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DSM-5: Sobrediagnóstico y diagnóstico erróneo

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¿Conduce el DSM-5 a una sociedad que acoge el 'sobrediagnóstico' o este fenómeno ya existía antes de su revisión? Este artículo examina las críticas de Allen Frances, la fiabilidad de los diagnósticos y si el incremento de categorías responde a evidencia clínica o a factores de marketing y educación. Se discuten ejemplos como el TDAH y el trastorno por atracón, y la importancia de la calidad diagnóstica.

Perspectivas sobre el DSM-5 y el sobrediagnóstico

Este análisis aborda que la cuestión no es simple: se pregunta si la ampliación de categorías diagnósticas se apoya en evidencia y consenso clínico o si responde a presiones comerciales y de educación. Se revisan las ideas de Allen Frances y la evidencia disponible sobre la fiabilidad diagnóstica en trastornos comunes como el TDAH y el trastorno por atracón, entre otros.

La crítica de Allen Frances

Frances, que dirigió la revisión del DSM-IV, ha advertido de que la normalidad podría convertirse en una especie en peligro y de que existen 'diagnósticos de moda' que podrían alimentar epidemias. Su tono es provocador y, para una evaluación responsable, es necesario contrastarlo con datos empíricos y con el resto de la literatura.

¿Qué significa 'sobrediagnóstico'?

La cuestión no es simplemente si estamos diagnosticando más, sino si lo hacemos con precisión. Distinguir entre comprender mejor la prevalencia real de un trastorno y etiquetar erróneamente a personas por marketing, educación u otros factores puede ser complejo y requiere análisis cuidadoso de criterios y contextos.

Ejemplos y evidencia en trastornos específicos

  • TDAH: En 1998, el Instituto Nacional de la Salud (NIH) convocó un panel para examinar la validez del TDAH y sus tratamientos ante el incremento de diagnósticos en niños. En su declaración de consenso apenas mencionan el sobrediagnóstico y destacan, sobre todo, la preocupación por el diagnóstico inconsistente.
  • Trastorno por atracón: La discusión también abarca la introducción y reconocimiento de este trastorno; las cuestiones sobre cuándo y cómo diagnosticar pueden influir en su prevalencia aparente.
  • Trastorno bipolar: Un estudio con 700 sujetos en Rhode Island (Zimmerman et al., 2008) encontró que menos de la mitad de quienes decían tener un diagnóstico de trastorno bipolar lo cumplían realmente, mientras que más del 30% de quienes afirmaban no haber sido diagnosticados sí lo padecían.

La fiabilidad diagnóstica en la práctica clínica

El problema no se reduce a un conteo de diagnósticos. La calidad de la aplicación de criterios y la consistencia entre evaluadores, especialmente cuando los diagnósticos los realizan profesionales fuera de la salud mental o en contextos de atención general, importa tanto como las categorías mismas. La incomprensión y la variabilidad pueden contribuir al fenómeno de diagnósticos erróneos o incompletos.

Educación y acceso al conocimiento

Los recursos educativos y las comunidades de apoyo en línea pueden ayudar a comprender mejor las preocupaciones emocionales y a obtener apoyo inmediato. Aunque algunas personas podrían autodiagnosticarse incorrectamente, la evidencia sugiere que el valor educativo de estas plataformas suele superar el riesgo, cuando se acompañan de orientación profesional adecuada.

La mirada hacia el futuro del diagnóstico en salud mental

Si la utilidad de la DSM se pone en tela de juicio, podría ser momento de avanzar hacia un sistema de clasificación más matizado que no medicalice cada experiencia emocional y que se base en una sólida evidencia clínica y en la fiabilidad entre observadores. El objetivo es mejorar la calidad de los diagnósticos y la atención, no reducir la complejidad humana a un simple número.

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.