Duelo por mi niñez perdida
Estoy en proceso de recuperación desde hace un tiempo. La mayor parte de los días me siento bastante bien, logro mantener la ansiedad a raya y funciono con normalidad. Sin embargo, no hace falta mirar muy lejos para sentir el dolor: cada pensamiento sobre mis padres me devuelve ese sufrimiento y la memoria de mi infancia. Este texto aborda esas emociones complejas y el camino hacia la recuperación.
Emociones centrales vinculadas a mis padres y al proceso de recuperación
Ira y rabia
Hace muchos años la ira era la emoción principal. En terapia, podía gritar a pleno pulmón y planear sus muertes. También podría golpear un cojín del sofá con un bate hasta que mis brazos ya no dieran más. Fue la primera emoción importante con la que me reconecté. Había mucha ira y me resultaba bastante cómodo expresarla; incluso podría decir que era fácil. No tengo problema con la ira porque, para mí, no es vulnerable y se siente poderosa.
Duelo y vulnerabilidad
Desafortunadamente, detrás de la ira había una pena intensa. No me siento cómodo expresándola. No “hago” la tristeza; la tristeza me resulta vulnerable. Para mí, la vulnerabilidad fue igual a la muerte cuando era niño. En mi familia no se mostraba debilidad y siempre se utilizaba en mi contra. No lloraba… nunca. Tomó tiempo llegar a llorar como adulto. Honestamente, solo he llorado de forma sustantiva en los últimos dos años. Lo odio. Aún me parece débil (y claramente sigo juzgando a quienes lo hacen).
Hay un problema: la tristeza es, a veces, la única vía para sanar. Es crucial para mi recuperación.
El duelo por lo que no fue: la búsqueda de una familia real
El duelo es diferente para mí que para quienes han perdido a sus padres por muerte. Mis padres siguen vivos. Lamento que nunca fueron mis “verdaderos” padres y lamento lo que siempre deseé que fueran. Como Little Orphan Annie, añoro la casa pequeña escondida tras una colina con unos padres que tocan el piano y pagan las facturas; eso nunca ocurrió para mí. De niño miraba las casas del vecindario y me preguntaba si tendrían una familia real y amorosa, si podría vivir con ellos o ser adoptado. No eran reflexiones realistas, pero eran propias de mi infancia.
Tarea emocional adicional es aceptar la reacción de mis padres ante mi proceso de recuperación. Parte de mí quiere que se disculpen; quiero oírles reconocer que estuvieron equivocados. Por supuesto, sé que eso no ocurrirá: reconocerlo implicaría aceptar errores graves y, probablemente, un daño irreparable en su narrativa. Siguen diciendo que miento y continúan tejiendo su red de engaños. Así que me duelo por ese reconocimiento que no llegará.
El miedo: motor y su persistencia en el presente
El miedo fue el motor principal en mi familia: “Haz todo bien o de lo contrario.” Había consecuencias desagradables. Mis padres estaban dispuestos a usar cualquier forma de abuso y nada era consistente: un día, algo pequeño podía desencadenar un ataque de ira; al siguiente, podría ocurrir algo extremo y ni siquiera lo notarían. Hoy, el miedo es lo peor porque parece lo más justificado y es la emoción más difícil de atribuir exclusivamente a mi infancia. Al hablar de mi abuso, considerado en casa como la mayor ofensa, algunas consecuencias siguen pareciendo realistas incluso ahora.
Si alguien fue capaz de las atrocidades que mis padres cometieron en mi infancia, ¿quién impedirá que cometan un crimen ahora? Hay días en que estoy seguro de que mi padre está frente a mi casa con un arma. Lógicamente sé que las personas que abusan de niños son cobardes, pero sigo recordando lo que hicieron hace 30 años y eso es difícil de ignorar.
Progreso y sentido de agencia en la recuperación
Puede parecer que paso mis días inundada de ira, tristeza y miedo, pero no es así. En los últimos años he avanzado lo suficiente como para experimentar verdadera felicidad y, a veces, incluso alegría. Sé que la parte más dura de mi viaje queda detrás y que puedo construir esa familia que deseé de niño. Sé que ahora depende de mí: tengo el poder para hacer realidad mis sueños. Ya no necesito que otros hagan lo correcto. He recuperado el control de mi vida, y eso es motivo de esperanza.
Vídeo sobre Duelo por mi niñez perdida
Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.