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No todos los gritos se oyen.

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Las emociones no expresadas no desaparecen: quedan enterradas y pueden aflorar más tarde de forma más destructiva. Dos mecanismos biológicos intervienen ante el dolor: expresar el nuestro y responder al dolor ajeno. El llanto y los gritos servían para alertar, buscar ayuda o generar empatía. Cuando reprimimos nuestro sufrimiento, quedamos cerrados ante el dolor y la alegría.

Función evolutiva del dolor y señalización social

El dolor cumple una función importante para la especie: al gritar o pedir ayuda, indicamos nuestro estado de vulnerabilidad y movilizamos a otros para brindar apoyo o rescate. En los animales, la prioridad puede ser la seguridad física o conservar recursos; a veces, el dolor se oculta para evitar atraer depredadores. En los seres humanos, las circunstancias físicas o contextuales pueden dificultar la expresión abierta del dolor.

La vulnerabilidad en la vida moderna

En ausencia de amenazas inmediatas, las preocupaciones se vuelven sociales: rechazo, abandono, invalidación y pérdida de control. La inseguridad, la sensación de indignidad y, a veces, el orgullo pueden funcionar como depredadores internos que dificultan obtener ayuda. Sin un rescate claro, el dolor puede prolongarse y manifestarse de formas menos directas.

La empatía como respuesta biológica

La experiencia de alarma ante el llanto o el sufrimiento ajeno tiene un sustrato biológico; la empatía nos moviliza a acudir para consolar, moderar o aliviar el malestar que causó la señal de dolor. Este mecanismo, a veces descrito como una respuesta social, facilita la cooperación y el cuidado mutuo.

El dilema del dolor no expresado en uno mismo

¿Qué ocurre con nuestra capacidad para responder al malestar propio cuando guardamos dentro de nosotros gritos que no se oyen? Sigmund Freud lo resumía así: “Las emociones no expresadas nunca mueren. Quedan enterradas y volverán más tarde en formas más feas.”

No obstante, no basta identificar el dolor; es necesario permitir sentirlo y nombrarlo para abrir un canal de expresión saludable y evitar que el malestar reaparezca de modo más destructivo.

Vídeo sobre No todos los gritos se oyen.

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.