¿Por qué es esencial para los terapeutas experimentar el otro lado del diván?
Todos atravesamos altibajos en la vida: nacimientos y muertes, alegrías y penas. Un cuidado emocional adecuado siempre resulta útil, incluso para Sigmund Freud, quien también tuvo días difíciles. Estos hechos son inevitables para cualquier persona. Recientemente ha aumentado la demanda de asesoramiento en salud mental y surgen preguntas sobre si los terapeutas también necesitan apoyo.
¿Por qué necesitan terapia los terapeutas?
Como profesionales de la salud mental, los terapeutas pueden poseer un conocimiento sólido de las estrategias para afrontar situaciones difíciles, pero eso no los exime de necesitar apoyo profesional. La propia terapia puede influir en el trabajo clínico, y es importante diferenciar entre la vida personal y la profesional para evitar lo que Jung llamó envenenamiento psíquico o la saturación emocional provocada por las sesiones.
La supervisión clínica es diferente de la terapia personal: es un proceso centrado en el cliente, no en el terapeuta. Sin embargo, haber sido paciente puede aumentar la empatía, facilitar la comprensión de emociones no expresadas y mejorar aspectos como la transferencia y la contratransferencia.
- Transferencia y contratransferencia: dinámicas centrales que pueden surgir en la relación terapéutica y que requieren autoconocimiento para gestionarlas adecuadamente.
- El autoconocimiento y la gestión emocional del profesional ayudan a mantener la calidad y la flexibilidad clínica.
- La experiencia de haber recibido terapia puede favorecer la sintonía, la alianza terapéutica y la eficacia del trabajo con los clientes, sin convertir la experiencia en un sesgo nocivo.
Como señalaba Irvin Yalom, la terapia nos permite recorrer nuestros propios “problemas neuróticos”, identificar puntos ciegos y aprender a acoger la retroalimentación. Algunos psicólogos sostienen incluso que la terapia personal debería ser obligatoria antes de ejercer, para garantizar una comprensión profunda de la propia mente y del impacto de la práctica clínica.
¿Qué beneficios aporta la terapia personal a los terapeutas?
La terapia personal es clave para la construcción de la identidad profesional. La experiencia práctica ayuda al crecimiento y a la eficiencia, y a veces resulta más informativa que la teoría. Freud afirmó que quien desee practicar el análisis debe someterse primero a un análisis con una persona competente, de modo que se facilite entender lo que hay en la propia mente y se obtengan percepciones que no se logran sólo con estudio.
La supervisión, por su parte, se centra en el proceso del caso y la relación con el cliente, y no sustituye a la terapia personal. Aun así, haber vivido la experiencia de ser paciente puede favorecer la empatía, la alianza y la comprensión de la transferencia.
- La terapia personal puede mejorar la autoestima, la vida social, la sintomatología y el rendimiento laboral.
- Contribuye a prevenir el agotamiento y la fatiga por compasión, especialmente relevante en las profesiones de ayuda.
- Ayuda a destigmatizar la búsqueda de apoyo, al mostrar que incluso los terapeutas acceden a terapia para crecer.
En la práctica, entre los terapeutas que han participado en terapia personal, se han observado algunos patrones: por ejemplo, un porcentaje significativo reporta depresión, problemas de pareja o de relación, dificultades de autoestima y ansiedad. También se han documentado niveles de desgaste profesional que evidencian la importancia del autocuidado y de un entorno laboral que favorezca el bienestar emocional.
Este reconocimiento ha llevado a promover la autorreflexión y entornos de trabajo que apoyen la salud del equipo clínico, lo que a su vez fortalece la calidad de la relación terapéutica y la seguridad de los usuarios.
Debates, orientación y consideraciones internacionales
Existe debate sobre los posibles efectos adversos de la terapia personal durante la formación y la práctica. Aunque la terapia puede aportar beneficios, algunas investigaciones señalan que la experiencia no siempre es positiva y que puede provocar tensiones o experiencias difíciles para el profesional en formación.
- En algunas investigaciones, cuando se analizan experiencias de psicólogos que han pasado por la terapia, una parte reporta efectos adversos, incluyendo depresión clínica, pensamientos o conductas de riesgo y preocupaciones éticas relacionadas con la confidencialidad. Estos hallazgos subrayan la necesidad de marcos éticos y de apoyo adecuados.
- La orientación teórica parece influir en la probabilidad de buscar terapia: orientaciones psicodinámica y psicoanalítica muestran mayor probabilidad de buscarla, mientras que orientaciones multicultural, conductual y cognitiva presentan tasas más bajas. También hay diferencias según el género.
A nivel internacional, la implementación varía: en varios países europeos se exige un número de horas de terapia personal como requisito para la acreditación o licencia de psicoterapeuta, en contraste con otros lugares donde no es obligatorio. En el ámbito formativo, numerosos estudios destacan que la terapia personal es una experiencia positiva que prepara mejor para la práctica clínica.
Una revisión que abarca múltiples estudios (aproximadamente 17) con más de 8 000 profesionales de la salud mental encontró que la mayoría ha buscado terapia personal al menos una vez en su carrera, reforzando la idea de que la reflexión y el autocuidado son componentes reales de la profesión.
Implicaciones para la formación y la práctica
No se puede dar si uno está vacío. Así como no se puede llenar el vaso de otra persona sin nutrirse uno mismo, el cuidado personal es esencial para que el terapeuta pueda apoyar de forma sostenible, mantener la claridad ética y sostener la alianza terapéutica con sus clientes a lo largo del tiempo.
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Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.