¿Puede la COVID-19 provocar pérdida de memoria?
Investigaciones recientes apuntan a una posible relación entre el COVID prolongado y la pérdida de memoria. Mientras al inicio de la pandemia la prioridad era detener la transmisión y salvar vidas, ahora se exploran los efectos a largo plazo. Este artículo resume qué sabemos sobre memoria y otras secuelas, qué señales observar y cómo manejar la información de forma responsable.
¿Puede el COVID-19 afectar la memoria?
La memoria puede verse afectada a largo plazo tras la infección. El término “COVID prolongado” describe síntomas que persisten durante meses, entre ellos problemas de memoria y deterioro cognitivo. A continuación se resumen los hallazgos principales, los cambios observados en el cerebro y las implicaciones para la vida diaria.
Estudios y hallazgos clave
- Un estudio de 2021 en Noruega encontró que, ocho meses después de la infección, hasta un 11% de las personas que habían dado positivo reportaban problemas de memoria, frente a 4% de las personas que dieron negativo.
- La delirium (confusión aguda) fue común en ingresados por COVID-19: alrededor del 65% de quienes fueron hospitalizados mostraron confusión aguda en algún momento (según un estudio de 2020).
- Entre adultos mayores que acudieron a urgencias con COVID-19, hasta un 28% tuvo delirium, y las personas con demencia tienen mayor probabilidad de contraer el virus.
Relación entre casos graves y memoria
En general, la memoria puede verse más afectada tras casos graves de COVID-19 y la incidencia de delirium puede extenderse más allá de la hospitalización. Estudios previos sugieren que delirio frecuente se asocia a peores resultados cognitivos.
¿Qué cambios en el cerebro se han observado?
Las investigaciones por imágenes cerebrales ofrecen indicios sobre cómo podría afectar el COVID-19 al cerebro. En un estudio de 2021, se compararon escáneres pre‑pandemia y repetidos de 785 personas, de las cuales 401 habían dado positivo para SARS‑CoV‑2 antes de la segunda exploración. Se encontraron varias alteraciones:
- Disminución del grosor y contraste de la sustancia gris en dos áreas cerebrales.
- Marcadores de daño tisular en múltiples regiones.
- Reducción de medidas globales del tamaño cerebral.
Además de estos cambios, los participantes con infección mostraron declive cognitivo en pruebas. Los investigadores consideran que podrían ocurrir por dos vías:
- Inflamación cerebral tras una infección viral.
- Neurotropismo viral (entrada del virus en nervios).
Una teoría adicional sugiere que el SARS‑CoV‑2 podría entrar al cerebro a través de la mucosa olfatoria, la zona de la nariz que contiene receptores olfativos. Otra investigación de 2020 sugiere que el virus podría llegar directamente al cerebro por vía nasal y seguir estructuras hacia la región del tronco encefálico, implicada en la respiración y la frecuencia cardíaca. En un estudio de 2020 con 29 personas recuperadas y 29 controles sanos, la inflamación cerebral se asoció a deterioro cognitivo persistente.
Más efectos a largo plazo
La pérdida de memoria no es el único síntoma de larga duración asociado al COVID-19. Un estudio en Ginebra en 2021 evaluó a personas que se recuperaban de la infección y, a los 7–9 meses, un porcentaje significativo seguía experimentando síntomas como:
- Fatiga (20,7%)
- Pérdida del gusto u olfato (16,8%)
- Disnea o dificultad para respirar (11,7%)
- Dolor de cabeza (10%)
Es relevante señalar que los participantes de este estudio eran jóvenes y, en general, sanos. Un artículo de 2021 sugiere que la tos asociada al long COVID podría tener componentes neurológicos. Se proponen tres factores en los nervios sensoriales vagales que podrían generar hipersensibilidad para la tos: neurotropismo, neuroinflamación y neuroinmunomodulación.
¿La memoria podría verse afectada por la vacuna contra la COVID-19?
Actualmente no hay evidencia de que la pérdida de memoria sea un efecto secundario de la vacuna frente a SARS‑CoV‑2. La vacunación reduce la probabilidad de hospitalización y de resultados graves. Los efectos secundarios suelen ser leves, como dolor en el sitio de la inyección, fiebre baja, fatiga o dolor muscular. En casos muy raros pueden ocurrir efectos secundarios neurológicos, pero son mucho menos frecuentes que los efectos de la infección.
Qué hacer para afrontar cambios de memoria
Vivir con cambios de memoria asociados al long COVID puede resultar desafiante, pero existen estrategias que pueden ayudar a manejarlo. Considera estas ideas para favorecer la memoria:
- Realizar ejercicio de forma regular para favorecer el flujo sanguíneo cerebral.
- Priorizar un sueño de calidad con horarios constantes.
- Seguir una dieta rica en nutrientes y mantener una buena hidratación.
- Organizar el hogar y las pertenencias para reducir distracciones.
- Utilizar herramientas como apps, listas y alarmas para ayudar a las tareas diarias.
- Mantener contacto con familiares y amigos.
- Mantener la actividad mental a través de lecturas, juegos o aprendizajes nuevos.
Resumen y consideraciones clave
- El COVID-19 puede provocar síntomas que duran meses y, en algunos casos, afectar la función cognitiva y la memoria.
- Los cambios en el cerebro y la memoria pueden estar asociados a inflamación, neurotropismo y otros procesos neurobiológicos; aún no está claro si estos cambios persistirán.
- La vacuna contra la COVID-19 no ha mostrado relación con la memoria como efecto secundario significativo y protege frente a casos graves de la enfermedad.
- Adoptar hábitos de vida saludables y activar la mente pueden ayudar a sobrellevar estos cambios mientras se obtiene más evidencia.
Vídeo sobre ¿Puede la COVID-19 provocar pérdida de memoria?
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.