¿Pueden las personas cambiar? Cuándo, cómo y por qué (o por qué no)
Las personas pueden cambiar, pero no siempre: la posibilidad depende de la autoconciencia, la voluntad y, a menudo, del contexto en el que se mueven. La personalidad surge de una interacción dinámica entre nuestras relaciones, nuestro temperamento y los entornos. Este artículo explora qué implica cambiar, cómo se forman actitudes, hábitos y rasgos, y qué factores facilitan o dificultan ese proceso.
¿Puede una persona cambiar?
Sí, puede cambiar, pero no sin cumplir ciertos requisitos: autoconciencia, voluntad y, a veces, apoyo externo y manejo del entorno. Aunque existen excepciones, la evidencia sugiere que la interacción entre nuestras relaciones, nuestro temperamento y los entornos condiciona la posibilidad de cambiar y de adaptarse a nuevas formas de pensar y actuar.
¿Puede la gente cambiar sus actitudes?
La actitud se define como una evaluación relativamente duradera y general de un objeto, persona, grupo, tema o concepto, según la American Psychological Association (APA). Surge de nuestras creencias, emociones, experiencias pasadas y comportamientos. Es posible modificar la actitud cuando entendemos cómo se forma y cómo influye en nuestra vida. A veces está ligada a dolor emocional o a experiencias traumáticas, lo que puede activar respuestas defensivas ante disparadores o eventos que activan el dolor.
Vivir con trauma, por ejemplo, puede conducir a una actitud defensiva y afectar cómo respondemos ante ciertos desafíos. “Las personas que experimentan esto pueden desear cambiar”, afirma Jeffrey McQueen, director ejecutivo de la Asociación de Salud Mental del condado de Nassau y consejero autorizado en dependencia química. “Pero no es inusual que alguien que vivió un trauma prefiera respuestas que han salvado su vida y le han permitido sentirse seguro”.
La terapia puede ayudar a resolver desafíos emocionales y de salud mental, y esto podría facilitar un cambio de actitud.
¿Puede la gente cambiar sus hábitos?
Sí, puedes cambiar tus hábitos, tanto negativos como positivos. De hecho, a medida que envejeces, enfrentas nuevos retos o te introduces en nuevas rutinas, tus hábitos pueden tender a cambiar para adaptarte a las nuevas circunstancias.
Sin embargo, existe una distinción entre hábitos y comportamientos. En general, el comportamiento es una acción observable que responde a influencias internas o externas. Los hábitos son conductas que has repetido tantas veces que se vuelven automáticas y ya no requieren tu intención o pensamiento consciente para ejecutarlas. Por ejemplo, dejar las llaves en la consola o encender un cigarrillo cuando la ansiedad aparece.
Las personas pueden cambiar hábitos al volverse conscientes de ellos y modificar ese comportamiento deliberadamente varias veces hasta que el nuevo hábito se vuelva automático. Algunos hábitos pueden requerir explorar su causa raíz; si un hábito está asociado a la ansiedad, conviene trabajar primero en disminuir esa ansiedad.
Antes de intentar cambiar lo que crees que es un mal hábito, es importante entender por qué lo haces. Esto ayuda a sostener el cambio. “La mayoría de las personas identificarían fumar como un mal hábito”, explica McQueen. “Una persona con ansiedad o trastorno bipolar que utiliza fumar para calmar y anclarse puede verlo más como una herramienta de afrontamiento que como un mal hábito”.
Adquirir esta comprensión puede ayudar a cambiar un hábito que te está dañando, como fumar, y reemplazarlo por habilidades de afrontamiento más eficaces.
¿Puede la gente cambiar sus rasgos de personalidad?
«Sí, las personas pueden cambiar, pero no es tan simple», afirma Misty Smith, consejera clínica licenciada en Michigan. Los rasgos de personalidad no son estáticos y pueden cambiar con la edad y el tiempo. Sin embargo, los rasgos centrales tienden a ser estables y persistentes. Los rasgos de personalidad son patrones característicos de conductas, pensamientos y emociones. Por ejemplo, la persistencia, la generosidad y la honestidad son rasgos de personalidad. Existen en un espectro; puedes ser más o menos persistente que otra persona, incluso compartiendo ese rasgo.
«Las personas evolucionan y cambian con el tiempo», añade Smith. «Nuestros intereses y nuestra visión del mundo cambian. Nuestras experiencias modifican quiénes somos y cómo interiorizamos e interpretamos el mundo». Por ello, puedes ser una persona generosa y, con el tiempo, volverte menos generoso con ciertas personas o en determinados escenarios. Los rasgos centrales, sin embargo, pueden ser menos propensos a cambios voluntarios. En el modelo conocido como Big Five se destacan: extraversión, amabilidad, apertura, responsabilidad y neuroticismo. Estos rasgos existen en un continuo, y no es fácil pasar de ser introvertido a extrovertido, por ejemplo.
¿Pueden cambiar conductas dañinas?
Sí, las conductas dañinas pueden cambiar, pero es necesario asumir responsabilidad por ellas y estar convencidos de que se desean cambiar. Conductas como mentir, engañar, desestimar o controlar suelen ser hábitos que se convierten en patrones de comportamiento perjudiciales. También pueden estar relacionadas con problemas de salud mental, lo que dificulta el cambio. Investigaciones de 2020 señalan que la personalidad puede estar moldeada por la interacción de múltiples fuentes, desde genes hasta acontecimientos y relaciones sociales, y que el desarrollo no es lineal, ni el cambio, necesariamente, lo es. Aunque estas conductas dañinas pueden haber comenzado como mecanismos de supervivencia o afrontamiento en la infancia, influencias positivas y relaciones cercanas, como la amistad y la familia, pueden aumentar la probabilidad de cambio de esas conductas.
«Nadie nace con un modo de actuar fijo», afirmó McQueen. «El comportamiento se aprende, y también se puede desaprender. Esto implica que el cambio es más que posible; es incluso probable». Cuando una conducta dañina está vinculada a una condición de salud mental, puede requerirse apoyo profesional para cambiar. En algunos casos, dependiendo de la condición, el cambio puede no ser probable. Por ejemplo, alguien con trastorno de personalidad narcisista (TPN) puede carecer de la visión necesaria para identificar conductas problemáticas o la motivación para cambiar, y puede ser menos propenso a buscar apoyo y recursos cuando esas conductas afectan su vida.
Qué hace que una persona cambie
«Las personas adoptan conductas que les sirven para un propósito», señala Smith. «Adoptamos conductas que nos aportan algo». Ileana Arganda-Stevens, terapeuta matrimonial y familiar licenciada en California, señala que la capacidad de cambio crece cuando se combinan seis aspectos vitales:
- Motivación
- Apoyo
- Determinación
- Consistencia
- Autoconciencia
- Autocompasión
Contar con algunos o todos estos elementos facilita cambiar conductas, actitudes o rasgos. Cuando empezamos a tratarnos con mayor autocompasión, la rigidez se ablanda y nos volvemos más flexibles y receptivos a probar cosas nuevas y a realizar cambios significativos en nuestras vidas. La motivación, ya mencionada, también es clave: comprender qué nos impulsa a cambiar puede sostener el proceso, ya sea por motivos relacionales, laborales o familiares.
Puntos clave para entender el cambio
Las personas pueden cambiar cuando son conscientes de sí mismas, reciben apoyo y actúan de forma intencional para comportarse de manera diferente. Aunque el cambio es posible, lleva tiempo y puede resultar desafiante, especialmente si se convive con una condición de salud mental con síntomas a lo largo de la vida que afecten la actitud, los hábitos y las conductas.
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Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.