Disforia de género: todo lo que necesitas saber
La disforia de género es el malestar profundo que surge cuando el género asignado al nacer no coincide con la identidad de género experimentada. Afecta a múltiples aspectos de la vida diaria y puede resultar abrumadora. Este texto aclara qué implica, cómo se expresa, qué opciones de atención existen y dónde encontrar apoyo, recursos y orientación confiables para entender y acompañar este proceso.
Qué es la disforia de género
Según la definición oficial del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos (DSM-5), la disforia de género se refiere al malestar que puede acompañar la incongruencia entre la identidad de género experimentada o expresada y el género asignado al nacer.
La disforia de género sustituyó el diagnóstico de “trastorno de identidad de género” en 2019, y anteriores etiquetas como “transsexualismo” quedaron obsoletas, ya que no describían adecuadamente a las personas trans, no binarias o que cuestionan su identidad.
La disforia de género está conectada con la forma en que se asigna el sexo y el género al nacer. El sexo al nacer suele basarse principalmente en los genitales externos. Por ejemplo, a un bebé con pene se le suele asignar sexo masculino y un rol de género de “niño”. Sin embargo, pueden existir otros factores biológicos (cromosomas, hormonas, órganos reproductivos) que compliquen esa asignación, lo que se conoce como intersexualidad. O quizá la persona sienta desalineación con el género asignado y prefiera vivir como otro género.
Algunas personas con disforia de género se identifican como trans, no binarias u otra identidad, y pueden emprender una transición social junto con posibles tratamientos médicos para alinear el cuerpo con su sentido de género. Lo más importante es recordar que el sexo asignado al nacer no predice necesariamente la identidad de género. La disforia de género busca nombrar la desconexión y facilitar el acceso a recursos, apoyo y atención adecuados.
Disforia de género y personas trans
No todas las personas que experimentan disforia de género se identifican como trans o no binarias, y no todas buscan tratamiento médico. Se estima que en Estados Unidos aproximadamente 1,4 millones de adultos se identifican como trans (0,6% de la población adulta).
Un estudio de 2020 encontró que el 78% de los hombres trans y el 73% de las mujeres trans habían experimentado disforia de género antes de los 7 años, y hay casos desde los 4 años. El inicio de la pubertad se ha asociado con un aumento de estos síntomas.
Un estudio europeo reciente indicó que recibir tratamiento hormonal y cirugía de afirmación de género de manera conjunta disminuye significativamente la disforia en comparación con no recibir intervención médica. Según la Transgender Survey de los EE. UU., el 95% de las personas trans y el 49% de las personas no binarias expresaron desear terapia hormonal. Entre los encuestados, el 13% indicó no estar seguro de querer hacer la transición.
¿Cómo se siente la disforia de género?
Para muchas personas, la disforia de género se inicia en la infancia y puede empeorar durante la pubertad. Los cambios corporales de la pubertad—vello facial y corporal, masa muscular, desarrollo de senos, menstruación, hormonas—pueden resultar no deseados y profundamente angustiosos para quienes experimentan disforia. Esto puede manifestarse como ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas.
En la infancia, la disforia de género puede manifestarse en querer usar ropa o jugar con juguetes de un género distinto al asignado, o expresar malestar con sus genitales. Para algunas personas es una experiencia constante; para otras puede ir y venir. Como describe Alok V. Menon en Beyond the Gender Binary: “Esta es una desconexión que he llegado a conocer bien: entre lo que la gente ve y lo que realmente soy. He aprendido que la parte más letal del cuerpo humano no es el puño; es el ojo.”
Síntomas comunes
La disforia de género no se experimenta igual en todas las personas y profesionales de la salud usan criterios variados para evaluar a niños, adolescentes y adultos. Algunas personas pueden sentir disforia sin cumplir criterios clínicos estrictos. A continuación se resumen tres ámbitos principales de síntomas:
- Diferencia marcada entre el sexo asignado y la identidad de género. Sentirse desalineado con el nombre, los pronombres, la apariencia o el comportamiento, expresando la sensación de estar “atrapado en un cuerpo equivocado” o como si existiera otra versión de uno mismo que los demás no ven.
- Deseo de vivir como otro rol de género. Querer cambiar el nombre o los pronombres para coincidir mejor con el sentido de uno mismo y para obtener validación social de la identidad real.
- Deseo de cambiar características sexuales. Sentimientos negativos respecto a los genitales y a otras características sexuales secundarias como el vello, la voz o la forma del cuerpo; algunas personas pueden necesitar tratamiento hormonal y/o opciones quirúrgicas para alinear el cuerpo con la identidad.
