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Nuestro miedo al silencio

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El cultivo de la atención plena requiere periodos de concentración focalizada. Muchos defensores sostienen que estas habilidades se desarrollan mejor mediante la meditación sentada y en silencio. Antes de explorar cómo dirigir la atención, conviene examinar nuestra relación con el silencio. En ciudades ruidosas o en bosques, el silencio verdadero resulta inalcanzable, y entenderlo ayuda a comprender la práctica de la atención plena.

¿Qué es el silencio?

El silencio no es ausencia total de sonido, sino la ausencia de sonido deliberadamente producido. Los sonidos intencionales son los que encendemos o generamos a propósito: la televisión y otros reproductores; palabras pronunciadas o escuchadas en una conversación; música, como tararear o golpear; y el ruido de herramientas, teclados u otros objetos. Los sonidos que quedan son inevitables. Por ello, el silencio es una quietud con propósito. Para algunos, ese silencio resulta inquietante.

El silencio como miedo aprendido

Un estudio de 580 estudiantes universitarios realizado durante seis años, citado por Bruce Fell en The Conversation, sugiere que la accesibilidad constante y la exposición a medios de fondo han generado una población que teme al silencio. Este estudio, junto con investigaciones de los Dres. Michael Bittman, de la University of New England, y Mark Sipthorp, del Australian Institute of Family Studies, sostiene que “la necesidad de ruido y la lucha con el silencio es un comportamiento aprendido.”

Esto no puede atribuirse exclusivamente al auge reciente de las redes sociales y la disponibilidad 24/7. Para muchos de estos estudiantes, la televisión estaba encendida incluso cuando nadie miraba. Eso también ocurría con frecuencia durante la infancia de sus padres. Si el ruido de fondo ha estado siempre con nosotros, no es de extrañar que nos sintamos incómodos cuando desaparece.

Experiencia personal y reflexión

Para evitar presentarme como un maestro contemplativo, confieso que también tengo dificultades con el silencio. Mi esposa y yo, habitantes de la ciudad, nos quedamos en una casa alejada, sin televisión, radio ni Internet. Al acostarnos, el silencio era tan oscuro que resultaba inquietante y nos impidió dormir. Si dejo de meditar varios días, me cuesta retomar la práctica; y cuando atravieso episodios de duda, nervios o ansiedad, lo último que quiero es apagar los medios que distraen mi inseguridad. Pero pronto me doy cuenta de que las distracciones pueden agravar la dificultad, así que vuelvo a periodos fijos de silencio, retomo la disciplina de mi práctica y me recupero.

Si el miedo al silencio es un comportamiento aprendido, se puede desaprender. Esto puede trabajarse mediante la meditación de mindfulness y la atención enfocada.

Cómo desarrollar la atención enfocada ante el silencio

Para desarrollar la atención enfocada, puede ser útil empezar enfrentando la experiencia del silencio.

  • Enfréntate a la experiencia del silencio. Apaga todo, busca un lugar lo más tranquilo posible y siéntate unos minutos. Observa el entorno. Simplemente experimenta el momento presente y permite que lo que te rodea se imponga.
  • Comienza con periodos cortos. Si te sientes agitado, empieza con sesiones breves: apaga la televisión cuando laves los platos; conduce sin la radio encendida; pasea al perro sin el iPod o el teléfono.
  • Progresivamente amplia la experiencia. A medida que te sientas más cómodo, incrementa lentamente la duración de los periodos de silencio y la exposición al entorno sin distracciones.

Con la práctica constante, el silencio puede convertirse en un refugio y una fuente de claridad.

Vídeo sobre Nuestro miedo al silencio

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.