüísticas; por ejemplo, el consumo excesivo de alcohol puede ser visto como normal en ciertos contextos universitarios, y existen microcomunidades definidas por intereses, como la música, que también influyen en el uso de sustancias. Es crucial permitir que las personas definan sus propias culturas y expresiones culturales.
Impacto de la colonización en el uso de sustancias y alcohol
La colonización ha modificado los patrones de consumo entre culturas, especialmente entre los pueblos indígenas de América y los nativos de Alaska (AIAN). Antes de la colonización, el consumo de alcohol entre AIAN era limitado y se realizaba principalmente en ceremonias; tras la colonización, el uso aumentó. Las cifras de muertes relacionadas con el alcohol entre AIAN son inconsistentes debido a la falta de investigación. Muchos ancianos AIAN señalan que la desconexión de las tradiciones culturales podría haber contribuido a los altos niveles de mal uso del alcohol.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la interpretación de estos datos varía y refleja la compleja interacción entre historia, cultura y entorno social. A través de este marco, se entiende que la cultura influye profundamente en las conductas de consumo y en la respuesta de las comunidades ante el abuso de sustancias.
Aculturación y uso de sustancias
La teoría de la aculturación sugiere que las personas que se integran a la cultura del país anfitrión pueden presentar tasas más altas de trastornos por uso de sustancias que quienes mantienen fuertes lazos con su cultura de origen. Investigaciones de 2011 indicaron que las personas hispanas que migran a Estados Unidos cuando son niños tienen una mayor probabilidad de desarrollar trastorno por uso de sustancias en comparación con quienes emigran como adolescentes o adultos, pero menor que las personas hispanas nacidas en Estados Unidos. Un identidad étnica fuerte no siempre protege contra el uso de sustancias; por ejemplo, un estudio de 2017 encontró que los jóvenes blancos con mayor identidad étnica eran más propensos a malutilizar sustancias como cannabis y alcohol.
Otros factores culturales
- Estilos de comunicación interpersonal
- Cultura individualista frente a colectivista
- Cultura patriarcal frente a matriarcal
- Trauma cultural y generacional (p. ej., racismo estructural)
- Uso de sustancias en eventos sociales o espirituales
- Papel de la familia extensa
Evaluación y cribado
La identidad cultural es inseparable de la persona. Ya sea una persona blanca estadounidense que no se identifica con un fuerte trasfondo cultural o una persona recién llegada que mantiene un vínculo estrecho con su identidad étnica, la cultura es relevante en cada paso del proceso de tratamiento, desde la evaluación y cribado inicial.
En algunas comunidades, puede haber reticencia a buscar tratamiento o a admitir el consumo de sustancias debido a estigmas culturales o a la desconfianza hacia las autoridades. Por ejemplo, investigaciones anteriores señalan que hasta el 70% de personas desplazadas de Vietnam, Laos y Camboya pueden presentar síntomas de estrés postraumático por experiencias de guerra y violencia, lo que puede influir en su relación con la atención sanitaria y la evaluación. El idioma y las barreras de comunicación también pueden dificultar la evaluación adecuada.
El DSM-5-TR recomienda a los profesionales de la salud considerar estas áreas durante la cribación y evaluación para cualquier condición de salud mental, incluido el trastorno por uso de sustancias: identidad cultural, explicación cultural de la enfermedad, factores culturales relacionados con el entorno y el funcionamiento, factores culturales entre el profesional y el cliente y evaluación cultural global.
Tratamiento
La cultura afecta cada paso del proceso de tratamiento, desde si una persona busca ayuda hasta el grado de confianza que tiene en el profesional que brinda tratamiento. En general, es crucial promover la competencia cultural en la terapia, aunque algunos expertos recomiendan practicar la humildad cultural en lugar de pretender conocer por completo otra cultura. La humildad cultural implica hacer preguntas y permitir que las personas expliquen su identidad y valores culturales, evitando suposiciones basadas en estereotipos o en los propios sesgos culturales del terapeuta.
- Evitar actitudes paternalistas o genéricas y adaptar intervenciones a las necesidades culturales del cliente
- Reconocer que la recuperación puede requerir reconectar con la identidad cultural o volver a prácticas espirituales o religiosas
Recuperación y enfoque cultural sensible
La recuperación puede verse diferente según cada grupo cultural. Para algunas personas, la recuperación completa implica no solo la remisión de los síntomas, sino también la reconexión con la identidad cultural y la participación en prácticas culturales o espirituales que tengan significado para ellas. Desarrollar tratamientos culturalmente sensibles es crucial para facilitar la búsqueda de ayuda y la adherencia a la intervención.
Implicaciones para la práctica
La intersección entre cultura y uso de sustancias es compleja y no se reduce a probabilidades estadísticas. Las investigaciones señalan que muchos grupos cultural y lingüísticamente diversos no reciben el tratamiento adecuado y pueden abandonar la atención antes de completar los programas. Adoptar servicios culturalmente sensibles puede aumentar la probabilidad de que las personas que necesitan ayuda se sientan cómodas para buscarla y completar su tratamiento. Las prácticas basadas en la humildad cultural y en la recogida activa de información a través del cliente pueden favorecer un abordaje más equitativo y eficaz. entender y atender la diversidad cultural es fundamental para el manejo del trastorno por uso de sustancias.
Vídeo sobre Diferencias culturales en el consumo de sustancias
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.