Todos somos intrínsecamente valiosos: Cómo "probarse" la valía
Cuando no se siente merecedor, puede surgir depresión, autocastigo y una falta de confianza para avanzar en la vida. Estas sensaciones suelen tener raíces en experiencias tempranas, como el trato de los padres o cuidadores, que hizo creer que no se era digno. A lo largo del artículo exploramos las causas, cómo replantear la valía inherente y estrategias prácticas para cultivar una autoestima más saludable.
Comprender la desvalía y su impacto
Orígenes posibles: infancia y el trato de los cuidadores
- Durante los años formativos, el trato de los padres o cuidadores puede hacer creer que no se es digno de ser amado.
- Como resultado, puede desarrollarse la idea de que hay algo malo en uno mismo, sin entender que el trato indiferente de los otros suele reflejar más la felicidad o las limitaciones emocionales de la persona que cuida, que la valía propia.
El mito de “ganarse” la valía
- Muchos creen erróneamente que la valía depende de cumplir ciertas expectativas externas, como la apariencia física, el éxito profesional o el estatus económico.
- Pensar que la valía se logra al satisfacer esas metas puede hacer creer que la inseguridad te impulsará a ser la persona que deseas ser.
La comparación con otros
- Siempre habrá personas más talentosas, exitosas, ricas o atractivas; al compararnos, nos quedamos sintiendo insuficientes y no merecedores.
La creencia de valía intrínseca
La buena noticia es que todos tenemos valía, y esto se apoya en una creencia cuáquera de que cada ser humano tiene un valor y una “luz interior” que no se apaga. Esa luz es la fuente de nuestras cualidades, como la amabilidad y la buena voluntad, y nos ayuda a mantener el ánimo en los momentos difíciles.
“Eres inherentemente digno y merecedor de ser amado, independientemente de cómo te hayan tratado los demás, de tus imperfecciones o de los errores que hayas cometido.”
Cuando trabajo con personas que sufren de baja autoestima y la infelicidad que genera, les miro a los ojos y les digo sin rodeos: “Eres inherentemente digno y merecedor de ser amado, independientemente de cómo te hayan tratado los demás, de tus imperfecciones o de los errores que hayas cometido.”
Recuerdo la respuesta de una joven que había vivido bajo una “nube negra” de depresión y baja valía. Me miró con esperanza y, entre lágrimas, susurró: “Quiero creerlo.”
Prueba de valía: una aproximación práctica
Luego suelo animar a mis clientes a “probar” la creencia de que son valiosos hasta nuestra próxima sesión. Aunque rara vez llegan llenos de amor propio, suelen reportar al menos un alivio de la infelicidad. Es como si hubiesen pasado mucho tiempo en una habitación oscura y la puerta de su valía hubiese emergido con un rayo de luz.
Nuestra labor se centra entonces en cómo abrir esa puerta con un mejor cuidado de sí mismos.
Cómo empezar a cultivar la valía en la vida diaria
- Hablarse con amabilidad y cuidado
- Eliminar la autocrítica interna
- Hacerse cargo de la autoaceptación y, si es posible, del autoamor
- Apreciar las cualidades positivas propias
- Cuidarse de forma adecuada
- Perdonarse por errores pasados
- Eliminar la culpa y la vergüenza
- Terminar relaciones tóxicas
- Tratarse con autocompasión
Un camino hacia la serenidad y el bienestar
A medida que se sustituyen las cadenas de la insuficiencia por una sensación duradera de valía, se experimenta una ligereza de espíritu que impregna todo el ser, bañándolo de felicidad y serenidad. También se obtiene más energía para afrontar los retos y crecer hacia la mejor versión de uno mismo.
Finalmente, se siente una abundancia de buena voluntad que se puede compartir con los demás, contribuyendo a crear un mundo mejor.
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Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.