Trastorno por uso de alcohol: Todo lo que necesitas saber
El trastorno por uso de alcohol es una dificultad para detener o gestionar el consumo, incluso cuando ello afecta la vida diaria. Puede afectar relaciones, trabajo y la salud física y mental. Se presenta en grados leves, moderados o severos y, afortunadamente, existen recursos y tratamientos disponibles. Este artículo explica qué es, cómo se detecta, qué factores influyen y qué opciones de tratamiento existen.
El trastorno por uso de alcohol es un trastorno complejo que afecta varios sistemas cerebrales, entre ellos el sistema dopaminérgico mesolímbico, y puede manifestarse de forma diversa. A veces se denomina abuso, adicción o dependencia, pero hoy se utiliza preferentemente el término trastorno por uso de alcohol. En este artículo usamos términos en un lenguaje claro y respetuoso, reconociendo que la identidad de cada persona es única.
Qué es el trastorno por uso de alcohol
El trastorno por uso de alcohol es un trastorno complejo que afecta varios sistemas cerebrales, incluido el sistema dopaminérgico mesolímbico, y puede manifestarse de forma leve, moderada o severa. A veces se ha llamado abuso de alcohol, adicción o dependencia, pero el término actual preferido es trastorno por uso de alcohol.
Síntomas y criterios
Diagnóstico
Los profesionales de la salud utilizan criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición (DSM-5). Si cumples dos de los once criterios en el último año, un profesional puede diagnosticarte trastorno por uso de alcohol, según la NIAAA:
- Beber más o durante más tiempo de lo que pretendías en algunas ocasiones.
- Intentos de reducir el consumo en varias ocasiones sin éxito.
- El consumo ocupa mucho tiempo o se ha pasado mucho tiempo recuperándose de sus efectos.
- Desear beber de forma persistente y distractora.
- El consumo o las resacas afectan obligaciones en casa, con la familia, en el trabajo o en la escuela.
- El consumo ha afectado las relaciones con familiares o amigos.
- Se han evitado otras actividades importantes o placenteras para beber.
- Se han realizado conductas de alto riesgo mientras se bebía que aumentan las posibilidades de daño (conducción, natación o relaciones sexuales sin protección, por ejemplo).
- El consumo ha afectado la salud o ha contribuido a depresión, ansiedad o pérdidas de memoria.
- Beber más en una sesión para obtener el mismo efecto que antes (tolerancia aumentada).
- Presentar síntomas de abstinencia cuando desaparece el efecto del alcohol (dificultad para dormir, inquietud, temblores, náuseas, palpitaciones, sudoración o convulsiones; pueden ocurrir alucinaciones).
La cantidad de criterios que se cumplen determina la severidad: Leve (2–3 criterios), Moderado (4–5 criterios) o Severo (6 o más criterios).
Cómo se define la severidad
La clasificación de severidad se basa en cuántos criterios de riesgo se cumplen en la última año. Esto guía, junto con la evaluación clínica, las opciones de tratamiento y el seguimiento.
Factores de riesgo y causas
Factores ambientales, sociales, biológicos y genéticos pueden influir en el desarrollo del trastorno por uso de alcohol. Entre ellos se destacan:
- Consumo excesivo de alcohol, incluido el consumo en atracones o de alto volumen.
- Historia familiar de trastorno por uso de alcohol.
- Experiencias de trauma durante la infancia.
- Coincidencia con condiciones de salud mental (depresión, trastorno de estrés postraumático, etc.) o trastornos del neurodesarrollo (como el TDAH).
- Comienzo del consumo antes de los 15 años; factor de riesgo especialmente significativo para mujeres.
Cuándo buscar ayuda
Reconocer que hay un problema puede ser muy difícil, especialmente porque el consumo de alcohol suele formar parte de estrategias de afrontamiento complejas. Las barreras para la recuperación incluyen negación, estigma social y falta de apoyo —factors que pueden dificultar pedir ayuda.
Señales de alerta
- Necesitar una bebida por la mañana para aliviar la resaca.
- Preocupación de amigos o familiares por tu consumo.
