Un secreto sucio: ayuda para los hijos de acumuladores compulsivos
Crecer con una madre que coleccionaba de todo dejó a Amanda rodeada de objetos y desorden en cada rincón. Periodistas y facturas apiladas, periódicos en el baño y una cocina casi inutilizable. Como muchos hijos de acumuladores, Amanda ocultó el problema y evitó que los amigos la visitaran. Años después, su experiencia resuena con otros y ella busca entender el impacto emocional que le dejó.
Una infancia marcada por el desorden: la experiencia de Amanda
En la casa materna, la acumulación era la norma: zapatos, cupones y otros objetos ocupaban espacios hasta convertir la vida diaria en un reto. La sensación de vergüenza y el miedo a ser juzgada por los demás hacían que Amanda no comentara lo sucedido y que evitara que alguien entrara a su casa. El miedo al timbre era constante: la “doorbell dread” se volvía una ansiedad cotidiana.
Con el tiempo, Amanda logró ordenar la casa de su madre y ayudarla a instalarse en una comunidad de retiro. Aunque el desorden ha mejorado bastante, ella sigue sintiendo la necesidad de entrar una vez al mes para comprobar que no se acumulen cajas en el pasillo y que la bañera no acumule periódicos ni ropa.
Impacto emocional en los hijos de acumuladores
Esta persona, hija de un acumulador, está ahora tomando conciencia del profundo efecto que el trastorno de su madre ha dejado en ella. Al leer Dirty Secret: A Daughter Comes Clean About Her Mother’s Compulsive Hoarding de Jessie Sholl, se reconoció en gran parte de la historia y encontró alivio al saber que alguien más entiende su drama infantil y los miedos que aún enfrenta.
El artículo de Steven Kurutz en el New York Times sobre la carga que dejan los acumuladores a sus hijos y el camino de estos hacia una relación “normal” con las cosas también resultó fascinante. Mucho de lo que vivieron sus amigos y conocidos, hijos de acumuladores, recordaba a sus propias experiencias de infancia: inconsistencia, vergüenza, confusión y la energía invertida en ocultar pruebas ante los amigos.
Sin embargo, a diferencia de los hijos de alcohólicos, los hijos de acumuladores no siempre tienen un lugar claro para buscar apoyo. Existen varios grupos y blogs en línea dedicados a ellos; por ejemplo, se menciona un foro llamado “Children of Hoarders” y otros grupos para hijos varones o para hijas. No obstante, fue recién en los últimos dos años cuando los medios comenzaron a cubrir con mayor atención este trastorno.
Recursos y visibilidad mediática
- Foros y comunidades en línea dedicados a hijos de acumuladores, como el mencionado “Children of Hoarders”.
- Programas de televisión que acercan el tema, como Hoarding: Buried Alive (TLC) y Hoarders (A&E).
- Columnistas y reportajes, entre ellos Melinda Beck en el Wall Street Journal, que exploraron tanto cómo ayudar a las personas con acumulación como los retos que enfrentan sus hijos.
- Writings y entrevistas que buscan orientar a familiares y amigos sobre maneras de apoyar sin presionar a la persona acumuladora.
Una conversación con Beck, a la que se accedió para recoger ideas sobre qué pueden hacer las familias, dejó claro que no existen soluciones fáciles. Muchos expertos proponen un enfoque de “reducción de daños” para asegurar que la vivienda siga siendo habitable y que haya un paso al que la persona pueda acceder, con la posibilidad de desechar algunas cosas para avanzar.
Estrategias para afrontar el trastorno: enfoques y límites útiles
La idea central es abordar el problema de forma realista y gradual. Como señaló Beck, crear un entorno más seguro puede ser un primer paso que redunde en confianza y disposición para avanzar. Entre las estrategias discutidas se destacan:
- Reducción de daños: garantizar que las áreas clave sean utilizables (p. ej., que no bloqueen un calentador y que exista un camino despejado a la puerta y al baño).
- Intentar limpiar solo una habitación y evaluar el impacto emocional y práctico de ese cambio.
- Trabajar en las cuestiones emocionales subyacentes que alimentan el desorden, ya sea a través de terapia u otros apoyos, para que el proceso tenga sentido personal.
- Crear “santuarios” o cajas de recuerdos para preservar lo importante sin aferrarse a objetos innecesarios, especialmente si hay duelo o pérdidas sin resolver.
- Reconocer que los antidepresivos pueden jugar un papel para aliviar el dolor subyacente y facilitar que la persona vea que el desorden no cumple una función deseada.
- Buscar actividades significativas para llenar vacíos emocionales, como trabajos voluntarios o proyectos con sentido.
- Si se ha decidido un cambio de entorno, entender que un traslado puede ayudar a romper patrones, al menos temporalmente, para reducir el riesgo de recaída.
Como mensaje general para quienes acompañan a alguien con acumulación, la meta es acompañar sin forzar, respetando el ritmo de cada persona y priorizando la seguridad y el bienestar emocional. El objetivo es acompañar a la persona para que pueda gestionar su historia y sus emociones sin que el entorno se convierta en una trampa de sufrimiento.
Un mensaje para los hijos de acumuladores
Si te sientes abrumado por la disfunción que viste durante tu infancia, recuerda que no estás solo, incluso cuando parece que la situación te sobrepasa. Cuídate a ti mismo, porque no podrás cuidar de nadie hasta atención a tus propias necesidades. Este reconocimiento y cuidado personal pueden abrir la puerta a relaciones más sanas con las cosas y con las personas que te rodean.
Vídeo sobre Un secreto sucio: ayuda para los hijos de acumuladores compulsivos
Autor
Isabel Arroyo
Isabel Arroyo es redactora especializada en bienestar emocional y desarrollo personal.
En el blog de PsicologíaVera comparte contenidos inspiradores sobre crecimiento y equilibrio psicológico.