Diagnóstico: cómo funciona
Un diagnóstico oficial de “disforia de género” se establece evaluando la consistencia, duración e intensidad de los sentimientos. El DSM-5 exige que los síntomas permanezcan al menos 6 meses. Este criterio, a veces considerado restrictivo, continúa siendo objeto de debate entre profesionales y comunidades LGBTQIA+. No todas las personas con disforia cumplen criterios diagnósticos, y no todas las personas diagnosticadas son trans. Sin embargo, un diagnóstico formal puede facilitar el acceso a cuidados médicos y a servicios especializados.
La administración de este diagnóstico suele realizarla un profesional de salud mental, como un terapeuta o psiquiatra. En la práctica, el diagnóstico y la atención pueden involucrar a médicos de atención primaria, endocrinólogos, urólogos, cirujanos y otros especialistas.
Tratamiento y apoyo
El objetivo de cualquier tratamiento legítimo es crear un espacio seguro para expresar y trabajar las emociones, y definir pasos que reduzcan el malestar. Las opciones pueden incluir, entre otras:
- Psicoterapia o terapia de conversación para explorar experiencias y apoyos.
- Explorar nombres y pronombres para apoyar la identidad social.
- Expresión de género mediante ropa, maquillaje, ligaduras para el pecho y rellenos, entre otras prácticas personales.
- Terapias hormonales (hormonas como estrógeno o testosterona) o bloqueadores hormonales.
- Opciones quirúrgicas conocidas como “cirugías de afirmación de género”.
La peligrosidad de la terapia de conversión
La terapia de conversión de identidad de género se define como intervenciones psicológicas con el objetivo de cambiar la identidad de género para que coincida con el sexo asignado al nacer. Todas estas terapias son ilegítimas y se basan en la idea falsa de que las identidades LGBTQIA+ surgen de una enfermedad mental o son inmorales.
Entre jóvenes LGBTQIA+, un porcentaje significativo ha reportado haber recibido alguna forma de terapia de conversión (alrededor del 10%), y la mayoría de estos casos ocurrió antes de los 18 años. Entre personas trans, un 13% informó que un profesional o asesor religioso intentó impedirles ser trans. Estas prácticas siguen siendo legales en muchos lugares y suelen estar vinculadas a organizaciones religiosas. Las terapias de conversión se asocian a peores resultados de salud mental y a mayor suicidabilidad.
Estrategias de afrontamiento y apoyo
La atención psicológica y los tratamientos médicos no son las únicas herramientas para gestionar la disforia. A continuación se ofrecen estrategias útiles, algunas convencionales y otras creativas:
- Acudir a organizaciones LGBTQIA+ locales o nacionales para obtener recursos o grupos de apoyo.
- Conectar con otras personas que han vivido experiencias similares y recordar que no estás solo/a.
- Usar líneas de ayuda o chat de apoyo para conversar de forma anónima con alguien capacitado en manejo de crisis.
- Buscar espacios seguros para probar diferentes nombres, pronombres, prendas y accesorios.
- Encontrar una salida creativa o un pasatiempo que permita expresarte y descansar de la disforia centrando la atención en una tarea concreta.
- Practicar técnicas de meditación o visualización para proyectar una versión fortalecida de uno mismo y clarificar metas de salud mental y física.
- Educarse sobre cómo se construye socialmente el género para entender mejor las experiencias y respuestas sociales.
Como dice la autora y teórica Kate Bornstein en su libro Gender Outlaw, “En cuanto entendí la naturaleza constructiva del género y mi relación con ese sistema, dejé de sentir disforia de género. Hoy me siento eufórica con respecto a mi género.”
Qué hacer a continuación
Si experimentas síntomas de disforia de género o malestar por la incongruencia entre tu género asignado y tu identidad, puede ser útil informarte y buscar apoyo. A continuación, algunas vías para seguir aprendiendo y encontrar recursos:
- Recursos trans de la Human Rights Campaign
- La Trevor Project: guía sobre identidad de género y apoyo
- Recursos de GLAAD para personas trans
- Para familias y aliados: buscar un grupo de apoyo local a través de PFLAG
Recuerda que, con información y apoyo adecuados, la disforia de género es manejable. Puedes encontrar profesionales compasivos y comprensivos a través de asociaciones profesionales y redes de apoyo. Sobre todo, recuerda: no estás solo/a.
Vídeo sobre Disforia de género: todo lo que necesitas saber
Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.