- Molestia o irritabilidad ante críticas o comentarios sobre tus hábitos.
Cómo buscar ayuda
Primeros pasos
- Confiar en un amigo de confianza y contar con su apoyo.
- Consultar a un médico de atención primaria o a un profesional de salud mental.
- Consultar guías oficiales para encontrar opciones de ayuda adecuadas.
- Llamar a la SAMHSA National Helpline al 1-800-662-HELP (4357), una línea gratuita para personas y familias que enfrentan trastornos de salud mental o de uso de sustancias.
Tratamientos
Medicamentos
Existen fármacos que pueden ayudar en la recuperación, ya sea para dejar de beber o para reducir la ingesta y prevenir recaídas. Según la NIAAA, la FDA ha aprobado estos tratamientos (no son adictivos):
- Naltrexona (oral o en inyección de acción prolongada).
- Acamprosato.
- Disulfiram.
pueden prescribirse opciones no aprobadas por la FDA, como:
- Gabapentina.
- Topiramato.
Terapia conductual
Una terapia individual con un profesional especializado, conocida como consejería sobre alcohol, es un tratamiento psicosocial clave. El terapeuta puede ser un psicólogo, consejero o especialista en alcohol; médicos de atención primaria y psiquiatras también pueden ofrecer tratamiento conductual y prescribir medicación.
En las sesiones se trabajan causas subyacentes, se aprenden técnicas de afrontamiento y se desarrollan habilidades para prevenir recaídas. Enfoques habituales:
- Terapia cognitivo-conductual.
- Terapia de mejora motivacional.
- Consejería conyugal y familiar.
- Intervenciones breves.
Grupos de apoyo
Existen opciones de bajo costo o gratuitas, ya sean presenciales u on-line. Programas como Alcohólicos Anónimos u otros con formato de 12 pasos ofrecen apoyo entre pares. Tu profesional de salud puede recomendarte grupos, o puedes buscarlos en los recursos al final de este artículo.
Gestión de la retirada
Durante la retirada del alcohol pueden presentarse síntomas como náuseas, sudor, inquietud, temblores, alucinaciones o convulsiones. Dejar de beber “de golpe” puede ser peligroso, especialmente tras un consumo prolongado; puede provocar convulsiones graves o potencialmente mortales. Si estás contemplando dejar de beber, consulta a un profesional para planificar un cese seguro y considerar medicación que alivie la retirada.
Quien debe evitar el alcohol
La NIAAA recomienda evitar el consumo en determinadas situaciones, como conducir o manejar maquinaria, tomar ciertos fármacos, vivir con ciertas condiciones médicas, tener dificultad para controlar la cantidad consumida o estar embarazada o tratando de quedar embarazada.
Recuperación y próximos pasos
Volver a beber tras periodos de abstinencia es posible, pero puede ser complejo: el trastorno provoca cambios en el cerebro que dificultan dejar de beber. Si hay trastorno por uso de alcohol, puede ser desalentador retomar el consumo; sin embargo, la recuperación es posible. Hablar con un amigo de confianza es un primer paso útil. Evidencia reciente sugiere que la medicación, combinada con consejería y grupos de apoyo, aumenta las probabilidades de mantener la abstinencia. Un profesional puede ayudar a diseñar un plan y enseñar habilidades para prevenir recaídas.
La recuperación es un proceso continuo y es normal experimentar reveses. Lo importante es continuar avanzando hacia la recuperación.
Próximos pasos
Si tú o alguien cercano podría tener trastorno por uso de alcohol, considera estas acciones: informarte con guías oficiales, buscar opciones de tratamiento en tu comunidad y ponerte en contacto con la SAMHSA National Helpline. Es gratuita, confidencial y está disponible en inglés y español, y siempre está abierta.
Vídeo sobre Trastorno por uso de alcohol: Todo lo que necesitas saber
Bibliografía
Autor
Isaac Andrade
Isaac Andrade es divulgador en psicología y bienestar.
Su trabajo se centra en hacer comprensible la mente humana y ofrecer herramientas para mejorar la salud emocional.