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La ciencia de prevenir la psicopatía peligrosa

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¿Qué hace a una persona psicópata? ¿Naturaleza o crianza? ¿Podemos evitar que niños en riesgo se conviertan en psicópatas peligrosos en la edad adulta? Estas preguntas, entre las más antiguas de la psicología, exploran si nuestro destino está determinado por el ADN o por las experiencias de vida. En este artículo examinamos rasgos, genética y posibles rutas de intervención.

Qué es la psicopatía y qué rasgos la caracterizan

En el DSM-5, la psicopatía se conoce clínicamente como trastorno de la personalidad antisocial. Entre los rasgos problemáticos se incluyen:

  • Identidad egocéntrica
  • Ausencia de normas pro-sociales en la fijación de metas
  • Falta de empatía
  • Incapacidad para mantener relaciones íntimas mutuas
  • Manipulación
  • Engaño
  • Insensibilidad emocional
  • Irresponsabilidad, impulsividad y toma de riesgos
  • Hostilidad

Aunque estos rasgos pueden resultar desagradables, no todos los psicópatas son peligrosos ni todos los delincuentes son psicópatas. También existen psicópatas prosociales. El problema real sin resolver es cómo tratar este trastorno de la personalidad. Aunque la plasticidad cerebral no es imposible en la edad adulta, el Dr. Nigel Blackwood, destacado psiquiatra forense de la University College de King’s College London, ha afirmado que los psicópatas adultos pueden ser tratados o gestionados, pero no curados. Lograr una curación de la psico patía en adultos se considera un reto casi imposible. Por ello, entender cuándo y cómo se desarrolla la psicopatía desde la niñez hasta la adultez es crucial para identificar qué pueden hacer padres, cuidadores y gobiernos para prevenir que un niño en riesgo llegue a ser un psicópata peligroso.

La genética y el ambiente: ¿cuál manda en la psicopatía?

Un estudio sobre psicopatía publicado en Development and Psychopathology, liderado por la Dra. Catherine Tuvblad de la Universidad del Sur de California, adoptó un diseño basado en gemelos para superar limitaciones de investigaciones anteriores. El objetivo fue obtener una indicación más fiable de hasta qué punto los genes o el entorno —naturaleza o crianza— influyen en el desarrollo de rasgos psicopáticos a lo largo de la infancia y la adolescencia.

En el estudio participaron 780 pares de gemelos y sus cuidadores, que contestaron cuestionarios para medir rasgos de psicopatía en edades de 9–10, 11–13, 14–15 y 16–18 años. Se evaluaron características indicativas de futuras tendencias psicopáticas, como conductas frías hacia pares y dificultades para adherirse a normas sociales.

  • Entre 9–10 y 11–13 años, el 94% de la variación en rasgos psicopáticos se atribuyó a la genética y el 6% a factores ambientales.
  • Entre 11–13 y 14–15 años, el 71% fue genético y el 29% ambiental.
  • Entre 14–15 y 16–18 años, el 66% fue genético y el 34% ambiental.

Estos resultados sugieren que los factores ambientales ganan peso de forma progresiva a medida que el niño avanza hacia la adolescencia, lo que es muy prometedor para el desarrollo de intervenciones futuras para prevenir la psicopatía. Cabe señalar que, si bien los tests de los niños señalaban que el entorno familiar se volvía más influyente, los padres tendían a pensar que la psicopatía observada en sus hijos era principalmente genética. Dado que los padres influyen en gran medida en el entorno del niño, este hallazgo no resulta sorprendente. La crianza es relevante en etapas clave del desarrollo de la psicopatía.

Los analistas también identifican un posible punto de inflexión en el desarrollo de la psicopatía durante la edad estudiada. Los autores señalan que la pubertad puede activar interacciones gen-ambiente de gran relevancia para inhibir o promover la evolución de rasgos psicopáticos. De hecho, cuando estos cambios basados en genes y ambiente ocurren temprano (por ejemplo, entre 11 y 13 años), los cambios ambientales posteriores suelen ser menores. una vez fijados los rasgos durante la pubertad, tienden a mantenerse en años posteriores.

Otras investigaciones han hallado posibles puntos de inflexión mucho más tempranos. Un estudio encontró que el número total de eventos de vida adversos entre los 0 y 4 años se correlacionaba con aspectos emocionales de la psicopatía. Estos resultados sugieren que factores ambientales tempranos podrían influir significativamente en el desarrollo de rasgos psicopáticos y afectar incluso el apego con los padres en niños con potencial genético para la psicopatía.

Así, aunque la psicopatía es en gran medida genética, su aparición depende más de la combinación de genes que llevan a ser psicópata y de las experiencias vitales durante la infancia y la pubertad, que pueden potenciar o frenar su manifestación.

¿Existe una cura? ¿Puede el afecto cambiar el rumbo?

¿Qué sugiere la ciencia como antídoto ambiental para evitar desarrollar psicopatía? ¡El amor! Un neurocientífico, el Dr. James Fallon, descubrió que, a nivel de laboratorio, él mismo podría considerarse un psicópata. Poseía una variante del gen MAOA (conocido como “el gen de la guerra”) que se asocia con conductas violentas y psicopatía, y sus escáneres cerebrales mostraban baja actividad en áreas frontales y temporales vinculadas a la empatía, la moral y el autocontrol. En su árbol genealógico había varios casos de asesinato. A pesar de todo ello, Fallon sostiene que el amor recibido de su madre lo llevó a encauzar sus rasgos hacia una dirección prosocial. Sus palabras y otras investigaciones recientes parecen apoyar esta idea: la forma en que la madre expresa el afecto y guía al niño hacia conductas prosociales podría ser la clave.

Una nueva línea de investigación con bebés adoptados sugiere algo similar. Los investigadores hallaron que el desarrollo de una de las mayores señales de riesgo para la psicopatía —la llamada conducta callosa-emocional— puede verse inhibitido por altos niveles de refuerzo positivo por parte de la madre adoptiva a los 18 meses. Este hallazgo subraya que las experiencias positivas tempranas pueden modular el impacto de la genética y reducir la probabilidad de evolucionar hacia conductas antisociales.

En futuras investigaciones se espera identificar un repertorio más amplio de formas en que padres, escuelas y gobiernos pueden nutrir de forma afectuosa el desarrollo de niños en riesgo a través de estas etapas clave. En última instancia, la finalidad es impedir que un gran número de futuros delincuentes violentos se formen ya en la primera infancia.

Vídeo sobre La ciencia de prevenir la psicopatía peligrosa

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.