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Los seres humanos están gobernados por las emociones

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Las respuestas emocionales que orientan gran parte del comportamiento humano ejercen un impacto enorme en la política pública y en los asuntos internacionales, llevando a que las autoridades respondan a crisis como los atentados del 11 de septiembre con escasa atención a las consecuencias a largo plazo. Un estudio de Carnegie Mellon y la Facultad de Derecho de la Universidad de Pittsburgh lo documenta, señalando efectos relevantes para la toma de decisiones públicas.

La influencia de las emociones en la toma de decisiones públicas

Las emociones intensas pueden socavar la capacidad de razonamiento racional, incluso cuando la persona es consciente de la necesidad de decidir con cuidado. En el ámbito de la política pública, cuando las personas están en estados emocionales elevados como la ira o el miedo, tienden a favorecer soluciones simbólicas y de efecto inmediato frente a políticas más sustantivas y complejas, pero efectivas a largo plazo. En las últimas cuatro décadas, esto ha contribuido a decisiones costosas y controvertidas, como guerras en Vietnam e Irak, cuando el Congreso otorgó amplios poderes al presidente ante una crisis percibida que no dejó tiempo suficiente para la deliberación. “La guerra es la cuestión por excelencia donde las emociones inmediatas y las pasiones rigen, a menudo a expensas de evaluar las consecuencias a largo plazo”, señalan Lobel y Loewenstein.

Los dos sistemas de decisión: deliberación y emoción

Los autores señalan que la toma de decisiones está guiada por dos sistemas neuronales: el deliberativo y el afectivo, o emocional. Este último, al que llaman emote control, es mucho más antiguo y desempeñó un papel adaptativo en los primeros humanos al satisfacer necesidades básicas y permitir respuestas rápidas ante el peligro. A medida que evolucionamos, desarrollamos la capacidad de considerar las consecuencias a largo plazo y de ponderar costos y beneficios. El sistema deliberativo parece localizarse en la corteza prefrontal, que creció sobre los sistemas cerebrales más antiguos sin reemplazarlos.

Emote control (control emocional)

El emote control es rápido, pero solo puede responder a un número limitado de situaciones. Es el sistema por defecto de la toma de decisiones y se sintoniza especialmente con imágenes vívidas, la inmediatez y la novedad. la emoción es sensible a las categorías automáticas con las que las personas clasifican a los demás, por ejemplo, entre “nosotros” y “ellos”.

Sistema deliberativo

El sistema deliberativo es más flexible, pero relativamente lento y laborioso. Se activa cuando una situación es nueva o cuando la respuesta correcta no es evidente. El control deliberativo puede activarse incluso ante estímulos emocionales intensos, modulando la respuesta emocional con la evaluación racional.

Implicaciones para la política, la seguridad y la ley

La interacción entre emoción y deliberación sugiere que las situaciones que más requieren una respuesta cuidadosa y razonada son precisamente aquellas en las que las emociones podrían sabotear los intereses a largo plazo. Los autores destacan que la percepción de riesgo puede estar distorsionada por las emociones, lo que favorece decisiones precipitadas o poco informadas. En el contexto antiterrorismo, el miedo tiende a ser una emoción particularmente poderosa y resistente a la razón.

Riesgos de la expansión de poderes y efectos secundarios

La euforia de una crisis, como la generada tras los atentados del 11 de septiembre, llevó a una expansión de los poderes de las agencias y a medidas de seguridad que, en ocasiones, generaron costos y dilemas propios. Por ejemplo, la implementación de controles de seguridad puede cambiar comportamientos: si más gente conduce en lugar de volar por las nuevas medidas aeroportuarias, podrían aumentar fatalidades en carretera, y, en conjunto, morir más personas incluso con una tasa de atentados estable. Lobel advierte que el fenómeno de la evaluación emocional del riesgo es particularmente agudo en antiterrorismo, dado que el miedo es una emoción poderosa y resistente a la razón.

Papel de la ley y salvaguardas

Los autores destacan que, si bien las emociones han impulsado logros humanos como la derrota del nazismo, la llegada a la luna o la reducción de la contaminación, las situaciones de alta emoción pueden ser aprovechadas para fines políticos. Por ello, las sociedades deben reconocer el daño potencial que las emociones pueden causar a la política pública y la necesidad de salvaguardas legales que ralenticen la velocidad de las decisiones para que los legisladores evalúen las consecuencias. “Una de las funciones de la ley debería ser mantener el control deliberativo en la toma de decisiones, especialmente en momentos de alta emoción cuando es más necesario,” afirma Loewenstein.

Riesgos y salvaguardas en la práctica pública

  • Las emociones intensas pueden sabotear la toma de decisiones a largo plazo.
  • La emoción puede activar la deliberación en situaciones nuevas, pero no siempre de forma adecuada.
  • La ley puede servir para frenar decisiones precipitadas y dar tiempo a ponderar las consecuencias.

las emociones no son intrínsecamente negativas, pero requieren una gestión cuidadosa para evitar sesgos que afecten negativamente el interés público a largo plazo. Las autoridades y la ciudadanía deben reconocer estas dinámicas para diseñar procesos que mantengan un equilibrio entre la respuesta emocional y la reflexión racional.

Vídeo sobre Los seres humanos están gobernados por las emociones

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.