¿La adicción es una enfermedad mental? ¡Absolutamente!
La adicción implica diferencias en el cerebro que requieren tratamiento, aunque el estigma suele dificultarlo. Este artículo explica qué es la adicción, cómo se reconoce en guías y diagnósticos, qué factores aumentan el riesgo y cómo la neurobiología influye en el comportamiento. También aborda el impacto social, la reducción del estigma y las estrategias de tratamiento disponibles.
Qué sabemos sobre la adicción y el cerebro
La adicción es una condición crónica que implica cambios en el cerebro que persisten más allá del periodo de consumo y que dificultan dejar de usar. Reconocer estos cambios ayuda a entender por qué la adicción no se reduce a una simple cuestión de fuerza de voluntad.
- El sistema de recompensa del cerebro se ve alterado, lo que dificulta sentir placer cuando no se está consumiendo.
- Regiones como los ganglios basales, la amígdala y el córtex prefrontal participan en la regulación de emociones, impulsos y decisiones.
- El consumo puede afectar el tronco encefálico, influyendo en funciones vitales como la respiración y el sueño.
- La dopamina y las señales de recompensa pueden desencadenar antojos persistentes ante estímulos ambientales incluso mucho tiempo después de haber dejado de consumir.
la adicción es más que un hábito; implica cambios en circuitos cerebrales que sustentan el aprendizaje, la motivación y el control de impulsos.
Cómo se define la adicción en instituciones
Diferentes organizaciones reconocen la adicción como un trastorno crónico con tendencia a recaídas, en el que el uso de sustancias persiste a pesar de consecuencias adversas. Dado que implica cambios neurológicos, se la considera un trastorno cerebral.
- NIDA la describe como un trastorno crónico y recurrente con cambios neurológicos relevantes.
- APA la define como un trastorno crónico con cambios cerebrales resultantes de exposiciones repetidas a sustancias.
La APA enumera factores que contribuyen al desarrollo y mantenimiento de la adicción: biológicos, psicológicos, sociales y ambientales.
La visión de la sociedad y el estigma
A pesar de un mayor conocimiento, el estigma sigue dificultando el acceso a tratamiento para las personas con SUD. El estigma propio y estructural puede reducir recursos y oportunidades, y el estigma social puede aislar a quienes viven con SUD. A diferencia de otros trastornos como la depresión o el VIH, todavía se suele culpar a las personas por su consumo.
Factores de riesgo y predisposición
Cualquier persona puede desarrollar adicción, pero ciertos factores aumentan la probabilidad.
Genética y salud mental
- La genética puede explicar hasta la mitad de la vulnerabilidad a la adicción.
- Las personas con otros trastornos de salud mental pueden ser más vulnerables a SUD.
Entorno y experiencia infantil
- Influencias sociales y falta de actividades recreativas para los jóvenes.
- Experiencias infantiles como conductas agresivas, supervisión parental insuficiente, pobreza y exposición a drogas.
Edad de inicio y forma de consumo
- La adolescencia es una ventana crucial para el desarrollo cerebral; empezar a consumir aumenta el riesgo.
- Fumar o inyectar sustancias se asocia con mayor probabilidad de uso repetido.
Cómo la adicción cambia el cerebro
La adicción no se limita a factores de riesgo; modifica circuitos neuronales de forma que resulta más difícil dejar de usar. Los cambios pueden durar más que el periodo de intoxicación y se asocian a una tolerancia creciente.
- Basal ganglia: interfiere con la experiencia de placer cuando no se está consumiendo.
- Amígdala extendida: procesa emociones como ansiedad e irritabilidad, que aumentan cuando la intoxicación disminuye, incentivando más consumo.
- Córtex prefrontal: disminuye el control de impulsos y la toma de decisiones.
- Tronco encefálico: funciones como la respiración y el sueño pueden alterarse.
- La dopamina y las señales de recompensa condicionadas pueden provocar antojos ante estímulos ambientales incluso tras largos periodos sin consumo.
Reducir el estigma
Una parte importante del estigma proviene de la falta de educación sobre dos principios clave: hay factores fuera del control de la persona que conducen al consumo y los cambios cerebrales que dificultan dejar de usar.
- Una mayor educación sobre genética y entorno puede ayudar a evitar culpar a las personas y a reducir la vergüenza asociada.
- Ver la SUD como una enfermedad, no como una falla de carácter, facilita la autoafirmación y la búsqueda de tratamiento y apoyo.
Para cambios sistémicos, es necesaria más acción. Un informe de HRW de 2016 señala que, en Estados Unidos, una persona es arrestada por posesión de drogas para uso personal cada 25 segundos, lo cual puede dificultar el acceso a tratamiento y a herramientas de recuperación al ser liberada. El informe conjunto de Human Rights Watch y la ACLU propone recomendaciones para despenalizar el uso personal y la posesión de drogas, con el objetivo de reducir el estigma y mejorar los resultados de recuperación para grupos marginados.
Recapitulación y enfoques de tratamiento
La adicción no es una debilidad; es una enfermedad derivada de factores genéticos y ambientales. Muchas personas con SUD han vivido contextos infantiles que no pudieron controlar. Las SUD son condiciones crónicas de salud similares a otras enfermedades: pueden requerir tratamiento sostenido para mantener la recuperación y evitar complicaciones. La recuperación implica gestionar la condición para mantener la seguridad y mejorar la calidad de vida.
- Tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos para examinar y modificar conductas.
- Un plan para cuando el tratamiento inicial no es eficaz.
- Apoyos complementarios, como programas de 12 pasos u otros enfoques de sobriedad, pueden aumentar las probabilidades de mantener la recuperación.
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Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.