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Preocupación crónica: signos, causas y tratamiento

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Todos nos preocupamos a veces. Cuando la preocupación es crónica, puede indicar un trastorno de salud mental. ¿Sientes que nadas en una ola de preocupación constante y a veces te preguntas si te preocupa más el hecho de preocuparte? Si respondes sí, no estás solo: muchas personas viven con una inquietud persistente que dificulta disfrutar del presente. Hay estrategias útiles para apaciguarlas y recuperar el aliento.

Qué es la preocupación crónica

La preocupación crónica es un patrón de pensamiento ansioso que se mantiene incluso cuando no hay una amenaza directa. La mente se mantiene en el modo “qué pasaría si”, con preocupaciones que persisten durante meses o más y que pueden dificultar la relajación y el disfrute del día a día.

Relación entre la preocupación crónica y los trastornos de salud mental

La preocupación excesiva puede ser un síntoma de un trastorno de salud mental. Entre los más habituales se encuentran:

  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG) — Preocupación excesiva y dificultad para controlarla durante largos periodos, acompañada de otros síntomas como tensión, inquietud o problemas para dormir.
  • Trastorno depresivo mayor (TDM) — Además de la tristeza, pueden aparecer ansiedad y preocupación persistente, cambios en el sueño, energía y ánimo.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) — Pensamientos intrusivos repetitivos y conductas compulsivas para tratar de calmar la preocupación.

Un diagnóstico debe hacerlo un profesional de salud mental tras una evaluación clínica exhaustiva.

Cómo reducir la preocupación crónica

Hábitos saludables

  • Meditación de atención plena — Ayuda a centrar la atención en el presente y a disminuir la rumiación.
  • Ejercicios de respiración profunda — Técnicas para calmar la mente y el cuerpo cuando hay estrés.
  • Ejercicio regular — Mantener la actividad física puede reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo.
  • Yoga — Combina movimiento suave y respiración para calmar el sistema nervioso.
  • Reducción de la cafeína — Puede disminuir la excitabilidad y la intensidad de la ansiedad.
  • Buenas pautas de sueño — Priorizar un sueño regular y de calidad ayuda a gestionar la tensión.

Terapia

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es especialmente eficaz para la ansiedad y la depresión. Ayuda a cuestionar pensamientos y patrones de conducta poco útiles y a desarrollar estrategias de afrontamiento.

Un profesional puede derivarte a un terapeuta o puedes buscar en herramientas como Find a Therapist de la American Psychological Association para encontrar profesionales en tu área.

Grupos de apoyo

Si buscas personas que entiendan por lo que pasas, una terapia de grupo puede ser una opción, presencial u online.

  • La Anxiety and Depression Association of America ofrece un directorio de grupos presenciales y online para empezar a buscar apoyo.

Medicamentos

Si estas estrategias no son suficientes, un médico puede valorar opciones farmacológicas para la ansiedad y/o la depresión. Entre ellas se encuentran:

  • Antidepresivos como inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (ISRN).
  • Medicamentos ansiolíticos como benzodiacepinas y buspirona.

La medicación suele requerir varias semanas para mostrar efecto y, a veces, es necesario ajustar la dosis; un profesional supervisará el proceso.

Qué esperar del tratamiento y el apoyo

Con una combinación de hábitos saludables, apoyo terapéutico y, si es necesario, medicación, es posible reducir la preocupación y vivir más plenamente en el presente.

Vídeo sobre Preocupación crónica: signos, causas y tratamiento

Autor

Autora Isabel Arroyo Isabel Arroyo Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal. En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.